
Ante el escenario post-pandemia que se avecina a nivel local, con una caída del PBI que se pronostica entre el 12% al 15% para este año, nuestro país va a quedar con un PBI per cápita comparable al año 1974, con uno de cada dos argentinos en la pobreza, con una tasa de desocupación galopante, con una inflación contenida por la recesión que se puede disparar de forma peligrosa, sin posibilidad en el corto plazo de acceder a financiamiento de los mercados, con un tejido social deteriorado y con un estado quebrado e infinanciable.
Ante este panorama de profunda crisis, se necesita una unidad de los actores de las principales fuerzas políticas, tanto del oficialismo como de la oposición, que representan más del 90% del electorado, para poder sacar el país de una situación que se va a prolongar más allá de dos o tres mandatos presidenciales.
Hay que reaccionar a tiempo y para eso se necesita actuar en busca del “consenso”, palabra tan fácil de pronunciar y tal difícil de construir.
Entre las bases para construir “consenso”, lo primero que se necesita es un diagnóstico compartido por las principales fuerzas políticas, sobre la situación actual que constituye la base de partida para el camino a recorrer. Si no nos ponemos de acuerdo en el diagnóstico, es muy difícil construir un camino de futuro.
Alcanzar un “consenso” efectivo, requiere de ciertas condiciones necesarias, que solo la grandeza de los actores puede ofrecer, construyendo un camino solido que nos permita mirar el futuro con esperanza.
Esas condiciones se basan en el dialogo, la transparencia y la sinceridad de las posiciones. Se trata de buscar el bien común, priorizando los intereses de la sociedad por sobre los intereses particulares, corporativos o partidarios. Dejar de lado las ideologías extremas, ya sean de derecha o de izquierda, en pos de un porvenir digno para todos los habitantes de este país. Las críticas deben ser constructivas y aportar al sano debate, en lugar de ser destructivas, y desautorizar o descalificar la opinión del otro, en pos de una mezquina posición de ganar-perder. Es imprescindible no estancarse en el solo mirar para atrás, y mirar para adelante, no buscar más culpas sino soluciones. Actuar en todo con rectitud de intención, para construir algo tan difícil como la “confianza”, que constituye la base de la convivencia social y de la convivencia democrática y republicana.
Debe construirse consenso a partir de coincidencias mínimas, para poder armar un plan de largo plazo, pero con objetivos concretos en el corto plazo. El consenso tiene como principal condición el “ceder”, ceder desde mi posición y que las otras partes también puedan ceder, “todos perdiendo algo”, pero “ganando” para la construcción del bien común de la sociedad.
Y si hay que corregir cosas del pasado, que nos sirvan como medio de aprendizaje y no solo como excusa para eternizarnos en la búsqueda de culpables. Si alguien actuó mal en su gestión, deberá dar cuenta de su accionar en la justicia, con ese fin existe la división de poderes, sobre la que se sustenta la república democrática. Pero dejemos de actuar con mezquindades o chicanas, que atentan contra la construcción de confianza y le hacen muy mal al país.
De no comprenderse la gravedad de la situación y continuar con perspectivas sesgadas y altisonantes declamaciones irreales sobre el porvenir del país, y de nosotros como sociedad, vamos a un camino de dimensiones críticas, del que nos va a llevar varias décadas regresar. Ojalá que los actores de la política de nuestro país estén a la altura de las circunstancias que se avecinan, y podamos reflexionar y actuar a tiempo.
El autor es profesor del IAE Business School y miembro de Consensus, Centro de Negociación y Resolución de Conflictos
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