
En las elecciones generales de 2019, ante el contundente resultado obtenido por el oficialismo en los distritos del conurbano bonaerense, un lugar común volvió a cobrar fuerza: el “peronismo unido” es invencible. Se asumía entonces que el Frente de Todos era “la unidad de todos los peronistas”.
Cuestioné con energía esa idea basada -entre otras cosas- en mi experiencia como candidata en la provincia en 2009, cuando nos impusimos frente a la lista encabezada por Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa, que contaba con el acompañamiento de todos los intendentes del conurbano mediante candidaturas testimoniales. “Kirchner va con Scioli y 45 intendentes”, titulaba entonces un matutino describiendo el presuntamente invencible armado confeccionado por el ex presidente. Los derrotamos, con el voto mayoritario de un pueblo que había observado con sorpresa -y rechazo- el conflicto con el campo, la corrupción, la creciente inflación y el comienzo de una radicalización que asomaba. Cristina era ya presidenta de la Nación.
No había sido esa la única experiencia de divorcio entre la dirigencia peronista y los votantes peronistas. La derrota de 1983, los más de cinco millones de votos de Bordón frente a Menem en 1995, la derrota de Duhalde en 1999 y el triunfo de Macri en 2015 habían ya mostrado que era falsa aquella idea -sustentada por muchos- que “las elecciones se ganan con las imágenes de Perón y Evita”. Quedaba claro que los votantes en general -y los peronistas en particular- expresan en cada elección su conformidad o disgusto frente a la realidad que enfrentan y el apoyo o el rechazo a quienes gobiernan.
En estos últimos años, habiéndose Cristina apoderado de la “marca peronismo” -con la complicidad de una dirigencia sumisa y obediente- este divorcio se fue haciendo cada vez mas notorio: reemplazaron al movimiento del Perón que abrazaba a Balbín, que impulsaba la unidad nacional, que promovía la producción y el trabajo, que respetaba la ley y las instituciones y abogaba por la movilidad social ascendente de los sectores más postergados, por una expresión de un progresismo anacrónico que fomenta la división entre los argentinos, desincentiva la producción y el trabajo, perpetúa a los pobres en la pobreza y nos aísla del mundo haciendo público el apoyo a Maduro, Ortega o el grupo Hamás.
En las localidades del conurbano bonaerense habitan muchos, muchísimos argentinos que por tradición familiar, historia personal, memoria histórica o identificación con las ideas de Perón “se sienten peronistas”. Cuando en esos distritos hay importantes desplazamientos de votos hacia propuestas distintas a las del aparato oficial no se requiere demasiada sagacidad para descubrir que muchos peronistas se alejaron de la convocatoria del “peronismo unido”. Esa es la “unidad” que le conviene a algunos dirigentes. Los peronistas no se sienten obligados a acompañarlos.
Este domingo, la suma de los resultados de la primera y tercera sección electoral (donde se encuentran los distintos cordones del conurbano) mostró una pérdida de más de 1.200.000 votos del Frente de Todos en poco más de un año y medio, aún teniendo en cuenta la merma en cantidad de votantes. Sin considerar el menor presentismo, fueron más de 1.800.000. Algunos ya no los habían acompañado en 2019, muchísimos no lo hicieron este domingo, muchos más no lo harán en noviembre.
Alguna vez opiné que el reloj del kirchner-cristinismo atrasaba cincuenta años. Se han estancado en ideas antiguas. Expresan un pasado que el resto del mundo ha ido dejando atrás. Y las consecuencias de sus equívocos las pagamos todos, especialmente los jóvenes y los que menos tienen.
Los argentinos tenemos sed de un futuro de crecimiento, de desarrollo, de progreso, de equidad. Que nuestros jóvenes recuperen el derecho a ser educados y puedan aspirar a incorporarse al mundo del trabajo, que nuestros ancianos accedan a un presente digno tras toda una vida de esfuerzo, que quienes deseen invertir y generar trabajo tengan las condiciones adecuadas para hacerlo, que recuperemos la dignidad del trabajo para los millones de compatriotas que se ven privados de ese derecho, que el esfuerzo vuelva a tener sentido, que quienes delinquen sean castigados por ello, que se respete la ley, que no se ataque por pensar distinto. Esta es la vida que queremos la inmensa mayoría de los argentinos. Y muchos peronistas también...
Como este domingo, en noviembre nuestros compañeros van a seguir votando por el futuro.
* La autora es senadora de la Provincia de Buenos Aires
SEGUIR LEYENDO:
Últimas Noticias
Cuando la IA se vuelve indispensable, también empieza a cobrar su precio
El desarrollo de plataformas tecnológicas muestra un desplazamiento hacia el uso cotidiano y esencial de la inteligencia artificial, lo que redefine las condiciones de acceso y modifica la relación entre empresas, usuarios y proveedores de servicios digitales

Inflamación, estrés y riesgo cardiovascular: lo que hoy preocupa a la cardiología preventiva
Especialistas advierten que la inflamación vascular silenciosa puede aumentar el riesgo cardiovascular aun en personas con colesterol relativamente controlado. Cómo influyen el estrés, la obesidad abdominal, el sueño y los antecedentes familiares en la salud del corazón

Disciplina de ejecución: la lección que la volatilidad le dejó al management financiero
Coordinar operaciones durante el reordenamiento económico del último año obligó a repensar qué significa liderar en entornos inciertos. La respuesta no estuvo en tener más información, sino en saber cuál importaba

El capital humano: la verdadera riqueza estratégica del Perú en el siglo XXI
Perú enfrenta uno de sus mayores desafíos: transformar riqueza potencial en capacidades reales

Cómo cambió el consumo en arquitectura
Materiales nobles, sistemas constructivos modernos y automatización orientada al usuario definen el nuevo concepto de lujo inteligente en el sector inmobiliario



