
Algunos se preguntan cómo es posible que, a ocho meses de asumir, el Gobierno se encuentre con movilizaciones en contra, cuando por lo general hay una especie de pacto de caballeros de respetar como mínimo un año para hacer saber descontentos y críticas a los nuevos gobernantes. No es esta la primer manifestación que se organiza “espontánemente”, si así se entienden los llamados por las redes con textos que se replicaron una y otra vez -demostrando que los centros de trolls continúan trabajando-, así como también de modo explícito actores como Luis Brandoni y Maximiliano Guerra y algunos dirigentes del PRO como Patricia Bullrich y Elisa Carrió también convocaron a manifestar. La pandemia ha acelerado los tiempos políticos y hace que situaciones que son extraordinarias en más de 100 años puedan ser leídas por algunos como generadas por un gobierno.
Es difícil saber cuán masiva fue la movilización. Sí podemos decir que se trata de un sector social que se moviliza por distintos reclamos pero que converge en un momento. Estuvieron los enojados con la cuarentena, los enojados porque no se les autoriza a trabajar, los que suponen que la reforma judicial es para garantizar la impunidad de Cristina, los que directamente se enojan porque Alberto Fernández está en al Gobierno, y los más enojados aun porque en el Frente de Todos está Cristina.
Se suele suponer que solo el peronismo es capaz de movilizar, de ganar la calle, pero esto no es cierto. Si miramos los últimos 15 años encontramos con claros ejemplos que los sectores opositores al peronismo se han movilizado con suma fuerza. Recordemos simplemente algunos casos: desde la marcha por seguridad encabezada por Juan Carlos Blumberg, pasando por las masivas manifestaciones que convocó el sector agropecuario en 2008, también aquella por la muerte del fiscal Nisman y hace poco la movilización por Vicentin. Quizás haya que refrescar que Mauricio Macri logró remontar casi 2.000.000 de votos entre las PASO y las generales convocando a sus votantes a la calle, recorriendo gran cantidad de capitales de provincias y cerrando con 300.000 manifestantes su campaña en el Obelisco. La clase media no solo mira las cosas por TV, también gana la calle. Es claro el sesgo social de los que hoy han asumido como propia la convocatoria. Se trata de una clase media que está molesta tanto por temas institucionales como económicos. Pero lo cierto es que Macri no ganó, aunque sacó a su electorado a la calle. Del otro lado hay un electorado que también sabe ganar la calle pero hoy no puede hacerlo. El gobierno nacional en la actual coyuntura está doblemente maniatado. La pandemia a nivel mundial ha generado costos económicos en todos los países, hayan hecho o no cuarentena, pero además la Argentina padeció una calamitosa situación en donde deuda externa y parate económico se potenciaron. Al definir como prioridad el cuidado de la salud, no puede convocar a marchas de apoyo a una base electoral en su mayoría sumida en la pobreza y con mucha preocupación por el coronavirus, y que en caso de salir a la calle a manifestarse es el sector que mas riesgos sanitarios asumiría dada sus condiciones de vida. Hoy vimos manifestantes en las calles, pero también muchos vehículos. Me costaría pensar que en una movilización de apoyo al Gobierno su base social la realice desde vehículos particulares. Obviamente que Alberto Fernández debe tomar nota de que hay un sector social que está disconforme con algunas cosas y protesta. Tendrá que poder discriminar, entonces, entre aquellos que definidos como opositores duros siempre lo enfrentarán y aquellos que hoy se muestran disconformes por resoluciones económicas, sanitarias o institucionales. A los primeros nunca podrá convencerlos. Ni Rodríguez Larrreta logró hacer que se queden en sus casas. A los segundos es un deber que sepa interpretarlos, porque un Gobierno siempre necesita el apoyo del electorado independiente.
El autor es consultor político
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