
En cada curso de Economía que doy siempre discutimos sobre ¿Qué es el dinero? Una frase que me agrada dice: “El dinero es lo que el dinero hace”. Esto significa que es definido por sus funciones, las cuales se pueden encontrar en la mayoría de los libros de la materia:
1) Medio de pago: es el medio de cambio generalmente aceptado por la sociedad para la realización de transacciones y la cancelación de deudas y, por lo tanto, evitar el trueque;
2) Unidad de cuenta: se refiere a que es un patrón que permite comparar el valor relativo de los bienes en la economía, es decir es un denominador común y, por lo tanto, permite sumar, restar y comparar el valor de bienes y/o servicios entre sí; y
3) Reserva de valor: posibilita el almacenamiento de su capacidad de compra. Es un activo. Dentro del sistema capitalista es el fruto de nuestra capacitación, nuestro esfuerzo y nuestro trabajo.
La pregunta que muchos economistas nos hacemos es: ¿Cuenta Argentina con una moneda nacional que pueda ser considerada “dinero”? ¿cumple el Peso argentino todas funciones arriba mencionadas? Claramente, no.
Si bien nadie niega que aún utilizamos los pesos como medio de pago y para medir el valor de los bienes (o la mayoría), esto no siempre es así. Simplemente pensemos en el precio de las propiedades, las cuales están expresadas en dólares o el de algunos autos 0 km. Estas dos funciones que parecieran obvias, no lo son al 100%. ¿Quién piensa en pesos argentinos por ejemplo para comprar una propiedad? ¿Cuántos salarios mínimos necesita un argentino para comprarse una propiedad? No le alcanza la vida. La inflación generada por los políticos ha destruido, entre otros, este anhelo.
Quizás lo más grave y evidente es que el peso argentino ya no sirve para preservar el valor de los ahorros, y en última instancia hablamos de no poder preservar el valor de nuestro trabajo y nuestro esfuerzo. La persistente y elevada inflación de la que tanto se ha escrito ha simplemente aniquilado esta vital función de la moneda.
El Presidente ha hablado de este flagelo, cuándo es hace décadas el gran mal argentino. No tengo dudas al afirmar que el problema inflacionario en la Argentina de los últimos 20 años se ha originado con el primer kirchnerismo, y se ha agudizado en todos los gobiernos siguientes.

Claramente se ve en la tabla como a partir del 2007 empezamos a tener tasas de inflación muy elevadas, superiores al 20%, acompañadas luego por mentiras e intervenciones del Indec. A partir de esos años fue imposible parar con la inercia del aumento del ritmo general de los precios, hasta llegar a las desorbitantes tasas del 2021 y 2022 (proyectada). Mismas recetas económicas han resultado en mismos resultados: más inflación, más pobreza y más indigencia. Campo fértil para la intervención estatal a través del gasto social: incremento de ayudas y planes financiados con más impuestos y emisión monetaria, que genera más inflación.
Y el círculo vicioso parece no tener fin. Lo que muchos ven como una victoria o una oportunidad, yo lo veo como un fracaso. Esto no se soluciona con terapia de grupo, se soluciona como lo han solucionado otros países: con orden fiscal, una reforma tributaria y del Estado; un Poder Judicial que condene a los políticos corruptos; y un Banco Central independiente, no a merced de los caprichos electorales de los políticos.
Digamos las cosas como son: los políticos son de los pocos beneficiados de este sistema inflacionario y generador de pobreza que hoy en día impera en la Argentina. Y lo hacen hace décadas muchos de ellos. ¿Por qué entonces quisieran solucionar las cosas?

Como afirma el economista Diego Giacomini, los políticos argentinos han hecho del peso argentino un “papel pintado”. La elevada emisión monetaria que se produce en Argentina principalmente desde 2003 hasta la fecha, a tono con el respectivo déficit fiscal, ha generado las tasas de inflación con las que nos mal acostumbramos a vivir. A pesar de que los resultados de estas políticas están a la vista parece que los políticos de turno no desean cambiar el rumbo, sin importarles las consecuencias que esto ha traído.
Venezuela atravesó una situación similar a la nuestra y hace décadas se convirtió en un país inviable, donde la única salida de la gente es emigrar. El sistema monetario venezolano cayó, la economía esta dolarizada de manera informal. La gente perdió completamente la confianza en todas las instituciones del país, entre ellas su moneda.
Sin exagerar, Argentina tiene más similitudes de las que creemos con el régimen imperante en Venezuela, especialmente desde el punto de vista económico. Afortunadamente, la coalición actual (especialmente el kirchnerismo) no tiene lazos fuertes con las Fuerzas Armadas. Esta pequeña diferencia nos da esperanza. Es más, por suerte, y en teoría, ideológicamente están en las antípodas. Aunque por poder, caja y dinero, cualquier cosa puede esperarse de algunos políticos.
Volviendo al plano económico, el siguiente gráfico muestra el deterioro del peso desde 2003 al 2021. ¿Cuánto era la capacidad de compra con un billete de $100 en 2003 y cuánto es hoy?: Hoy compran el 1,25% de entonces, cuando era el billete de máxima nominación en circulación. Hoy es el de $1.000, aunque la realidad exigiría que sea de $5.000 o $10.000, pero es sabido que a muchos funcionarios no les gusta aceptar la realidad.

Más evidente y chocante es observar que en 2003 con $100 se podían comprar indistintamente 71 litros de leche; o 4 kilos de helado; o 53 litros de nafta; o 1.500 saquitos de té; 56 diarios ó 78 bajadas de bandera de taxi. En 2011 con $100 se compraba una canasta de 11 productos: 1 paquete de fideos; 1 botella de lavandina; 4 rollos de papel higiénico; 1 gaseosa; 1 litro de aceite; medio kilo de milanesa; 1 yogurt; 1 leche; medio kilo de café; 1 kilo de yerba; 1 paquete de azúcar. Y, hoy apenas permiten adquirir comprar un alfajor “triple”.
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