
El anuncio de que Israel y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) normalizan relaciones diplomáticas ha sido un bombazo informativo que nadie se veía venir.
Ni siquiera el socio de gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, Benny Gantz, y tampoco analistas ni académicos.
El consenso internacional, hasta ayer, sobre la dinámica de Medio Oriente era que cualquier acuerdo de paz con cualquier país árabe estaría siempre condicionado a la resolución del conflicto israelopalestino, con especial énfasis en las concesiones israelíes, sobre todo su retirada de Cisjordania (o Judea y Samaria), de manera total o de gran parte del territorio.
Esta norma explícita a lo largo de los años ha hecho que la cooperación entre Israel y algunos países árabes no sea conocida, ya que dichos países se niegan a hacerla pública mientras el problema palestino no se resuelva.
En el comunicado conjunto emitido por la Casa Blanca, el presidente estadounidense Donald Trump, el mandatario israelí Netanyahu y el líder de los EAU, Mohamed Bin Zayed, declaraban que Israel acordaba suspender la declaración de soberanía que proponía el plan de paz de Trump y que iba concentrar todos sus esfuerzos en ampliar lazos con otros países del mundo árabe y musulmán.
Por su parte, la Autoridad Nacional Palestina exigió a la EAU que se “retractase de inmediato” y llamó a la normalización de relaciones con Israel una “decisión despreciable”.
El liderazgo palestino rechaza las acciones del gobierno de los emiratos porque lo considera una traición al pueblo palestino. Sin embargo, lo que parece que sucede con este cambio en la geopolítica del entorno es que las reivindicaciones maximalistas palestinas se están quedando aisladas en el mapa político de Medio Oriente.
En momentos de crisis política y sanitaria como estos, esta noticia nos permite ser optimistas respecto del futuro de la región. El hecho de que uno de los países árabes más avanzados y ricos acceda a tener relaciones diplomáticas con Israel, que incluyen apertura de embajadas y vuelos directos, coloca a Netanyahu junto a sus predecesores Menahem Beguin e Yitzhak Rabin.
Con el primero Israel firmó la paz con Egipto, en 1979, y con el segundo firmó la paz con Jordania, en 1994.
Con este histórico pacto del 13 de agosto de 2020 puede que Israel se esté acercando poco a poco a la ansiada paz con el mundo árabe.
La autora es directora de Fuente Latina
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