
Las empresas, ya sean startup, micro, pequeñas o medianas son pieza clave en la economía latinoamericana. Para poner contexto, las denominadas mipyme comprenden el 99% de las empresas, el 60% de la población empleada y aproximadamente el 25% del PIB de América Latina y el Caribe (Instrumentos de financiamiento para las micro, pequeñas y medianas empresas en América Latina y el Caribe durante el COVID-1, BID, 2020). A pesar de esto, enfrentan importantes desafíos, relacionados no solo con insumos, talento calificado, acceso a tecnologías, etc. También de algo básico en su permanencia y crecimiento, como lo es: el financiamiento.
Desafortunadamente la obtención de recursos financieros para las compañías (de cualquier tipo, nacionalidad u origen), siempre se ha relacionado con inconvenientes como: trámites engorrosos, garantías no sencillas o contratos interminables; y hoy, aún más, en la coyuntura de recuperación económica de una pandemia mundial.
La pandemia nos trajo muchas cosas, pero si hay algo que definitivamente fue positivo, es la obligación de digitalizarnos, y con ello, infinidad de posibilidades, que si bien ya teníamos, hoy se presentan como un alternativa cercana, dinámica, al alcance de un click. Es el caso de las plataformas financieras o Fintechs, que con el uso de las tecnologías se presentan como acompañantes estratégicos para el acceso a recursos económicos de las compañías en la región.
El primer informe de Evaluación Comparativa del Mercado Global de Finanzas Alternativas (The Global Alternative Finance Market Benchmarking Report) de la Universidad de Cambridge, muestra hallazgos importantes en términos de apoyo financiero alternativo/crowdfunding para las pequeñas y medianas empresas, pues destaca que Latinoamérica se ha centrado en el sector empresarial, con un 60% del mercado financiero alternativo que brinda recursos principalmente a las mipyme.
Lo anterior muestra que es una realidad que las fintech se han vuelto importantes aliados para las compañías emergentes, pues no solo están ayudando a cubrir una necesidad de financiamiento, sino que están abonando al crecimiento de las empresas, ahorrando costos de operación en varios países, ofreciendo alternativas financieras ágiles, inmediatas y globales. Destaca el poder y la velocidad de la toma de decisiones, que es posible, gracias a esta herramienta que ofrece todo de un vistazo y automatizado. La apuesta es clara: que las empresas emergentes dejen de depender de la infraestructura financiera local y específica de cada país.
Hay una parte de empatía que también podemos remarcar, pues al final, quienes estamos en el negocio de las fintech somos emprendedores y empresarios con experiencia de primera mano en lanzar, operar y hacer crecer nuestros propios negocios, por lo que entendemos y conocemos las áreas de oportunidad de las ofertas financieras actuales y las opciones para mejorarlas, todo basado en innovación y tecnología.
Es un hecho que Latinoamérica vive un momento muy dulce en cuanto a la relación de startups y pymes con las fintechs, no obstante, los que formamos parte de las plataformas financieras tenemos hoy un gran compromiso: seguir rompiendo barreras sumando compañías que operen sin fronteras, pero sobre todo, empoderar a las empresas con acceso a capital de manera sencilla y directa, para seguir abonando al camino de inclusión financiera en la región.
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