
Un día de estos viene el Gobierno y anuncia que anula la propiedad privada para siempre porque lo dijo el Papa y listo. Porque según el Papa Francisco, la propiedad privada es “un derecho secundario”. Y sanseacabó. Por eso, y ya que la cuestión sanitaria también está complicada, les digo, amigos, que es mejor curarse en salud y tratar de volver a las fuentes. Recordar que todavía no llegamos a la fase de teocracia y, por lo tanto, “al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
La separación de la Iglesia y del Estado es uno de los hitos de la modernidad mas allá de que la modernidad le resulte bastante ajena al ideario de las actuales autoridades de Argentina. Después de todo, lo que le deben envidiar al Papa es la monarquía absoluta del Vaticano.
¿Quién iba a discutir lo de avanzar sobre la salud privada en una monarquía absoluta? Nadie. Expropian las prepagas y le rezás a Máximo Kirchner en tu salud y en tu enfermedad. Que la ironía nos salve, ¿no? Ojalá todo esto fuera sólo una crónica desopilante de las noches radiales.
La realidad es que en esto hay que decir que el Presidente se le adelantó al Papa en avanzar de palabra y más de una vez contra los derechos a la propiedad desde Vicentin para acá, agregando en estos días la irresponsabilidad de que al decirlo una autoridad de la Nación cuando se refiere a terrenos, no puede desconocer que el efecto puede ser alentar ocupaciones o usurpaciones. Y, lamentablemente, la forma en que se maneja el Gobierno abre estos interrogantes.
El problema con las reformas con las que suele sorprender el kirchnerismo es que siempre aparecen como eso que en el mundo de los negocios llaman una “hostile bid”, una toma de posesión hostil pero sin siquiera las reglas del mercado. Acá se trata de manotear la caja. Y si la Constitución dice lo contrario, avanzar igual hasta dónde se llegue.

Si se buscara reformas consensuadas y serias, se acudiría al Congreso en vez de buscar comerse como un Pac-man a las empresas que dependen de alguna regulación y a las otras, si se puede, también. Porque eso hacen. Buscan comerse como un Pac-man a las empresas que dependen de alguna regulación para empezar.
Ahí es cuando los empresarios, que uno muchas veces ve que aplauden para dónde sale el sol, también recuerdan de pronto la importancia de defender los derechos y la democracia. Mientras tanto, eso es cosa de alguna oposición, de los periodistas y, sobre todo, de los ciudadanos. Pero más vale tarde que nunca, ¿no?
Unas líneas sobre la oposición que, por momentos, parece no darse cuenta que estas elecciones pueden ser una frontera. No digo todos los dirigentes de la oposición. Pero sí unos cuantos. Si en la Capital ganan caminando, ¿no debería estar viendo como hacer una elección competitiva en la Provincia de Buenos Aires en vez de sacarle el cuerpo o de mandar de paracaidista a otro porteño?
El número de bancas en el Congreso hoy es el único límite para las reformas que terminen con la república y que son la intención explícita del kirchnerismo. Como terminar con la Justicia como un poder independiente. Y la oposición increíblemente está jugando a definir ahora la presidencial. ¿No se dan cuenta que si no hay 2021 no hay 2023?

Seguramente la ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal puede hacer una gran elección en Capital. ¿Pero no será acaso la mejor candidata para la Provincia que ella misma prometió no abandonar? Es que Horacio Rodríguez Larreta no quiere que gane Patricia Bullrich, dicen algunos, porque quiere ser Presidente. Y es que María Eugenia también quiere ser Presidente, dicen otros. Y es que Patricia también quiere ser Presidente. Y Mauricio Macri, que ve caer la imagen de Cristina, dice si a ella la perdonaron a mí también y quiere ser Presidente.
Es muy sana e importante la ambición política. Pero sean serios. Los ciudadanos ven todo. Y si no pregúntenle a Héctor “Toty” Flores, que se va a postular como concejal para luego ser candidato a intendente en La Matanza porque entendió todo: el que gana La Matanza puede ganar el país.
En una última nota, ¿en qué gobierno vive Sergio Massa? Ayer dijo, desde los Estados Unidos: “No podemos tolerar presos políticos en Nicaragua”. Y también intentó tender puentes con la comunidad judía. Anda queriendo parecer distinto al kirchnerismo. Massa hace mímicas para que algunos olviden lo que no condena en los organismos internacionales el Gobierno que él ayudó a llegar al poder. Como dicen ahora, digamos todo.
*Editorial de Cristina Pérez en su programa Confesiones en la noche por radio Mitre
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