
Podría haber sido un guión de Casados con hijos pero la realidad superó a la ficción y las polémicas acusaciones de la actriz Érica Rivas (“me echaron por ser feminista” y “Francella me dijo feminazi”) llegaron a marcar tendencia, remarcando la grieta ideológica de géneros.
A pesar de las fuertes declaraciones, el público se inclinó en las redes sociales por el actor Guillermo Francella, mostrando que existe paridad en el maltrato, algo que también se veía en la serie televisiva.
Y así lo demostraron las estadísticas que llevó a cabo la fundación “Ayudar y Crecer”, que identificó que en Argentina cada 2 días se conoce 1 caso de un hombre agredido por su pareja o ex.
El relevamiento de noticias impartidas -tímidamente- en medios del interior arrojó cifras impactantes: hubo al menos 34 víctimas varones en los últimos 58 días en manos de sus parejas o ex que los apuñalaron, golpearon, hostigaron, los prendieron fuego o les dispararon.
Aparte de estos casos, se viralizaron rápidamente historias increíbles, como la de una mujer que le incendió el auto a su ex pareja en Córdoba y que terminó con el 70% de su cuerpo quemado; y en San Miguel otra mujer le rompió el auto a su ex con un palo de hockey y amenazó de muerte a la actual pareja.
Así se pudo corroborar que no podemos criminalizar presumiendo que la violencia está en el ADN masculino. Los hombres también sufrimos violencia pero al Estado pareciera que no le importa y se busca generar una visión ideológica enfrentando a la sociedad de manera totalitaria, a contramano de una sociedad evolucionada que proclama la igualdad.
Insistimos siempre en que buscar la igualdad no significa restarle derechos a la mujer. Nada más lejos. Incluso en el recorrido hacia la igualdad protegemos a muchas mujeres. Por ejemplo, cuando una mujer realiza una falsa denuncia le quita tiempo y recursos judiciales a otra mujer que verdaderamente lo necesita.
Esta es la igualdad que buscamos: que el hombre cuando sea denunciado se lo investigue buscando la verdad y no se vulnere la presunción de su inocencia por ser varón, o porque el juez tenga miedo a ser escrachado.
Los hombres padecemos todo tipo de violencia física, psicológica, financiera, económica, de impedimento de contacto con los hijos en materia de divorcios o separaciones y falsas denuncias. Es un flagelo cotidiano que afecta a miles de familias y que no solo sufre el varón, sino también las madres, abuelas, hermanas y nuevas parejas de las víctimas (que detectamos que también son atacadas por las ex) y, por sobre todo, los niños, a quienes se les deja secuelas irreparables.

Por eso es importante que los varones se animen a denunciar, al igual que las mujeres.
Según el estudio realizado por las investigadoras del CONICET Antonella Bobbio y Karin Arbach, en promedio el 34% de las mujeres y el 22% de los varones habían agredido físicamente a sus parejas en el último año de relación. A esto se suma el aporte de Marta Albarracín, ex directora de proyectos de ese mismo organismo, que resaltó que en el marco de los conflictos post-divorcios, 2 de cada 3 denuncias contra padres por abuso sexual resultan falsas, mientras que la investigación Partner Abuse State of Knowledge Project demostró también que existe paridad en las tasas para hombres y mujeres tanto como agente activo como pasivo del abuso, y por eso se recomienda reconocer también a las víctimas masculinas.
Frente a esta situación se impulsó el proyecto de la Ley Alejo -que ya cuenta con el apoyo de más de 50 ONGs de todo el país- y que busca cerrar la grieta de géneros y abordar la problemática desde la concientización para fomentar las relaciones saludables.
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