
Cierta sensación de caos parece haberse enseñoreado en la sociedad: a) el virus avanza con fuerza y se viene el frío; b) la vacunación es más lenta que la necesaria; c) se han perdido los consensos básicos entre Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta para enfrentar los problemas; d) hay temor por los efectos de la pandemia en la economía, y la salud “integral” de la población (física, mental, espiritual); e) la inflación no deja de aumentar.
Ante este estado de cosas, mis sugerencias serían las siguientes:
1. La gestión colectiva de la pandemia en el área más álgida (AMBA) debiera retomarse. El presidente Alberto Fernández y el Jefe de CABA, Horacio Rodríguez Larreta deberían volver a trabajar consensuadamente, como a principios de la pandemia en 2020, junto con los ministros de Salud de la Nación (Carla Vizotti), CABA (Fernán Quirós); y de la provincia de Buenos Aires (Daniel Gollan), y equipo de expertos asesorando (epidemiólogos, matemáticos, psicólogos, economistas, sociólogos, etc.).
2. Los cierres de circulación de personas (y por tanto de virus) parecen inevitables, y deben consensuarse de modo que sean lo más inteligentes posibles (focalizados en tiempo y espacio). No luce nada inteligente cerrar escuelas mientras se hace la vista gorda a las aglomeraciones en ferias y otros lugares en muchísimas partes (La Salada, Bernal, Unicenter, etc.).
3. Si, por ejemplo, surgiera la conveniencia de “cerrar todo” 3 o 4 semanas, deberían cerrarse en serio, todos los circuitos de circulación de personas convenientes (p.ej. trenes todos sentados y con asientos libres, al igual que en colectivos, etc).
4. Lo que hubiera que cerrar de fábricas o comercios (velando sea lo menos posible), debiera ser compensado por el Estado vía ATP, y la obligación de “quedarse en casa”, si finalmente fuese necesario aplicarlo, debería también venir acompañado de un nuevo round de IFE.
5. El ATP podría basarse en un esquema donde se facilitara que los sueldos bajaran en un 30%, y el Estado pagara el 70% restante.
6. El Estado podría producir ahorros variados en resto de partidas, incluyendo obra pública, que también genera movimiento y contagios.
7. Parte de los sueldos públicos (por ejemplo 30%), en particular de aquellos que no van a trabajar, podrían o bien bajarse temporalmente, o eventualmente pagarse con bonos a mediano plazo, a efectos de minimizar los riesgos cambiarios e inflacionarios del mayor déficit fiscal por ATP, Repro, IFE, etc.

8. Probablemente haya que aceptar un mayor déficit fiscal (temporario), con su consiguiente secuela de mayor emisión de bonos, mayor emisión de pesos, suba del dólar libre, suba de la inflación, y necesidad de ajustar la “tablita” cambiaria actual.
9. Sería deseable que se presente en compensación, un proyecto de Presupuesto preliminar para 2022, que contemplara importantes ajustes, bajando el déficit primario a la zona de 2% del PBI. Si se hace de manera creíble con importante apoyo político (de la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner y del diputado Máximo Kirchner especialmente), las expectativas devaluatorias e inflacionarias quedarían más acotadas.
Insultarse en lugar de coordinar, no cerrar lo que sí debiera cerrarse para evitar pagos fiscales, cerrar lo que es más fácil aunque no sea lo más efectivo (escuelas), hacer cierres más mediáticos que reales (conurbano especialmente), no contribuirá a pasar mejor este momento tan malo y angustiante.
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