
En estos últimos días observaba desde mi actividad profesional y en la vida misma, la forma en que enfrentamos los momentos difíciles que surgen de la realidad que nos toca vivir ante situaciones inesperadas, que de un momento a otro cambian nuestra existencia, nuestros vínculos, el trabajo, amigos, como la pérdida de un ser querido o una enfermedad.
¿Cómo enfrentamos los eventos difíciles que cambian nuestra vida? ¿Cómo reaccionamos a eventos traumáticos o catastróficos?
En general con el tiempo logramos adaptarnos a situaciones que cambian nuestra realidad de manera drástica y con un alto grado de tensión, pero la base fundamental de esta adaptación es la confianza y la flexibilidad con que enfrentamos la situación, que no va a estar libre de tristeza o dolor emocional, pero sí va a ser la diferencia nuestra aptitud y fortaleza para resistir, transformándonos en seres resilientes capaces de afrontar las crisis y de salir fortalecidos de ellas.
¿Y qué es la resiliencia? Desde el campo de la Física, es la propiedad que poseen algunos materiales de deformarse al ejercer fuerza sobre ellos y volver a su forma normal cuando dicha fuerza cesa.
Y agregaría que en el caso de los seres humanos esta experiencia, según cómo se la tome, produce una transformación nutritiva que desarrolla capacidades de alto desempeño aplicables en todos los órdenes de nuestra vida.
Lo inesperado, lo disruptivo en nuestra vida, sin duda produce una pausa, una coma. Quedamos suspendidos por instantes en un túnel donde nada es claro, y nos preguntamos cuál es camino, cómo seguir. Lo más sano y constructivo en ese instante es aceptar que no sabemos, que no tenemos ni idea cómo seguir, necesitamos aire y tiempo, para aceptar la incertidumbre aunque cueste. ¿Este es el primer paso para encontrar la respuesta al cómo? ¿Y de dónde surge el para qué? Como luz al final del túnel, poniendo de manifiesto nuestro propósito, abrazado a la esperanza y el desafío de encontrar en nuestros talentos y en nuestras fortalezas, la respuesta superadora de ver los acontecimientos negativos como una oportunidad.
Los seres humanos nos hemos vuelto haraganes a la hora de reconocer nuestros recursos interiores, quizás no nos educaron en este sentido, pero es desde nuestro interior de donde surge la información y la capacidad para hacer planes realistas y seguir los pasos necesarios para llevarlos a cabo, enfocándonos en experiencias pasadas y fortalezas que nos ayudaron a seguir adelante en otras ocasiones marcándonos el camino para desarrollar nuestra resiliencia.
Para finalizar la resiliencia es un camino en el que los cambios que experimentamos nos afectan de manera diferente. No nacemos resilientes, nos hacemos resilientes atravesando obstáculos y situaciones adversas como el fracaso, pero visualizando la situación en la que queremos estar y perseverando con una actitud positiva, proactiva, flexible y saludable de manera constante con un plan y una estrategia para llevar adelante nuestro objetivo sin darnos por vencidos.
“No sobrevive la especie más fuerte, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio”. Charles Darwin.
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