
El incremento de las violaciones, los crímenes violentos y los ataques armados están, cada vez más, precedidos por la utilización de medicamentos recetados, que en Argentina se venden libremente.
Las bandas delictivas suelen empujar a los adolescentes al robo, y para que pierdan el miedo (e inclusive actúen con impunidad y se vuelvan inimputables) les dan psicofármacos como Diazepam o Clonazepam.
Otros fármacos que favorecen la delincuencia son los corticoides anabólicos como el Estanozolol y la Nandrolona, usados para incrementar la masa muscular, que inducen cambios de personalidad con actitudes violentas.
La famosa “Burundanga”, usada para inmovilizar a la víctima antes de robarla o violarla, que antiguamente procedía de África o de una cocina narco, en la actualidad es accesible a través de medicamentos que contienen “Escopolamina” (Hioscina), que diluida en cualquier bebida alcohólica pasa desapercibida y adormece o paraliza en 20 minutos, logrando que la víctima quede a merced del agresor. Es la droga ideal para violar o robar.
El recientemente aparecido Fentanilo (Anestésico de uso hospitalario) para drogarse es otro caso del peligroso acercamiento entre drogas legales y delito.
Mezclados con alcohol, algunos fármacos producen excitación, desinhibición y ganas de violar, robar o matar.
Los delincuentes ya no tienen que buscar sustancias complejas para actuar ya que su “arma” está contenida en una cajita que se vende legal y libremente en farmacias.
Entre los medicamentos más adictivos se incluyen: Morfina (analgésico), Tramadol (antitusivo analgésico), Oxicodona (antitusivo analgésico), Diazepam (hipnótico), Lorazepam (sedante), Alprazolam (ansiolítico), Metilfenidato (estimulante), Oximetazolina (descongestivo) y Cafeína (antimigrañoso), pero su venta es libre, su control inexistente y la educación al consumidor está ausente.
El Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB) alertó que por cada dólar gastado en salud se gasta otro para atender los problemas relacionados con el abuso de medicamentos.
La actual estrecha relación entre algunos fármacos y el delito se evita con controles, asegurando que el medicamento sea usado para lo que fue creado y vendido con receta, pero este Estado no hace nada.
A pesar de que la cartera de salud subió a Ministerio y aumentó su presupuesto, no ha hecho nada para controlar que los remedios circulen por el canal legal, lo cual facilita el trabajo de la delincuencia. Este Estado parece acompañar la tendencia a liberar la droga, legal e ilegal.
Por supuesto que algunos propietarios de farmacias y de laboratorios fabricantes están interesados en vender, por eso promueven la venta libre, pero el interés colectivo del ciudadano está por encima y no debe abandonarse.
¡Hágase cargo Ministra Carla Vizzotti!
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