
Desde un primer momento, los industriales mostramos nuestro total compromiso en la prevención de la pandemia del coronavirus, proponiendo y ejecutando protocolos de higiene y transporte que con el tiempo nos permitieron regresar a las fábricas de forma segura.
Esto fue posible gracias a un trabajo conjunto con los gobiernos nacional, provinciales y municipales, con los que mantuvimos encuentros regularmente, analizando y avanzando en nuevos protocolos de trabajo. A partir de estas reuniones, la industria se adaptó al nuevo escenario rápidamente y sus trabajadores mostraron una notable capacidad de aprendizaje y absorción de las nuevas normas de convivencia en las fábricas de todo el país, evitando así contagios durante las horas de trabajo.
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A un año de aquellos primeros cambios, hoy podemos decir que el esfuerzo rindió sus frutos. Tras una fuerte caída en los primeros meses posteriores a la cuarentena inicial, la industria mostró una gran resiliencia: según un reciente informe del Ministerio de Desarrollo Productivo, la industria incrementó su producción hasta registrar un crecimiento del 4,3% en el primer trimestre del 2021, superando así los niveles prepandemia.
Estos datos, sumados a la casi nula contagiosidad en las fábricas, demuestran que la industria aprendió a convivir con el virus. Las estadísticas así lo demuestran: los contagios en el interior de las fábricas fueron casi nulos desde que se aplicaron los estrictos protocolos vigentes. A esto se suma que el transporte de los trabajadores fue garantizado por cada empresa, con el objetivo de que el funcionamiento industrial no incrementara la movilidad en las calles y el uso del transporte público.
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Es por ello que considero fundamental que durante la trágica segunda ola de contagios que hoy golpea a gran parte del país, las autoridades gubernamentales valoren el esfuerzo y reconozcan la efectividad de las medidas aplicadas en las fábricas, que transformaron al sector en un espacio seguro de trabajo.
El incremento de contagios que se observa en la actualidad no proviene ni de la industria, ni de la actividad comercial, sino de los encuentros sociales en los que los argentinos bajamos la guardia y no tomamos medidas de prevención. Las industrias y los comercios, a diferencia de los domicilios, tienen estrictos protocolos para evitar estos descuidos.
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Estoy convencido de que establecer normas y cumplirlas a conciencia es lo único que nos permitió a los industriales compatibilizar salud y economía, rompiendo así con la falsa dicotomía que algunos pocos aún defienden.
A un año de la pandemia, los industriales, en colaboración con el Estado, aprendimos y ejecutamos un riguroso plan que demostró ser efectivo. Su éxito, dependerá de su continuidad.
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