
El deterioro gradual y profundo de las capacidades de las fuerzas de defensa afecta las posibilidades de cumplir con sus misiones: principales y secundarias. Las áreas de infraestructura, equipamiento, tecnología, logística y personal están particularmente afectadas. Muchos años serán necesarios para revertir este proceso.
La dinámica posterior a la Guerra de Malvinas estuvo iluminada por una marcada desconfianza hacia las Fuerzas Armadas. La sanción unánime de las leyes del consenso democrático permitió un avance sustancial e imprescindible en materia de defensa nacional. Sin embargo, no hubo un correlato en la regeneración de capacidades militares aun cuando hubo anuncios y otras previsiones de re equipamiento, como la expresada en la Ley de Reestructuración de las Fuerzas Armadas, que no se materializó.
Los resultados están a la vista: los costos a pagar serán ahora muchísimo más elevados que si se hubiesen generado mecanismos de renovación mínimos en aquella oportunidad. Abarcan cuestiones tan variadas como las relacionadas con la logística, la ruptura de la cadena de conocimiento, la pérdida de valiosa experiencia, el retroceso en I&D, la reducción en el adiestramiento de tripulaciones, el envejecimiento de material, la emigración de especialistas hacia otras profesiones, el deterioro de la infraestructura crítica, por nombrar sólo algunas.
Es necesario profundizar la renovación de las capacidades estratégicas de las fuerzas militares en el cumplimiento de su rol principal de defensa nacional. Ellas y un amplio despliegue nacional permiten llegar adonde nadie llega, cumplir con sus tareas específicas en forma sostenida y en todo tiempo. También tender una mano al más necesitado. No hay otras instituciones que las puedan reemplazar.
El instrumento militar de la defensa no sólo se nutre de medios materiales. También requiere de un capital humano muy calificado que constituye una capacidad estratégica. Su preparación lleva muchos años. La vocación de servicio y la formación en valores sanmartianos se manifiestan día a día cuando los jóvenes militares realizan sus tareas. Las campañas antárticas, las misiones de paz, el despliegue de apoyo en el Norte y la ayuda ante emergencias y desastres naturales han sido y son testimonio de su entrega.

El área de recursos humanos se compone, en general, de un liderazgo de alta calidad humana y profesional, de una formación y capacitación de excelencia, siempre acompañada de una eficiente gestión del talento y, de beneficios y compensaciones adecuados, con alcance a todos los integrantes de las FFAA. La defensa compite en el mercado laboral con otras del quehacer nacional. Atraer y mantener jóvenes, con genuina vocación profesional a sus filas, no es ni será una tarea sencilla para los responsables de la toma de decisiones.
La regeneración de capacidades estratégicas para cumplir con las misiones fijadas en las normas vigentes abarca un amplio espectro y no tiene efectos inmediatos. Si somos optimistas, lo que se programa hoy, puede tardar dos, tres o más ciclos de gobierno para su concreción. La tecnología es omnipresente. Por esta razón, se deben adquirir equipos y sistemas hoy, pero también abonar la investigación, desarrollo y producción con vistas al 2035.
El mundo cambia y no podemos mantenernos ajenos a ello. En la era de la globalización, las crisis y conflictos son imprevisibles y multidimensionales. Su complejidad puede afectar nuestra integridad y soberanía y la de países socios, amigos y aliados. La cooperación y competencia de los Estados se manifiesta en todos los ámbitos. Las grandes potencias dirimen su primacía. También la era de la información nos enfrenta a nuevas formas de conflictos: redes, nodos, hackers, ciber ataques, virus informáticos, protección de información crítica, etcétera, desnudan vulnerabilidades y nos refieren a la ciberdefensa.
Nuestro país está fraccionado geopolíticamente. Posee contrastes importantes en el desarrollo e integración de provincias y regiones. Nuestra variada geografía presenta innumerables recursos naturales estratégicos. Los espacios terrestres, marítimos y aéreos requieren de un control permanente ante una creciente depredación y permeabilidad de las fronteras. El Atlántico Sur y la Antártida presentan desafíos y riesgos singulares para la defensa nacional. El cambio climático y el deterioro medioambiental afectan en forma creciente la producción de alimentos y el agua dulce se convierte en un activo escaso.
Al ser la defensa integral, es importante entonces motivar y generar un sólido pensamiento estratégico y geopolítico, a partir de un criticismo constructivo sin rigideces y con amplia participación. La falta de una actitud abierta y franca anula la razón práctica para encontrar soluciones duraderas a los problemas del futuro.
La defensa nacional es un activo de todos los argentinos. Someterla a una situación de mera supervivencia la condenaría al fracaso ante cualquier contingencia o escenario conflictivo. Ningún Estado en el mundo puede prescindir de una herramienta como sus FFAA. Ellas son instituciones sólidas, confiables y efectivas, subordinadas y respetuosas de las leyes de la República y derechos de las personas.
Razonadas y consensuadas políticas de defensa necesitan ser acompañadas de un fondo nacional permanente y plurianual como el que fue presentado al Poder Legislativo a fines del año pasado. La concientización de la sociedad sobre este tema es también un atributo importante para revertir la situación.
Las actuales circunstancias de la Argentina hacen parecer poco oportuno hablar de defensa nacional y de capacidades estratégicas a lograr con su instrumento militar. Porque las urgencias nos devoran la agenda. Sin embargo, cuando un tema es importante o el problema es significativo, la gestión demanda lo mejor de la estrategia y la estrategia lo mejor de la política de Estado. Retomar la necesidad de un plan de desarrollo estratégico, que aúne consensos e integre fuerzas, incluyendo a la defensa nacional, es cada día más evidente, para atender escenarios competitivos y cooperativos que de por sí, son muy inciertos y complejos.
El autor es General de División (R) del Ejército Argentino.
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