
El primer mandatario argentino se ha convertido en un presidente banal. Ya se dijo en estas crónicas de la insubstancialidad de su tono de gestión que se expresa como mejor prueba, cabalmente, cada vez que habla. Nadie, salvo sus escasos exégetas y asesores, recuerda lo que dice Alberto Fernández.
El presidente habla y no importa lo que dice, como suele pasar cuando habla un presidente.
Su penúltima aparición fue en medio de la jura de los ministros que le impusieron. A destiempo, con un tono desubicado, Fernández dijo cosas sobre su nueva (?) etapa de gobierno que nadie retuvo. Fue en cambio notorio y recordable en esa escena en el Museo del Bicentenario saber que su jefa indiscutida le impuso los cambios, los tiempos y los rumbos. Cristina, es cierto, se alejó hasta El Calafate creyendo que así puede mostrar distancia entre el fracaso de la elección primaria y sus decisiones. Lo dejó solo a quien preside su gobierno, frágil, inconsistente.

La banalidad de su accionar sumó un nueva demostración con los anuncios de flexibilizaciones en lo prohibido por la cuarentena del COVID. Sin que nadie se pusiera colorado, el gobierno anunció derogaciones de interdicciones (incluso de las que nunca existieron), reaperturas de actividades a mansalva y liberaciones anárquicas y arbitrarias de fronteras, ingresos y egresos de ciudadanos en la república.
Aclaremos algo: desde el fondo de la cuestión, es imprescindible que las restricciones de las cuarentenas queden, como norma, abolidas. Es hora que los ciudadanos asumamos la responsabilidad original de cuidarnos, respetar normas de sanidad y reduzcamos las prohibiciones estatales a la excepción y lo mínimo posible. Hace tiempo debió haberse hecho esto. No, lo que se anunció ayer.
Las preguntas siguen siendo, desde Sócrates, el mejor modo de poner en evidencia lo insustancial y, como decía el griego, hasta la ridiculez.
Por eso, caben algunas preguntas:
- ¿De repente la gestión de Alberto Fernández, la de la cuarentena eterna graficada en filminas, tuvo la Epifanía del fin de la transmisión del virus y la anuncia sin más y sin explicaciones?
- ¿Fue consejo del comité de expertos? ¿Vive el comité?
- ¿En medio de la vigencia de la imprevisible variante delta hacen las flexibilizaciones?
- ¿Cerraron las escuelas 9 meses y, sin explicación alguna, proponen clases en contra turnos o los sábados? ¿No era que no estaban garantizadas las condiciones de aislamiento en las escuelas cuando la Capital Federal abrió las aulas?
- ¿Se permitirá entrar a los extranjeros de países limítrofes sin aislamiento y lo argentinos que salgan a Uruguay o Brasil deberán aislarse?
- ¿Es desde ayer o desde el primero de octubre todo? ¿Les cuesta mirar el calendario?
- ¿Levantaron la prohibición del uso del barbijo que nunca fue obligatorio?
- ¿Las provincias y la capital se enteraron por televisión?
- ¿No sabían que Salta, Jujuy y Rio Negro le iban a dar la espalda a muchos de los anuncios?
- ¿Creen que no se nota que las medidas son post electorales y no sanitarias?
Quizá cabrían muchas otras preguntas. Por ahora, una de mera curiosidad social y, casi, psicoanalítica. ¿Se da cuenta? ¿El se da cuenta? Si hace lo que hace por desesperación electoral, es entendible, casi justificable. Pero si no se da cuenta, si cree que hace con fundamento, es preocupante. Muy.
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