
La humanidad se encuentra ante uno de los desafíos más importantes de los últimos tiempos. La pandemia ha puesto de relieve las debilidades estructurales que arrastra nuestra región y la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran millones de personas en América Latina y el Caribe. Forjar un camino para salir de la emergencia sanitaria y sentar las bases para una recuperación justa y sostenible de la región requerirá un plan inteligente y focalizado, que contemple las circunstancias y condiciones de cada país, así como también liderazgos que promuevan la construcción de consensos en un mundo cada vez más fragmentado.
Hoy más que nunca, la región necesita de CAF. Nos encontramos atravesando el impacto de una fuerte caída de la actividad económica producida por la pandemia, inestabilidad financiera con un aumento de los problemas de sobreendeudamiento y una urgente crisis social, sanitaria y ambiental que desafía la gobernanza democrática. Necesitamos que instituciones multilaterales como CAF recuperen un rol protagónico en la movilización de recursos, el financiamiento de bienes públicos globales y regionales, la generación de conocimiento y el establecimiento de estrategias de inversión a largo plazo al servicio de un Nuevo Pacto para el Desarrollo.
Resolver las desigualdades históricas de la región en términos de condiciones de vida, género, educación, empleo, tecnología y desarrollo territorial requiere que primero logremos estabilizar la situación de emergencia sanitaria y social que nos ha puesto la pandemia del COVID-19. En este sentido, es imperioso articular con el resto de los organismos multilaterales iniciativas que garanticen el acceso de los países de la región a las vacunas, así como el desarrollo de capacidades locales para asegurar su producción, reduciendo a futuro el riesgo de falta de acceso asequible y oportuno a un bien estratégico para la salud de nuestros pueblos. Algunos de nuestros países ya han comenzado este proceso de producción de vacunas. Desde CAF vamos a apoyarlos para potenciar y escalar la producción, y así lograr que todos los países miembros se vean beneficiados.
Sin dudas, uno de los grandes desafíos que tendremos en el período de post-pandemia es cómo escalar la movilización de recursos para promover un proceso de crecimiento y desarrollo socialmente inclusivo, territorialmente conectado y ambientalmente sustentable. En este sentido, creo que la capitalización de CAF será un tema central de impostergable tratamiento que deberá ser abordado y consensuado por todos los países miembros, así como la incorporación de nuevos miembros, una mayor participación del sector privado y el establecimiento de mecanismos financieros innovadores de captación de fondos globales y regionales sin que ello afecte la identidad Iberoamericana y del Caribe.
Asimismo, CAF necesita de la región. Necesita del involucramiento activo de todos sus accionistas para fortalecer la gobernanza de la institución y avanzar en un proceso de transformación organizacional, tecnológica y de integridad, sin perder de vista los atributos que han caracterizado históricamente a la institución, como la agilidad y la flexibilidad para responder las necesidades de sus países miembros, respetando sus agendas y prioridades nacionales.
Si tengo la oportunidad de dirigir esta prestigiosa institución, trabajaré para que sea una CAF del siglo XXI que, a través de la confianza, el diálogo, el consenso, la diversidad, la integración y los acuerdos, se convierta en la herramienta más potente de América Latina y el Caribe. Sueño con una institución moderna, abierta y sostenible, comprometida con la recuperación y el desarrollo humano integral de la región, y se como cumplir ese sueño. Quiero que CAF sea un Banco de Desarrollo con un manejo financiero prudente y responsable, orientado fundamentalmente al financiamiento de infraestructura sostenible y resiliente que promueva la conectividad física y digital, la accesibilidad a servicios públicos, y la integración de mercados; promoviendo transversalmente la igualdad de género y la diversidad, el cuidado ambiental y la calidad democrática e institucional. En definitiva, quiero una CAF que sirva de puente para integrar a nuestra región al mundo y nos conecte hacia el futuro.
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