La primera instrucción que se recibe de los asistentes de un vuelo comercial en todas las demostraciones de seguridad es que, ante un escenario de emergencia, las mascarillas de pasajeros aportarán flujo de aire de vital importancia. Si han prestado atención, lo primero que te recuerdan es que primero te pongas la mascarilla antes de intentar ayudar a nadie. Esto puede parecer caprichoso e incluso algo egoísta, pero no lo es. En un avión comercial, en el que puedes estar a 35000 pies, tienes literalmente segundos para ponerte la máscara de oxígeno antes de perder el conocimiento y, quizás, morir.
Un escenario de crisis que se genera con rapidez, evoluciona a velocidad desconocida e impacta de forma inesperada no puede sino emular el escenario del avión que modifica abruptamente sus condiciones de vuelo y pierde las condiciones de presión atmosférica y concentración de oxígeno, poniendo en riesgo a quienes incumplan con las indicaciones de seguridad del protocolo de navegación aérea.
Para la gran mayoría, nada se siente peor que la incertidumbre. En estas circunstancias, la primera recomendación para quienes lideran equipos, así como es recomendado en los vuelos comerciales, será que cada uno atienda primero el cuidado de sí mismo, para poder ser efectivo en la atención y ayuda de los demás.
La vida de la organización dependerá del oxígeno que reciba el líder. Y la vitalidad de gestión de cada equipo, se mantendrá mientras su líder cuide de sí.
Sin embargo, la experiencia indica que no han madurado lo suficiente las herramientas para liderar en tiempos de perplejidad. Aparecerán el miedo, la angustia, la ansiedad, la preocupación y los silencios. También el maltrato, el destrato, el desinterés y la apatía.
Allí, el líder maduro en su gestión, desplegará su hoja de ruta para que sus colaboradores puedan convivir con la nueva realidad y cumplir con sus objetivos en forma efectiva.
Aquí, van, por ejemplo, algunas herramientas que están demostrando ser eficientes para el trabajo en equipo ante dificultades extremas:
-Enfoque de objetivos de corto plazo y en la solución de la asignación puntual para cada día.
-Entrega de consignas claras, manteniendo el canal de comunicación en forma continua y con información confiable.
-Flexibilidad ante el cambio de condiciones que requiere de adaptabilidad en la administración de nuevos recursos e ideas.
-Aliento al equipo, reconocimiento de los logros, afirmación de la colaboración y la cooperación y agradecimiento por el sacrificio de trabajar en condiciones adversas.
-Las emociones que nos atraviesan son sólo eso, emociones que no deberían definir nuestra personalidad ni forma de trabajar. Tener miedo en este momento es natural. Eso no transforma a nadie, en una persona miedosa.
-Cuidado de las palabras en las comunicaciones. Un mensaje escrito en mayúsculas y con muchos signos de admiración o de pregunta o de infinitos puntos suspensivos, no es sino el equivalente visual a un grito o un destrato verbal.
-Permanecer atento a la evolución de los eventos, evitando la intoxicación del alud de información que, lejos de ayudarnos, nos ahoga e impacienta.
-Ante los errores, pedir disculpas es saludable en tanto todos cometemos errores, incluso a quien le toca liderar.
Un líder sereno, informado, paciente en la escucha y activo en la búsqueda de soluciones, será un elemento confiable y necesario en todas las organizaciones. Las organizaciones, por su parte, deberán confiar en ellos y manifestarles su respaldo.
El antídoto para el agotamiento no siempre es el descanso. Muchas veces es la sinceridad.
Este momento reclama un amplio sinceramiento con nosotros mismos, con quienes somos, qué podemos y qué somos capaces de hacer por nosotros y por los demás.
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