
El 16 de marzo de 2021 el presidente Alberto Fernández anunció, entre otras cosas, la suspensión de las clases presenciales por medio de un decreto de necesidad y urgencia. A partir de haber decretado esa necesidad urgente, se han alzado voces en contra de la medida. Algunas cuestionan que en el 2020 se abrieron los bingos y casinos mientras que las escuelas permanecían cerradas.
Es la relación indirecta entre educación y azar lo que nos obliga a reclamar: si cierran las escuelas, no cierren los casinos.
-Bingos y casinos emplean alrededor de 150.000 personas. A lo que habría que sumarle los empleados de los hipódromos y toda la cadena productiva que se relaciona con la actividad hípica. Su cierre pone en riesgo la existencia de todos esos puestos de trabajo y por lo tanto, la posibilidad de los estados, nacional y provincial, de obtener ingresos basados en los cuantiosos impuestos que gravan esas actividades.
-Pero mucho más importante que eso, su cierre es un ataque certero a la esencia del sistema democrático porque sin el rubro de los juegos de azar, perderíamos las posibilidades de aprender, estudiar y practicar la relación entre esperanza, riesgo y fracaso, imprescindible para vivir en democracia. En ese sentido vemos que:
1- La posibilidad de elegir, mediante el voto, a las personas que se hacen responsables de dirigir los destinos del país, trae consigo el valor de mantener vigente la esperanza en un futuro mejor, al tiempo que nos hacen responsables de nuestra decisión. En democracia los candidatos se dicen conocedores de la martingala infalible para gobernar con éxito.
2-La mayoría de las veces, el voto popular no es otra cosa que una apuesta al burro ganador (mal que le pese esta comparación a los equinos), que pensamos que nos va a devolver esa postura con una mejora sustancial. El cierre de las clases presenciales debería despertar la conciencia respecto a la situación de los burros, no solo los actuales, sino los que estamos generando para un futuro cercano.
-Las recurrentes crisis del CONICET, la falta de recursos destinados a la investigación y la escasa importancia que le asigna el gobierno a la función educativa de la escuela, conforman un panorama que puede leerse en correlación con la suspensión de clases pero nunca con la suspensión de los juegos de apuestas.
-Quienes cuestionan la meritocracia deberían consagrarse a la defensa del azar, por lo menos con la misma enjundia con que defienden la militancia y se dedican a la obsecuencia. Con las escuelas cerradas, sólo el azar puede ser el bastión de la movilidad social.
-Las variadas regulaciones del Banco Central que limitan el libre flujo de divisas hacia y desde el exterior impiden, a su vez, que sea el heredero nigeriano que nos envió el correo electrónico, quien nos beneficie económicamente. En ese contexto, el cierre de los casinos, los bingos e hipódromos sería un nuevo golpe a nuestra legítima ilusión de salir de pobres.
Por eso insistimos, si cierran las escuelas, no cierren los casinos.
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