
Si nos guiamos por el nivel del tipo de cambio real multilateral, el peso no parece muy atrasado: según cómputos del Banco Central al lunes 4 de agosto, el peso se encontraba 3.5% apreciado respecto del promedio de los últimos 25 años (desde 1997 a la fecha). Es cierto que desde fines de 2020 se apreció más de 9%, pero no está lejos de su valor promedio.
Algo diferente es el panorama si observamos el tipo de cambio real bilateral con Brasil: el peso se encuentra hoy 24% apreciado respecto del Real en la serie larga, por lo que allí la “competitividad cambiaria” virtualmente se desplomó. De modo que si el peso se sigue apreciando unos meses más (devaluación al 1% e inflación al 3% mensual), es probable que se desaten tensiones en el comercio con Brasil a lo que se sumarán las tensiones en otros mercados.
Estos aspectos podrían ser menores al lado de una segunda cuestión: la política fiscal y monetaria expansiva con controles cambiarios derivó en la aparición (reaparición en gobiernos peronistas) de una brecha cambiaria volátil y creciente, cercana hoy al 80%. La brecha se expresa en múltiples tipos de cambio que la autoridad monetaria intenta controlar, con poco éxito y elevado costo en términos de reservas (que caen) y prima de riesgo (que sube). La superposición de brecha y tipo de cambio oficial que cotiza al 55/60% del tipo de cambio “libre” se suma a la existencia de retenciones sobre las exportaciones.
Todo ello implica que el sector formal exportador -particularmente el productor agrícola- se enfrenta a un castigo ejemplar: recibe de ingreso bruto por dólar de producto exportado (neto de retención) entre 36 y 55 centavos de dólar “de verdad” (el dólar al que podría acceder en el mercado libre). Ello contrae la frontera agropecuaria y limita las exportaciones de todos los bienes y servicios.
Hay un tercer aspecto sin embargo que es aún más relevante -o al menos más acuciante que la “competitividad cambiaria” o la distorsionante existencia de brechas cambiarias y tipos de cambio múltiples, temas sobre los cuales el FMI va a tener algo que decir en las conversaciones con el Ministerio de Economía y el Banco Central. Es el nivel del tipo de cambio nominal consistente con la oferta y demanda de pesos: es probable -como señala reiteradamente Daniel Artana en sus análisis- que el tipo de cambio real pueda estar en torno al equilibrio para el intercambio de bienes y servicios, pero que se requiera un tipo de cambio nominal bien diferente -en particular, más alto- consistente con la masa de pesos volcada por el BCRA al mercado para financiar al fisco y la demanda de pesos de los agentes económicos.
Si la demanda de pesos no acompaña la emisión, o bien habrá que inducir un aumento de la demanda de pesos adecuando tasas de interés (siempre que los agentes económicos acepten esa oferta), o licuar la cantidad de pesos en circulación (una alternativa no buscada, pero que suele ser la solución tolerada o propiciada por las autoridades, ya que licúan su propia deuda).
Así como el mercado de deuda voluntaria se cerró para la Argentina (una prima de riesgo por arriba de 900 puntos ya indicaría el cierre del mercado), de la misma forma podría cerrarse o al menos entornarse la puerta del mercado de deuda en pesos para el Gobierno. Deberíamos tomar nota de nuestras propias experiencias previas.
Esta nota fue publicada en Indicadores de Coyuntura N°633 que elabora la Fundación FIEL
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