
Ofreciendo una vez más otra cara de su voluble personalidad, el presidente argentino reprochó a los Estados Unidos por la ausencia de Cuba, Nicaragua y Venezuela en la próxima Cumbre de las Américas y puso en duda la presencia de la Argentina en la reunión.
Lo hizo tras reunirse con el ex senador Christopher Dodd, enviado especial del presidente Joe Biden para la reunión hemisférica, a realizarse la segunda semana de junio en Los Ángeles. El viaje de Dodd tuvo como propósito transmitir el interés de la Casa Blanca por confirmar la presencia del mandatario argentino en la cumbre.
Pero el presidente argentino volvió a hacer gala de su falta de sentido de la oportunidad. Y en vez de procurar intensificar las relaciones con la que sigue siendo la principal potencia de la tierra, optó por criticar a su interlocutor. Acaso creyendo que preside un gobierno capaz de darle consejos a alguien.
Envuelto en una imaginaria bandera izquierdista, sostuvo que Estados Unidos tuvo una política “muy difícil” para Latinoamérica durante la Administración Trump y cuestionó que con la llegada de Joe Biden “la situación no ha cambiado”. El mandatario criticó: “Es una vergüenza que Estados Unidos mantengan el bloqueo sobre Cuba y Venezuela”.
En rigor ninguno de esos países está bloqueado. Ese extremo supone aplicarle a un Estado una política de aislamiento económico completa lo que suele ocurrir en casos de guerras o cuando un Estado agrede la soberanía de otro poniendo en riesgo la paz y la seguridad internacional. Los embargos, por el contrario, implican restricciones al comercio exterior pero que no implican una limitación total a la economía de ese estado con respecto al resto del mundo sino con relación a la del estado que impone la medida.
Desde comienzos de los años 60, los Estados Unidos mantienen un embargo económico contra Cuba. Una medida aplicada en tiempos del presidente John F. Kennedy en respuesta a las acciones del gobierno revolucionario cubano contra ciudadanos y empresas norteamericanas en la isla. Pero Cuba ha comerciado libremente con otras importantes naciones y ha recibido inversiones (de España, etc) en forma libre, una prueba de que allí no existe un bloqueo sino un embargo. Lo mismo sucede con Venezuela que ha mantenido relaciones comerciales con infinidad de naciones.
Cuba y Venezuela son dos fracasos gigantescos como responsabilidad de las acciones que sus dictaduras han adoptado. Y básicamente como consecuencia de haber aplicado recetas económicas socialistas fracasadas aquí y allá. Modelos perimidos que el gobierno argentino insiste en replicar. Los que han destruido la vida de sus poblaciones, verdaderas víctimas de tiranos admirados por el kirchnerismo como los Castro-Díaz Canel y los Chávez-Maduro.
Mientras tanto, el gobierno argentino en vez de cumplir con los compromisos que en el ámbito hemisférico hemos suscrito de promoción y defensa de la democracia, se dedica a actuar como abogado de las tiranías de la región. Tal como se han conducido sus máximos representantes en la Organización de Estados Americanos (OEA) y otros foros regionales. Y ha empleado la titularidad de la CELAC para encubrir a los gobiernos no democráticos de las Américas.
En 1990 solamente una de nuestras naciones permanecía en manos de una dictadura. Hoy hay al menos tres. Y al menos otros dos países de la región tienen gobiernos que parecen deslizarse hacia formas autoritarias peligrosamente.
Es esa la realidad en nuestra región y no la constituida por bloqueos imaginarios de los que habla el presidente argentino. Aquello que parece verdaderamente bloqueado es su capacidad para advertir que estamos en presencia de un hemisferio dividido entre quienes promueven la democracia y los derechos humanos y quienes defienden y amparan dictaduras y tiranías.
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