
La suspensión de las PASO para las elecciones legislativas del año entrante solicitada en masa por los gobernadores al gobierno nacional vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de revisar la forma en que los argentinos y las argentinas votamos.
Actualmente, tanto en la elección de cargos nacionales como de cargos provinciales en veintiuna de las veinticuatro provincias se sigue utilizando el sistema de boleta múltiple (popularmente conocido como lista sábana) que fomenta el arrastre de votos en un doble sentido: por un lado, entre diferentes categorías de un mismo orden (presidente y senadores y diputados nacionales; gobernador y legisladores provinciales; intendentes y concejales); y, por el otro, entre los diferentes órdenes (nacional, provincial y municipal). Este último supuesto se perfecciona con otro elemento central de nuestro diseño electoral: la simultaneidad de los procesos electorales de jurisdicciones-órdenes diferentes.
Córdoba, Santa Fe y Salta son las únicas provincias que se apartaron de este esquema. Las dos primeras utilizan desde el 2011 la Boleta Única en Papel (BUP) y Salta aplica la urna electrónica desde 2009 aunque existe un amplio consenso entre las fuerzas políticas locales de adoptar la BUP. La experiencia indica que la BUP es el sistema de votación que mejor garantiza la libertad del elector y es hoy el más utilizado por las democracias modernas debido a que: a) los partidos políticos no tienen que dedicarse al diseño, impresión, distribución y reparto de boletas; b) se imprimen sólo un poco más de la cantidad total de electores, las suficientes para todos los votantes, con menor costo; c) la boleta es entregada por el presidente de Mesa (no está más dentro del cuarto oscuro) con lo cual se evita el hurto de votos; d) el Estado es garante de la transparencia del comicio aunque algún partido no tenga fiscales en algunas mesas de votación; y, en definitiva, e) otorga mayor transparencia al acto electoral.
Ahora bien, cada una de estas provincias eligió un modelo diferente de BUP. La diferencia central es que en el caso santafesino hay una boleta para cada categoría en juego en la elección, mientras que el cordobés incluye en una sola papeleta todas las categorías con la opción incluso de votar la lista completa.
El modelo santafesino se preocupa por reflejar las preferencias de los electores en cada categoría sometida a escrutinio y, en ese sentido, facilita los frenos y contrapesos necesarios para el buen funcionamiento del sistema. Sin embargo, suele criticarse porque dificulta la gobernabilidad de quien resulta ganador en las categorías ejecutivas en tanto estimula la fragmentación del voto entre las diferentes categorías y profundiza la personalización de la política al hacer hincapié en los candidatos más que en las propuestas o proyectos de los partidos o frentes electorales.
El sistema cordobés, por su parte, aun cuando facilita no alienta al elector la elección de diferentes opciones para cada categoría. Por el contrario, al incorporar las ofertas electorales de todas las categorías en una misma boleta y permitir el voto de “lista completa” fomenta el efecto arrastre, característico del sistema de boleta múltiple. De esta manera intenta compatibilizar las preferencias de los electores y la gobernabilidad del poder ejecutivo.
Sin dudas, la adopción de cualquiera de estos dos modelos en las elecciones legislativas del año próximo implicaría un avance significativo en nuestra manera de votar y permitiría mejorar sensiblemente los índices de aprobación de la ciudadanía sobre la forma de votar, tal como ha sucedido en ambas provincias.
Ahora bien, la preocupación por la gobernabilidad en un modelo presidencialista como el argentino es un elemento que no puede soslayarse, sobre todo en un contexto de crisis recurrente como el que vive nuestro país desde hace muchísimos años.
En ese sentido, la implementación del modelo cordobés para la elección de cargos nacionales parecería ser la alternativa que recoja los mayores consensos en tanto atiende la preocupación por la gobernabilidad del sistema. Al mismo tiempo, aquellas provincias que decidan realizar sus elecciones provinciales en simultáneo con las nacionales deberían adoptar también este modelo de BUP o, en su defecto, constituir cuartos oscuros separados para la elección de cargos locales. De esta manera, se estaría minimizando el efecto arrastre entre candidatos de diferentes jurisdicciones sin descuidar la gobernabilidad dentro de cada una de ellas. En suma, compatibilizar la exigencia de que los resultados expresen con la mayor fidelidad las preferencias del electorado y la búsqueda de gobernabilidad en cada jurisdicción.
Es necesario cambiar la forma en que votamos y la BUP es el camino.
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