
En la falsa dicotomía planteada por el gobierno allá por marzo del año pasado, entre tener que elegir la salud o la economía, está claro que nos han mentido: no han elegido la salud por sobre la economía. El problema es que no eligieron tampoco a la economía sobre la salud. Es más, ni siquiera han priorizado otras cuestiones: simplemente han elegido no hacer absolutamente nada.
La extravagancia de las idas y vueltas por el tema de las vacunas Pfizer por parte del Gobierno nacional ponen al descubierto no solo el desatino en materia de salud, donde cada tres minutos hoy muere una persona por Covid en la Argentina, sino también la imprudencia, ineptitud, negligencia y absoluta ignorancia con la que conviven en materia económica.
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El propio Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, Santiago Cafiero, aseveró haber defendido los intereses de la patria escatimando 60 millones de dólares en vacunas, por haber sido éstas demasiado “caras” como para enfrentar semejante erogación en moneda dura.
El cierre de la economía cuesta por día 715 millones de dólares (al menos son los cálculos hechos durante el año 2020 en base a lo que arrojó la cuarentena estricta de aquellos tiempos). Sólo con un puñado adicional de vacunas pudimos haber evitado el cierre de estos 9 días de confinamiento estricto que sufrimos días atrás (más los dos días adicionales de encierro que vienen por delante) la economía del país dejará de producir por un total de 7.865 millones de dólares.
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Además, la falta de vacunas hace colapsar las terapias intensivas. Cerca de 7.000 camas están ocupadas a diario con pacientes a los que el coronavirus les ha jugado una mala pasada. Cada día en terapia intensiva, tiene un costo total (entre gastos directos, insumos médicos, personal y demás erogaciones indirectas) un promedio de 1.000 dólares, por lo que hoy por hoy el sistema de salud sangra 7 millones de dólares diarios sólo en costear a los pacientes más severos que transitan la enfermedad. Por supuesto que el costo del nefasto plan de vacunación no sólo involucra lo mencionado anteriormente, ya que además de esto la pandemia conlleva testeos, medicación y tratamiento a los pacientes de menor gravedad, gastos en prevención y desde ya, la imprevisión permanente que forja un futuro del que no sabemos bien que deparará, lo que produce un trágico freno en inversiones y generación empleo.
En el país teníamos que vacunar un total de 31 millones de personas (todos los que son mayores de 16 años), por lo que se necesitaban 62 millones de dosis de vacunas. Suponiendo que hubiésemos podido adquirir solo las vacunas más costosas del mercado, el gasto en las mismas hubiese sido de 1.860 millones de dólares: apenas algunos dólares más de los que dilapidó el gobierno intentando mantener los dólares financieros a su gusto. Incluso no hubiese sido necesario que se roben vacunas, ya que todos estaríamos vacunados.
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En la pandemia solo nos ha faltado algo: tomar la decisión correcta y además, haberlo hecho a tiempo.
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