
Mucho se está hablando de nuevo en los medios de comunicación sobre las sociedades offshore. Hace unos años fueron protagonistas en los Panamá Papers y ahora lo son en los Pandora Papers.
Está muy clara la contribución del periodismo en estos casos. Han detectado y hecho público casos de figuras políticamente expuestas que podrían implicar hechos de corrupción. También se han puesto en evidencia personas de las cuales no existe registro que justifique sus bienes y que posiblemente corresponda a actividades relacionadas con el narcotráfico o al lavado de dinero.
Más allá de eso, existe una realidad para muchas personas que viven en América Latina que deberían preguntarse si no necesitan una sociedad offshore, ya sea para ordenar y proteger sus activos y/o para evitar futuros dolores de cabeza, costos y conflictos familiares.
Recordemos primero cuál es la principal ventaja de una sociedad offshore. No, no es evadir impuestos ni esconder activos. De hecho, casi todos los paraísos fiscales están comprometidos a intercambiar información con los países de América Latina. Las sociedades offshore son estructuras legales de simple y rápida creación y algunas permiten la emisión de acciones de titularidad conjunta con derecho de supervivencia. Correctamente conformada entre los miembros de una familia, permite acelerar el proceso legal/sucesorio, redistribuyendo automáticamente las acciones de un fallecido entre los sobrevivientes. Así, hasta el último sobreviviente.
A su vez, son sociedades que están exentas del pago del impuesto a las ganancias en los países donde están constituidas, toda vez que dichas ganancias provengan de otro país (de aquí sale el término offshore). Si una sociedad offshore de las Islas Vírgenes Británicas tiene una cuenta de inversión o un inmueble que alquila en EEUU, Panamá o Paraguay, la misma está exenta de pagar impuestos en Islas Vírgenes por las ganancias que genere en estos tres países. Pero tendrá que pagar impuestos en estos países por las ganancias que genera en cada uno, en caso que la legislación local lo exija.
¿Por qué se recomienda usar sociedades offshore? Porque les permite a las personas poseer su portfolio de inversiones en activos financieros, inmobiliarios o en otras participaciones societarias, de forma simple, barata y permitiendo una estrategia hereditaria que evita lo costoso y tedioso que significan futuros procesos sucesorios. Además, porque permiten evitar el impuesto a la herencia (las sociedades no mueren) en aquellos países donde existe este gravamen y la sociedad tenga activos que estarían gravados si fueran poseídos por una persona física extranjera y no residente (como es el caso de EEUU, donde el impuesto puede llegar al 42% del monto de la tenencia).
Otra ventaja que tienen las familias cuando estructuran sus inversiones alrededor del mundo utilizando este tipo de sociedades, es que fácilmente pueden contratar y designar los servicios de un directorio profesional (también conocido como Directorship), el cual tiene muchas ventajas operacionales y legales.
Cabe destacar que las sociedades offshore no son de por sí ilegales (todo lo contrario); ni implican automáticamente evasión tributaria. Esto último sucedería si no se declarara la existencia o los patrimonios que contienen estas sociedades ante el fisco del país de nacionalidad o residencia, de un sujeto obligado a hacerlo. Por supuesto, no hacerlo conlleva riesgos muy importantes en un mundo que camina hacia la transparencia.
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