
Sean alazanes, zainos, overos, no importa su pelaje ni color. Sean de trabajo o de cualquier disciplina deportiva . Tampoco su raza; criollos, de polo, de trabajo, puros o de decenas de otras razas y procedencias que viven en suelo argentino . Siempre fue una industria pujante y proveedora de trabajo, y hoy además está unida .
Es un sentimiento muy especial. No tenemos dudas que la patria se hizo a caballo. Así lo dice nuestra historia. Hay infinidades de argumentos por los cuales se tiene semejante amor por este animal.
La industria nacional equina se expandió desde la frontera con Bolivia, en Jujuy, hacia todo el país con los caballos que utiliza la gente del lugar, con los caballos del cerro -nacidos y criados allí-, con los caballos que emplea el paisano correntino para atravesar bañados y montes, o con el caballo de Tierra del Fuego que aguanta en el invierno temperaturas de más de 10 grados bajo cero. Todos ellos cumplen diariamente funciones sociales insustituibles y hay muchos otros que nos llevaron a los mas altos sítiales del deporte en el mundo .
Somos los mejores e indiscutidos a nivel internacional en el polo, al igual que nuestros jugadores, amansadores y petiseros . Nos estacamos en distintas épocas en hipismo, somos exportadores y nuestros ejemplares compiten a nivel mundial . Hoy esta industria, nuestra industria, está amenazada por un virus del cual aún no se conoce la cura, no existe vacuna y su propagación por todo el territorio nacional está amenazando el valor de nuestra producción.
La Anemia Infecciosa Equina (AIE) afecta a todos los caballos por igual, a todos los aquí citados, sin importar el pelo, su función ni su raza generando una perdida de valor total para los productores ecuestres. Un caballo con anemia no tiene otro destino que el frigorífico por más lamentable que esto sea.
Potrillos, potros, yeguas, potrancas, caballos jóvenes, viejos, todos se ven afectados por igual. Es responsabilidad de todos los que conformamos esta industria trabajar para que la anemia no siga expandiéndose por todo nuestro país.
La única manera de detener la transmisión de este virus es mediante la prevención. Es necesario realizar todos los análisis respectivos antes de mover a los caballos o de recibirlos dentro de un establecimiento.
En caso de aquellos productores que no tienen necesidad de mover sus caballos deben realizar un análisis en todo el rodeo equino una vez por año, no utilizar la misma jeringa en distintos animales ni tampoco emplear la misma embocadura en los diferentes caballos. De no ser posible, hay lavarlos cuidadosamente antes de volver a usarlos, evitar zonas pantanosas, bajos o bañados; sobre todo en la temporada de calor.
Los casos positivos deben ser denunciados ante el SENASA e informados a los productores ecuestres cercanos. Por último, hay que utilizar insecticidas para controlar el tábano y otros insectos que transmiten este virus.
Esta enfermedad no tiene cura y un caballo con anemia puede contagiar a todos los caballos cercanos. La única manera de cuidar el valor, ya sea afectivo o económico, es realizando el manejo correcto del ganado; haga análisis, cuide su producción, cuide nuestra industria.
La prevención, el control y la denuncia son las únicas soluciones para controlar este virus. A la anemia la frenamos juntos entre todos . Hagámoslo por el caballo argentino.
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