
El COVID-19 golpeó muy fuerte a casi todos los países del mundo, pero a algunos los golpeó más por la incapacidad de sus gobiernos para enfrentar correctamente la pandemia y por el manejo de la economía.
A pesar de tener una de las cuarentenas más largas y estrictas del mundo, el Gobierno no consiguió contener los contagios ni las muertes, al tiempo que creó un gran malhumor social por los prolongados encierros debido a las cuarentenas y serios problemas económicos.
En su momento el presidente Alberto Fernández sostuvo que entre la economía y la vida, prefería la vida, sin embargo, Argentina está entre uno de los países con mayor cantidad de muertos por millón de habitantes y entre uno de los países que más cayó su PBI en 2020.
Mientras el PBI de Argentina cayó el 9,9% en 2020, el promedio de caída de América Latina y el Caribe fue de 6,3 por ciento. En América del Norte el producto disminuyó el 3,7%; en la UE un 6,2%; en la zona del Euro un 6,7%; y entre los miembros de la OCDE, una caída de 4,7 por ciento.
Es decir, comparando con los promedios de las diferentes zonas económicas, el desempeño económico argentino fue uno de los peores sin que se salvaran vidas. Es más, de haberse acordado con Pfizer y otros laboratorios, se podrían haber salvado varios millares de vidas.
En términos estrictamente económicos, la caída en el nivel de actividad se tradujo en una disminución de los ingresos impositivos que se combinó con un fuerte aumento del gasto público en subsidios de todo tipo al sector privado para enfrentar la parálisis económica que impuso el gobierno. Este desbalance fue financiado con una enorme expansión monetaria que ahora genera presiones inflacionarias que el gobierno no puede dominar.
Paralelamente cerraron todo tipo de comercios, desde el quiosco del aeropuerto al del microcentro, pasando por bares, restaurantes, hoteles, actividades profesionales, gimnasios y toda clase de actividades. No solo creció fuertemente la desocupación, sino que también se disparó la pobreza y la indigencia, al tiempo que pequeños comerciantes de clase media entraron en la franja de la pobreza.
Pero no solo fue pésimo el manejo de la pandemia junto con los groseros errores de la campaña de vacunación, la política económica diagramada por el gobierno iba a ser un fracaso aunque no hubiese habido pandemia.
En efecto, los controles de precios, de tipo de cambio y atrasos de tarifas de los servicios públicos son experimentos que ya ensayó el kirchnerismo en el período anterior cuando no había pandemia.
Sus controles absurdos, el cepo cambiario, la negativa a solucionar los problemas de la deuda externa presentando un plan económico consistente y los aumentos impositivos solo logran ahuyentar inversiones. En otras palabras, sobre mojado, llovido. Además de manejar económicamente mal la pandemia generando una masacre económica en lo que hace a puestos de trabajo, se suma una política económica que espanta inversiones y genera más desocupación aún sin pandemia.
En definitiva, si no hubiese habido pandemia, igual el rumbo económico que tomó el gobierno hubiese sido complicado porque su filosofía no está en atraer inversiones sino que logra espantarlas.
A esa errada filosofía económica se le agrega la pandemia y su pésimo manejo, haciendo un combo alarmante que ha hundido a la Argentina hasta niveles insospechados.
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