
La lectura de los mensajes del papa Francisco y los informes de los expertos sobre el cambio climático no dejan dudas sobre la falta de futuro, en caso de continuar con el mismo proceso seguido en los últimos 150 años. Coincide con el denominado sistema de producción capitalista, ya que el aumento del consumo y las mejoras de los niveles de vida provocaron el despilfarro de los recursos naturales, el amontonamiento en las ciudades, una creciente competencia y el abandono de la naturaleza.
Esta situación no encontrará un camino de salida en la COP26 o en cualquier otra reunión por el cambio climático por las dificultades para convencer a los habitantes de los países desarrollados de modificar la forma de vida bajando los gastos, transformarse en sociedades sobrias y cambiar las escalas de valores como se desprende de la propuesta del papa Francisco. Todo indica que no habrá posibilidades de rectificar el rumbo a pesar de las prédicas, aun logrando cumplir con el objetivo de la neutralidad de las emisiones de carbono para 2060. El calentamiento global sería ya en esos momentos irreversible y las calamidades meteorológicas provocarían enormes daños.
Durante el siglo pasado, China, Camboya y Cuba trataron de imponer una transformación de las conductas sociales, priorizando valores basados en la forma de vida en las zonas rurales, la frugalidad, una distribución igualitaria de la riqueza, la eliminación del derroche y la exaltación del espíritu comunitario, no muy lejanas a algunas recomendaciones que figuran en la Encíclicas. La Revolución Cultural que tuvo lugar en China entre 1966 y 1976, iniciada por Mao Zedong después del fracaso del Gran Salto Adelante, tuvo el propósito de desterrar la costumbre burguesa de aspirar a un aumento del consumo que amenazaba con socavar la legitimidad del régimen político. Esta iniciativa fue replicada en Camboya con el triunfo del Khmer Rouge en 1976. Las ciudades fueron vaciadas y la población fue enviada al campo para participar de la producción agrícola y aprender las virtudes de la vida campesina. Los herejes fueron sometidos al igual que en la Revolución Cultural China a intensas campañas de reeducación para modificar las conductas individuales en favor de la colectivización.
El tercer experimento fue en Cuba, donde también influyó el enfrentamiento con los Estados Unidos, que redujo las posibilidades de un desarrollo independiente. La escasez fue y es la característica principal justificada en perenes campañas de propagando promoviendo los ideales del “hombre nuevo” desprovisto de deseos materiales en favor de la solidaridad no solo a nivel nacional sino también internacional. Corea del Norte constituye el último ejemplo. El ascetismo de la sociedad es quizás más el producto del fracaso del aparato productivo que de la disposición de la población de ajustar su consumo para evitar la emisión de gases invernadero y conservar la naturaleza.
Xi Jinping en su carta al G20 afirmó que Europa y Estados Unidos deben hacer los mayores sacrificios porque son cuatro veces más contaminantes que China en términos per cápita. Con ese índice, sostiene que China necesita continuar creciendo para mejorar el nivel de vida de su pueblo, aún muy alejando de los niveles del mundo desarrollado. En realidad, Xi Jinping está diciendo que para la supervivencia de su liderazgo no puede pedirle sacrificios a su pueblo mientras otros siguen dilapidando. Biden al igual que los líderes europeos enfrentan una crítica coyuntural porque deben dar respuesta a los reclamos de empleo y mayores ingresos de sus electores. Cualquier desvío de recursos en favor de terceros o el fracaso en satisfacer las demandas provocarán oscilaciones políticas en favor de sectores hostiles al cambio climático que agudizarán las tensiones del escenario político internacional.
Las campañas de los sectores radicalizados con el planteo de la inminente llegada del apocalipsis parecieran no solo concentrarse en la problemática del cambio climático, sino en el objetivo de modificar “el sistema social que destruyó la naturaleza”. Para esos grupos Mao Zedong, Pol Pot, Fidel Castro y Jong-un podrían ser considerados adelantados para su época al promover sociedades igualitarias, frugales, solidarias, sin vacas, aviones ni automotores.
El cambio climático requiere de una mayor participación democrática para lograr la aquiescencia social. El empuje de los sectores radicalizados con una agenda que pretende ir más allá de las emisiones estará destinada al fracaso y demorará la implementación de las reformas para mejorar las condiciones de vida en el planeta.
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