El Papa y el pueblo como categoría mítica

"El pueblo se hace en un proceso, mediante un compromiso en vista de un objetivo viviente concreto o proyecto común", dice el Santo Padre

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FOTO DE ARCHIVO: El papa Francisco celebra la audiencia general semanal en la Biblioteca del Palacio Apostólico en el Vaticano, el 10 de junio de 2020. Los medios de comunicación del Vaticano, a través de REUTERS

Los mitos fueron en sus orígenes maneras de explicar la realidad de lo ocurrido o de lo que habría de ocurrir. Más tarde se identificó el mito con la propia historia o como una segunda historia. Por la teología fueron y son considerados “revelaciones divinas” y por la filosofía elemento posible e ilustrativo de la historia humana, como una forma de conocimiento, como supuestos culturales.

Los mitos pueden estar en historias en el ámbito de la moral o de la vida religiosa. En la actualidad se desarrolló la construcción o destrucción de mitos (en especial por los medios) al servicio de intereses comerciales o políticos. Los mitos siempre se encuentran en la historia de las élites o del pueblo. Se advierten comportamientos míticos en las élites en la obsesión por el éxito que traduce el oscuro deseo de trascender los limites del individuo. Piénsese en el mito de la eterna juventud, la vida por tiempo indefinido, estar entre los más ricos del mundo o simplemente el culto del automóvil último modelo. Y hay una mitología popular a la que nos referimos luego. Los mitos se crean con historias a veces fabulosas y falsas (publicidad, manipulación judicial) y a veces verdaderas (como en la construcción de un pueblo). Basta revisar nuestra historia, la historia de nuestras obras de arte, la historia de nuestras luchas por la emancipación o por la construcción de las instituciones republicanas y por la justicia social.

El sentido (de la vida), el llamado (o vocación) y la belleza (del alma)

Las tres notas publicadas en Infobae sobre las imágenes a las que remite en su discurso de lanzamiento de la Universidad del Sentido el Papa Francisco son la del film La strada de Fellini, la de la pintura La llamada de San Mateo de Caravaggio y la del libro El idiota de Dostoyevski y como lo observamos pueden considerarse obras de arte que tienen un sentido mítico y religioso.

Tres obras de arte, tres realizaciones culturales del hombre, tres historias, dos imaginarias como en los casos del film y El idiota, o reales como el caso de San Mateo (A. Colunga O.P. Strom. V. X), las tres surgen de la realidad histórica, cultural, religiosa y social de tres pueblos particulares: Rímini, Roma y San Petesburgo. La periferia de Rímini, pueblo de la Italia donde Fellini se inspira en la figura de un castrador de cerdos del poblado, mujeriego y una niña tonta; Caravaggio, nacido en Milán en 1571, en su adolescencia se fue de la casa a trabajar de aprendiz en un taller en Roma, los personajes, el clima de la taberna están extraídos del pueblo romano del siglo XVI; Fiodor Dostoyevski uno de los seis hijos de una familia de sector medio de la Rusia zarista, de padre alcohólico y autoritario, en San Petesburgo y en sus viajes por Europa inspiró sus personajes, sus historias y dilemas filosóficos y religiosos.

“El pueblo se hace en un proceso”, dice el Papa

En las obras queda puesto de relieve el genio de sus autores, pero las obras no son tan sólo fruto del virtuosismo de aquellos. Son el resultado de un proceso y el diálogo entre el genio y el pueblo y entre las distintas generaciones, diálogo que los hace a “todos uno” y les da un sentido. Las obras participan del alma del pueblo, del proceso histórico, de la cultura y de la mitología popular. Se podría decir que Fellini, Caravaggio y Dostoyevski son los obstetras que llevan adelante el parto, pero la urdimbre es la cultura de sus pueblos que subyace en las obras.

“El pueblo se hace en un proceso, mediante un compromiso en vista de un objetivo viviente concreto o proyecto común. La historia está construida por este proceso de generaciones que se suceden dentro de un pueblo” (Papa Francisco en Le orme de un pastore. Una conversación con el papa Francisco, de Antonio Spadaro).

“¿Por qué hay tanto miedo de hablar de pueblo?”

El Santo Padre -entonces arzobispo de Buenos Aires– en su discurso “Nosotros como ciudadanos, nosotros como pueblo… por el bicentenario en justicia y solidaridad 2010-2016” dijo: “Ciudadanos es una categoría lógica. Pueblo es una categoría histórica y mítica. Vivimos en sociedad, y esto todos lo entendemos y explicitamos lógicamente. Pueblo no puede explicarse solamente de manera lógica. Cuenta con un plus de sentido que se nos escapa si no acudimos a otros modos de comprensión, a otras lógicas y hermenéuticas”.

Es verdad que “pueblo” es un término ambiguo como reconoce el propio pontífice y comentando a este respecto Enrique Palmeyro se pregunta “¿Por qué hay tanto miedo de hablar del pueblo? En primer lugar por el carácter de entidad abstracta que adquirió durante el romanticismo nacionalista europeo. En cuanto idea abstracta, pudo ser manipulada por diferentes corrientes ideológicas...”.

A este concepto, Rafael Tello lo llama pueblo en sentido “mítico partiendo de una realidad histórica que pudo ver operante y activa (...) de un sujeto palpable, que con coherencia toma decisiones que marcan la historia y, a la vez, se va configurando a sí mismo” (”Teología del Pueblo y la Teología del Padre Rafael Tello”, conferencia de Enrique Palmeyro, Buenos Aires, enero de 2019).

El valor del rito, la acción y la fiesta

El Arzobispo Víctor Manuel Fernández en el artículo titulado”El padre Rafael Tello: una interpelación todavía no escuchada”, publicado en la Revista Vida Pastoral No 236, 2002 (UCA), transcribe: ”Mientras la cultura ilustrada -dice Tello -prioriza grandemente la palabra, la cultura popular capta más fácilmente y da un lugar más central al rito, a la acción, que aunque se refiera a un objeto natural –el trabajo, la fiesta– tiene un contenido religioso... Privilegia un lenguaje simbólico y mítico y lo enriquece con formas no verbales, de silencios y movimiento, de canto y música, de ofrecimiento y don, velas, flores, etcétera”.