Sisifo era, según la mitología griega, hijo de Eolo -Dios de los Vientos- y fundador de la ciudad de Corinto. Allí reinó con inteligencia, amurallándola para protegerla y desarrollando a su alrededor una prospera economía ganadera. Pero solía abusar de sus súbditos, a quienes gravaba en exceso. A los forasteros que querían atravesar sus murallas, les cobraba una tasa para dejarlos entrar y, una vez dentro , los robaba sin escrúpulo alguno.
Su vecino, el Rey Autolico, tenía el don de cambiar el sexo y el color de los animales. Con ese truco, lo robaba a Sisifo y este último no podía culparlo porque no podía identificar su ganado. Con la astucia que lo caracterizaba, gravo en las pezuñas de sus reses la frase “me ha robado Autolico” y así pudo recuperar lo perdido. Pero, además de lidiar con los hombres, Sisifo era capaz de engañar a los mismísimos dioses.
Así convenció a Asopo, Dios de los Ríos, que podía identificar a quien había secuestrado a su hija Egina, a cambio de que le creara un río al lado de su querida ciudad, Corinto. Le dijo que el secuestrador era el todopoderoso Zeus, disfrazado de águila (Zeus era muy adicto a estas travesuras, asi había procreado, entre otros y otras, a Europa). Aropo recuperó a su hija y le dio a Sisifo su tan deseado rio.
Zeus, indignado, castigó a Sisifo mandandolo al “Mundo de los Muertos”. Pero Sisifo, siempre pícaro y diligente, escapó de allí y volvió a reinar en Corinto. Finalmente, Zeus, cansado de tantas tropelías de Sisifo, mando a su fiel Hermes a capturarlo y lo condenó por la eternidad a subir a una colina cargando con una pesada piedra y, una vez que llegaba a la cima, la piedra caía rodando y Sisifo debía repetir el procedimiento. Así, por siempre.
Sisifo era brillante, había engañado muchas veces a humanos y dioses, pero le llegó el turno de pagar por todas sus fechorías.
La Biblia, así como la mitología greco-romana, nos describen con precisión los comportamientos humanos, sus premios y sus castigos.
La “Naturaleza Humana”, a diferencia de la Ciencia y la tecnología, no se ha modificado en miles de años. Tampoco el destino final que nos espera a todos los mortales.
La sabia Democracia Republicana y Representativa, ha puesto a los ciudadanos en lugar de los dioses. Ellos serán los que expresen su definitivo e inapelable veredicto el próximo domingo 14 de noviembre de 2021… Hágase su voluntad.
*Diego Guelar, ex embajador argentino en USA, China, Brasil y la UE
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