
La manera absoluta de no aprender algo, es creer que ya lo sabés. La mente trabaja con la memoria y cuando reconoce una experiencia pasada, reacciona del modo necesario para repetir lo deseable o evitar lo indeseable. La mente reconoce patrones y armonías o símbolos, para reaccionar en consecuencia con pensamiento rápido, que es el pensamiento de las emociones instantáneas, basadas en los valores que cada uno tiene, compasión, entrega, egoísmo, fuga. Después de la reacción instantánea del pensamiento rápido, emocional y valorativo, viene el pensamiento lento, racional, que sopesa las conveniencias y peligros y puede cambiar el rumbo de la reacción inicial.
Los análisis que abundan en la Argentina de estos días sobre nuestro porvenir no se están haciendo con los ojos del futuro, sino con los ojos del pasado. Y muchas veces esos análisis se hacen creyendo que ya sabemos la respuesta, por lo que no dejamos espacio en nuestra cabeza para aprender algo diferente de lo que “ya sabemos”.
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Enumeremos esas frases hechas. La Argentina va a fracasar, porque ha fracasado siempre (Milei pone por delante la Argentina próspera de principios del siglo XX para contrarrestar este prejuicio). La Argentina no tiene arreglo, porque hace tiempo no lo tuvo, con demagogias, mentiras, odios, golpes militares, terrorismos, iluminados, elitistas de signos opuestos, hiperinflaciones, buenísimos, corrupciones empresariales, políticas, judiciales, policiales y demás. La gente no tiene plata en el bolsillo y no llega a fin de mes (la nostalgia pasada del plan platita de Massa) o, la versión fashion, con la macro no alcanza. Con hacer las cosas bien no alcanza, quiere decir; alguien desde un escritorio con escudo debe hacer un truco de magia, debe hacer algo mal, para que alcance; hacer algo un poquito mal, para demostrar sensibilidad social. Sólo la industria manufacturera crea empleo (en la época de los robots y la IA) y los servicios (80% del empleo en países desarrollados) y el sector alimentario (30% del empleo argentino), no. Y así.
El futuro ya es diferente del pasado. Las provincias pobres de la cordillera y la Patagonia (10 de 23), con la energía y la minería van a ser ricas y a generar mucho más empleo que su población actual. Con la apertura de mercados exteriores (acuerdo Unión Europea y otros), todas las provincias del centro (otras 8 junto a algunas de las anteriores) van a ser una de las más potentes fábricas de alimentos del mundo. Las provincias del noreste se van a integrar a la prosperidad de Brasil y Paraguay. La Ciudad de Buenos Aires y sectores circundantes son un área proveedora de servicios de clase mundial y de industria regional.
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La Argentina pasó de tener un solo motor económico competitivo (el agropecuario) a tener sectores globales como los alimentos, la energía, la minería, los servicios basados en el conocimiento (ya exportan 10 mil millones de dólares anuales) y el turismo (empleo intensivo). Nuestras grandes falencias, infraestructura para un país enorme y educación, son nuestras grandes oportunidades para la construcción y más servicios de calidad.
Si el ahorro argentino va a la inversión argentina (la inflación lo sacó de los sistemas financiero y bursátil), no tenemos techo. A esto apuntan las reformas económicas recién anunciadas. Hay que hacer una acción masiva de calidad urbana y educativa en los conurbanos. Con los ojos del futuro bastante inmediato (entre 5 y 10 años), la Argentina será próspera. ¿Hay alguien a la vista con fuerza suficiente para evitarlo? ¿Algún comunista; algún mafioso? No parece. Veremos.
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