La “identidad digital”, también conocida como “identidad 2.0′', es la versión en Internet de la identidad física de una persona. Está compuesta por millones de datos que proporcionamos en la red, más allá de nuestro e-mail y dirección, que incluye fotos, datos bancarios y preferencias de consumo. Esta ID 2.0 es lo que somos en la red, y por eso, es importante siempre saber qué se dice sobre nosotros, dónde y por qué, tanto hacia nuestra persona como para nuestra organización.
Esta ID 2.0 a lo largo del tiempo deviene en una verdadera “huella digital”, que se construye por las interacciones de la propia persona y también por terceros sin el consentimiento o la plena conciencia del proceso. Cuanto más publiquemos, más identidad creamos y más fuerte será la presencia de la misma para orientar a los algoritmos.
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Ahora bien, queda claro entonces que la identidad digital es la versión en Internet de la identidad física. La identidad física es un derecho humano, por lo tanto, la identidad digital en sí misma debe ser protegida, respetada y es intrínseca a una persona o colectividad. Por esta razón en los Estados, el tema identidad digital y datos personales se trata con normativas legales. En Argentina, se incluye dentro del “Reglamento General de Protección de Datos”. Ahora bien, me gustaría aclarar que no es igual los datos personales que la identidad. Ya que la segunda es una universalidad compuesta de datos personales.
Como consecuencia del uso de las nuevas tecnologías, principalmente Internet, muchos de los datos de una persona se han convertido, prácticamente, en datos de acceso público. Este fenómeno se ha incrementado con el uso de las redes sociales y las economías de plataformas. Cuando un conjunto de datos personales se asocia a una persona en un marco digital, algunos lo llaman “identidad digital” (Sullivan, 2011). La paradoja está dada porque una persona sólo puede tener una identidad real, pero puede crear varias identidades digitales, dependiendo de la forma en que conforme el conjunto de datos en los diferentes ámbitos que habilitan las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones –TICs- (distintas redes sociales, foros, servicios de mail, etc.)
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El Estado, que es quien en definitiva reconoce la identidad de una persona, respalda y documenta nuestra única identidad en su versión papel, cada vez tiene menos valor. No sólo porque el papel haya caído en desgracia, sino, y sobre todo, porque la vida analógica (única) está feneciendo frente a nuestra vida digital (múltiple).
En la era digital, los DNIs de papel cada vez nos sirven menos, tampoco sirven los DNIs digitales que no pueden validarse o autenticarse frente a la totalidad de los servicios, ya sean éstos públicos o privados. ¿De qué nos sirve un DNI en formato digital si para cada trámite o servicio hay que validarse con un usuario y contraseña distinta? Vivimos en un nuevo paradigma en donde se debe comenzar para la creación de servicios de autenticación únicos por parte de los Estados.
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El Ex Presidente de Estonia (referente mundial digital) insiste que detrás del salto que dio su país en términos de tecnología en los últimos 20 años que lo convirtió en un líder mundial de la gobernanza digital fue precisamente contar con un método universal de autenticación digital basado en la identificación electrónica nacional.
En este sentido algunos de los puntos más importantes para avanzar están relacionados en principio con: 1) fortalecer procesos de autenticación para evitar suplantaciones de identidad; 2) la necesidad de una identidad digital única para operar y hacer trámites; 3) un marco legal e institucional de la ciberseguridad y, por último pero no menos importante; 4) comprender que se debe diseñar los servicios basados en la calidad de la experiencia del usuario/ciudadano.
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En Argentina actualmente se cuenta con el SID (Sistema de Identidad Digital), validación remota de identidad en tiempo real con el Renaper mediante factores de autenticación biométrica (reconocimiento facial) y fotografía del DNI. Permite validar la identidad a distancia y en tiempo real con el Renaper mediante factores de autenticación biométrica desde cualquier dispositivo electrónico con conectividad móvil, el cual todavía no tiene validez efectiva para la realización de trámites en los cuales se necesita acreditar identidad.
El fin es convertirse en un Estado digital eficiente, en el cual la identidad digital es necesaria pero no suficiente. Los beneficios de un buen sistema de identificación van desde la asignación más eficiente de transferencias del sector público hasta la disminución de casos de robo de identidad en el sector financiero. De poco o nada sirve tener un sistema sofisticado de identidad si éste no puede interactuar con el resto del gobierno y/o el sector privado.
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