
El siglo XIX fue el de la escuela primaria. El XX, el de la secundaria. Este, que es el siglo de la ciencia y la tecnología, es el siglo de la universidad: por esta razón es grave que nos estamos quedando rezagados, ya que en América Latina son muchos los países que vienen avanzando en su graduación universitaria a un ritmo superior al nuestro.
Si tenemos en cuenta el tamaño de las poblaciones, nosotros matriculamos más estudiantes universitarios que el resto de los países latinoamericanos. Uno debería suponer que si tenemos más estudiantes deberíamos tener más graduados, pero no es así, sino todo lo contrario. Este rezago se viene acentuando desde hace más de una década.
Nuestra acumulación de capital humano calificado es insuficiente, porque incide negativamente una deserción universitaria muy alta. Esta deserción es menor en Cuba, Costa Rica, Ecuador, Chile, México, Brasil y México, donde se gradúa alrededor del doble de sus ingresantes que en nuestra universidad. Recordemos que el ingreso a las universidades es distinto en Argentina a la mayoría de los países del mundo (incluso de los países con gobiernos comunistas), ya que entre nosotros legalmente rige el “ingreso irrestricto”.
Tenemos pocos graduados universitarios, debido a la gran deserción por el escaso nivel educativo de los ingresantes. En las universidades privadas casi la tercera parte de los estudiantes no aprueba mas de una materia en el año, mientras que en las estatales esta proporción llega a la mitad. Es así como nuestras universidades apenas gradúan 30 de cada 100 ingresantes, cuando son muchos los países donde se gradúan mas de 60 cada 100.
Nuestro sistema universitario es uno de los pocos que carece de una transición ordenada desde el ciclo secundario al universitario, ya que la mayoría de las naciones implementan exámenes estatales de evaluación de conocimientos al finalizar el ciclo secundario. La ausencia de este tipo de exámenes generales al finalizar el secundario es una desventaja para nuestros alumnos, ya que deteriora el proceso de estudio en este nivel. Es común escuchar a nuestros profesores universitarios de primer año destacar las grandes deficiencias en la preparación de los estudiantes secundarios y la elevada deserción.
En este siglo de la ciencia y la tecnología, cada día que pasa es más importante la universidad y el nivel educativo de los estudiantes secundarios que acceden a ella. El nuevo capital es el capital humano y ya es hora de fortalecerlo: estamos en el siglo XXI.
El autor es miembro de la Academia Nacional de Educación
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