
Una vez, un periodista le preguntó a Einstein si podía explicar su Teoría de la Relatividad de manera sencilla. Einstein le contestó: “¿Usted puede explicarme cómo freír un huevo?”. “Sí, claro”, respondió el periodista. Einstein agregó: “Hágalo imaginándose que yo no sé lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite ni el fuego”.
Open banking no es la Teoría de la Relatividad, pero suele ser víctima de la simplificación. A menudo se recurre a la analogía con la “portabilidad numérica” de la telefonía celular. Según esta comparación, los usuarios podrían trasladar su información financiera de un banco a otro, o hacia una fintech. Sin embargo, la comparación es muy limitada. Siempre con el usuario en el centro, las tendencias en apertura bancaria son mucho más ambiciosas.
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Sencillamente, open banking se refiere al intercambio y aprovechamiento de los datos bancarios para crear sobre ellos nuevos y mejores servicios financieros. Los usuarios son quienes autorizan o no esta incorporación de capas de valor bajo la premisa de que esa información les pertenece. Estos datos son muy variables: historial crediticio, saldo a la vista en cuenta, agenda de pagos, información de transacciones y muchos más que pueden ser utilizados por desarrolladores para ofrecer mejores alternativas.
Este nuevo esquema, que está teniendo avances todos los días en todo el mundo, impulsa a las instituciones financieras tradicionales a cambiar su modelo de negocios: sin la capacidad de retener a los usuarios en su propio circuito y ante la disrupción de las fintech, deben enfocarse en la experiencia de usuario y en ofrecer cada vez mejores servicios. Esta apertura y aumento de la transparencia deriva naturalmente en una mayor competencia. ¿Quiénes son los más beneficiados? Los usuarios.
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Estos cambios han sido posibles por tres factores centrales. En primer lugar, la tecnología. La digitalización de las transacciones fue el primer paso, y luego las APIs habilitaron el intercambio inmediato de información entre aplicaciones. En segundo lugar, la transformación del mercado gracias a la incorporación de nuevos jugadores -las fintech-, cuyo salto en propuesta de valor y en escala cambiaron las reglas de juego. Y, en tercer lugar, debe mencionarse también al regulador, que en muchos mercados ha demostrado jugar un rol virtuoso.
En nuestra región, Brasil lidera en este último aspecto. En 2019, el Banco Central Do Brasil inició un proceso de consulta para regular open banking y estableció distintas etapas de apertura que ya están viendo la luz en 2021. Uno de sus mayores logros es el sistema PIX de pagos instantáneos, que además de ser un paso fundamental en el combate contra el uso del efectivo, baja las barreras para que nuevos jugadores ofrezcan mejores servicios a sus usuarios.
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En el fondo, open banking facilita la entrada para cualquier competidor y su capacidad para agregar valor en segmentos específicos, paradójicamente eleva la vara para todo el sistema. Bancos, fintech y compañías tecnológicas tienen al usuario en el centro con plena consciencia de que la única manera de cautivar a los clientes es con mejores servicios y experiencias. Porque ya nunca más estarán cautivos.
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