
La expresión “la hegemonía de los medios” parece haberse instalado con la fuerza de la repetición de los verdaderamente poderosos y luce como verdad revelada. La idea se resumiría en un conjunto de comunicadores y medios que fuerzan hechos para sostener una opinión sesgada.
“Lawfare”, es otro ejemplo de lo instalado. Ese onírico invento de una justicia sólo impartida desde magistrados venales al poder económico tiene mas robustez que bolsos volando desde los muros de conventos o fortunas hoteleras y contantes y sonantes en caja de ahorros amasadas por funcionarios públicos con estipendios modestos. No importa que un grupo de empresarios haya reconocido que coimearon, un funcionario que recibió la coima, un lavador de dinero que la blanqueó y que un juez reconozca que no aplicó el código penal. Eso es lawfare impulsado por los “medios hegemónicos”. Porque claro, los dos conceptos se cruzan necesariamente.
Esta semana, un hecho anecdótico volvió a corroborarlo. Anecdótico para el análisis periodístico. De vida, para sus protagonistas que esperaban la posibilidad de la visión. El conocido oftalmólogo Roger Zaldivar le hizo saber a la prensa (en primera persona y con voluntad deliberada) que cinco córneas provenientes del banco de órganos de San Diego, USA, no llegaron a la Argentina por el capricho, de un día para el otro, del gobierno nacional de reducir a 600 pasajeros entrando por las fronteras aéreas. Primer Dato irrefutable: La Argentina carece de órganos suficientes para trasplantar. Segundo: la Argentina desconectó al mundo, manu militari, de aviones. 600 pasajeros diarios es virtual cierre. Tercero: cinco personas que se prepararon para la operación que quizá les permite recobrar la visión, siguen sin ver.
No hay allí ninguna construcción periodística hegemónica, ni menos amañada. Un cierre arbitrario de aduanas, cancelando la palabra comprometida tiene sus consecuencias. No es sólo los pasajeros varados en Miami, de los que ya se hablará: es que no entran córneas, medicamentos y otros objetos que viajan siempre, siempre, en los aviones de pasajeros. Nadie previó esto último. La “anécdota” de las córneas muestra un estado de las cosas general.
El gobierno bramó enojo por la denuncia periodística acusando a los cronistas de no entender la gravedad y peligro de la cepa Delta que puede entrar por Ezeiza. El mismo gobierno que tuvo a su ministro estrella hace un año diciendo que le preocupaba más el dengue que el Corona (la entrevista la hizo con quien esto escribe), que con un tecito caliente se prevenía la enfermedad y tantas otras cosas tan científicas.
La pregunta es: ¿el problema es dejar entrar gente por Ezeiza o dejarlos entrar sin control por la eventual variante Delta?

Si lo es lo segundo, lo que hay que armar es un sistema como Canadá, Reino Unido, corea del sur o tantos otros que suponga, ante la gravedad del caso, que los viajeros lleguen y queden alojados de prepo en hoteles o lugares controlados por le estado que garanticen su aislamiento reclamado por la epidemiología. Que vuelvan los que tengan que volver, eroguen sus dineros en los hoteles locales (de paso, destrozados por la cuarentena) y no en South Beach y nos aseguren un control médico como corresponde.
Si en cambio la idea es no dejar entrar a la gente no importando el motivo, eso se llama inconstitucional prohibición al derecho a circular, arbitrariedad y, cómo no, cierto odio de clase por que el se fue de viaje. El que se fue de viaje y no es funcionario, claro, que siendo diputado a ministro entra y sale, deambula y circula, como se le da gana.
Sorprende entonces que periodistas designados en el cargo de “defensor de las audiencias”, “Ombudsman de los lectores” ataquen a sus otrora colegas. Leo estupefacto a Julio Petrarca en Perfil acusar (nos) a los que criticamos el temas de las córneas no llegadas de construir otro “hito de la desinformación”. Parece que “construimos un escándalo” y abandonamos el periodismo para dedicarnos a la “campaña sucia”. Primera digresión: como soy un lector, le agradecería al señor defensor de lectores, profesor Petrarca que, a mí, deje de defenderme. Me las arreglo solito.
La banalización que se encuentra allí sobre la maravilla de la ciencia llamada trasplante de órganos, me escandaliza. Nadie, al menos hablaré por mí, supuso que esos órganos de la visión se pervirtieron y se usaron como abono para las plantas, como elípticamente sugiere nuestro “defensor”. Sí que la llegada de cinco córneas se detuvo arbitrariamente de un día para el otro por el desmanejo general de la política sanitaria nacional. El tema que sí es escándalo y es pura información chequeada, es la medida del cepo a 600 personas. Y las córneas que no llegaron son un emergente de ello. No tiene sentido epidemiológico lo decidido (lean al profesor del Conicet Jorge Geffner) y. como arrastre, atropella el derecho constitucional de entrar y salir. ¿Discurso sesgado es denunciar que evitaron la llegada de una posibilidad divina de volver a ver a 5 personas? Acá se toman medidas y nadie prevé todas sus consecuencias. ¿El Director del INCUCAI no debería haber advertido de eso y participar del “escándalo”?
Ese es el tema y no verlo es provocar desinformación.
Como explicación del caso, el gobierno y el defensor de los lectores (o del gobierno, no sé) dice que dentro de unos días Aerolíneas Argentinas traería córneas. Traería. En unos días. Quizá el ombudsman haya tenido la empatía de chequear la angustia de las 5 familias que se prepararon para ver a uno de ellos y que el los viera y esperan ahora el “traerían” y “Unos días”. El propio médico Zaldivar reconoce la tardanza y lo inesperado del cierre. O sea.
Suena raro que un periodista suelte las teclas con tanta liviandad para escribir “campaña sucia”. Más que raro, indignante. Alcanzaba con chequear en todas las partes como él nos pide a todos, en los que sufren la medida, en el contexto y, sobre todo, en contexto general de la buena leche.
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