Hay que estudiar la dolarización en Argentina

Una de las principales razones por las que no se analiza a fondo un plan tan disruptivo es que se considera que ya se probó en los ‘90 con la convertibilidad. Cuáles son las diferencias y por qué es fundamental en este momento debatir nuevas propuestas económicas

Este martes la cotización del dólar libre alcanzó un nuevo récord histórico (REUTERS/Enrique Marcarian)
Este martes la cotización del dólar libre alcanzó un nuevo récord histórico (REUTERS/Enrique Marcarian)

Bimonetarismo extremo o dolarización

Las cajas de conversión o “convertibilidad” tienen como principal objetivo fortalecer la moneda doméstica mediante un compromiso legal de mantener una paridad fija de dicha moneda. En los 90′ nuestra paridad era el “1 a 1″. El objetivo de establecer una caja de conversión es procurar que la población, los agentes económicos, los ciudadanos crean o vuelvan a creer en la moneda nacional y la usen de acuerdo con todas las funciones del dinero. Lo que se busca en la convertibilidad es dotarle a la moneda nacional de credibilidad, ya que el gobierno se compromete a no devaluarla y a no financiar su déficit fiscal con emisiones inorgánicas o sin respaldo de reservas internacionales (Naranjo, 2012). Por ende, la convertibilidad resulta ser la máxima expresión del bimonetarismo, ya que dos monedas circulan de manera legal. También, en este régimen monetario, a pesar de que el Banco Central no debería tener libertad para emitir, puede indefectiblemente hacerlo, como lo vimos en la segunda etapa de la convertibilidad Argentina, donde se perdió la ortodoxia monetaria. Es decir, la independencia de la política monetaria está completamente supeditada a la conducta de los gobiernos de turno.

Por otro lado, en un régimen de dolarización, los objetivos difieren radicalmente de las cajas de conversión, ya que no se busca fortalecer la moneda doméstica sino que, al contrario, se la elimina definitivamente del sistema monetario. La dolarización de la economía significa que no existe nunca más la posibilidad de emitir por parte del Banco Central. Por ende, la independencia de la política monetaria queda absolutamente protegida de los gobiernos de turno. Es importante remarcar este punto, ya que si uno analiza los últimos 50 años en materia de política monetaria, todos, absolutamente todos -peronistas, radicales, cambiemos- no lograron independizar la política monetaria de los intereses del Gobierno de turno. Los resultados: en los últimos 40 años, convivimos con un promedio de 60% de inflación anual y nuestro producto bruto interno (PBI) es de los que menos creció de toda América latina en términos reales.

¿Por qué debemos estudiar la dolarización?

- Porque es un mecanismo monetario que permite bajar dramáticamente la inflación argentina en poco tiempo.

- Porque limita los canales de gastos de los gobiernos de turno.

- Porque es una política monetaria que permite definitivamente independizarla de los intereses de los gobiernos de turno, evitando la emisión monetaria descontrolada.

- Porque sin moneda no hay economía.

- Porque el régimen de bimonetarismo fracaso.

- Porque es la única política monetaria que nunca probamos en nuestra historia.

- Porque la dolarización mejora la gobernabilidad en momentos de fragilidad institucional. Un ejemplo contundente es el Ecuador.

- Porque el peso ya murió en la sociedad argentina.

- Además de todas estas razones quiero detenerme en la importancia que radica que Argentina logre bajar drásticamente la inflación en poco tiempo.

Dimensionemos lo determinante que resulta bajar la inflación en Argentina. Si la inflación de dos dígitos es persistente, no permite bajar la tasa de interés, que resulta ser un motor fundamental para incentivar la inversión productiva en Argentina. La disminución de las tasas de interés es una condición esencial para que aparezca el llamado círculo virtuoso del desarrollo económico. En esencia, las condiciones que activan a la inversión productiva son dos: primera, estabilidad macroeconómica y, segunda, bajas tasas de interés. Cumplidos estas dos condiciones aparece la variable considerada como decisiva en la economía de un país: la inversión real. En efecto, la inversión real, esto es la inversión en industria, infraestructura, minas, petróleo, pesca, agricultura, ganadería, es decir, en el sector productivo de la economía, no en el sector especulativo o rentista, es la variable que genera efectos multiplicados en el producto y en el empleo.

Ciertamente, el círculo virtuoso del desarrollo económico se sustenta en la inversión real. Se parte de estabilidad macroeconómica y bajas tasas de interés que promueven dicha inversión productiva, lo que provoca crecimientos en la producción, en la productividad y en el empleo, lo que genera mayores ingresos que alimentan el ahorro, que financia a la vez la nueva inversión productiva (Naranjo, 2012).

El mayor aporte que puede darnos un programa de dolarización es, por lo tanto, dotar a la economía de un horizonte Inter temporal seguro, previsible, estable con reducidas tasas de interés y estabilidad macroeconómica que estimulen la inversión, lo que definitivamente promueve el crecimiento de la economía real.

Finalmente, para concluir, Argentina está transitando un ciclo de degradación económica y social de envergadura. Los números en términos de pobreza, inflación, actividad económica, empleo, desempleo, exportaciones, inversión, inversión extranjera directa y salario real han empeorado dramáticamente durante los últimos 12 años. Las desigualdades que producen crisis económicas prolongadas en el tiempo se pueden evidenciar en el humor social, la violencia, la falta de entendimientos de una sociedad. Lamentablemente, si no tomamos medidas más extremas, ejemplificadoras, que puedan limitar determinadas acciones de la política de turno, la amenaza hacia nuestro sistema democrático en la próxima década puede ser una realidad. Es por ello que la sociedad argentina debe estudiar la dolarización de su economía.

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