
Alberto Fernández completó una gira europea con claras señales de apoyo político para lo que constituye su máxima urgencia en estos primeros meses como presidente: la renegociación de la deuda con el FMI. Los mandatarios de Italia, Alemania, Francia y España expresaron su voluntad de ayudar y acompañar a la Argentina. A la lista habría que sumar al Papa Francisco, quien ofició de mediador para acercar las posiciones de la titular del FMI, Kristalina Georgieva, y el ministro de Economía, Martín Guzmán. El Vaticano fue el punto de encuentro entre ambos.
Fernández buscó presentarse frente a los líderes europeos como un dirigente sensato, desideologizado y con propuestas razonables para sacar a la Argentina de la crisis que le dejó, según su argumentación, Mauricio Macri. Pese a que sonó convincente en sus presentaciones, se topó con dos grandes problemas.
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En primer lugar, los tomadores de decisión europeos están muy bien informados de lo que sucede en la Argentina. En ese sentido, mientras Fernández buscaba transmitir seriedad en Europa, el gobernador Axel Kicillof jugueteaba con el default en el principal distrito del país, por la irrisoria cifra de USD 250 millones. Al mismo tiempo, no hubo definiciones sobre el plan económico de Fernández (si es que efectivamente lo tiene). El Presidente dijo que sí lo tiene, pero no lo revela porque está “jugando al póker y no con chicos”. Suficientes razones para que los empresarios europeos hayan mantenido intactas sus dudas sobre el futuro del país. Y así se lo hicieron notar en las reuniones a Fernández, donde hubo más preguntas que anuncios.
Por otra parte, quedó claro que la prioridad de los europeos no es ayudar a la Argentina. Por más que los gestos de apoyo sean sinceros, la prioridad del bloque liderado por Alemania es la puesta en marcha el acuerdo Mercosur–Unión Europea. Este interés se da en momentos que Europa cruje por el Brexit, el fantasma de la recesión económica, las protestas sociales y la renovada presión de los EEUU Donald Trump dejó en claro que su nuevo frente de guerra comercial será Europa.
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Fernández no tuvo reparos en reiterar su oposición al acuerdo Mercosur-UE, junto a su intención de privilegiar, ante todo, la protección de la ineficiente y atrasada industria argentina. De hecho, previo a la gira, Fernández suspendió la Ley de Economía del Conocimiento, sancionada por unanimidad el año pasado. Los protegidos de siempre de la UIA ya se ilusionan con el retorno a pleno de la “patria subsidiada”. Sin dudas, se trata de una visión económica en las antípodas de la aperturista Angela Merkel.
Si bien los países europeos que visitó Fernández no son determinantes en el directorio del FMI, son actores de peso, sobre todo Alemania. Entre los cuatro suman el 14,2% de los votos del organismo y representan el mayor bloque después de Estados Unidos, con el 16,7%. Fernández buscó cosechar gestos políticos de apoyo relativamente “sencillos” y, además, hacerlo al cabo de apenas una semana. Ahora bien, los desafíos que se vienen en la agenda internacional de Fernández no son para nada sencillos y serán los realmente determinantes: Estados Unidos, China y Brasil.
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Mal comienzo y futuro incierto en la relación con EEUU
Respecto a los EEUU, todavía no hay fecha para una eventual visita de Fernández a Washington. De más está decir, se trata un paso vital para la renegociación con el FMI. Pero el vínculo con los EEUU no empezó para nada bien, con fuertes tensiones por Venezuela y Bolivia. Trump, quien se encamina a una cómoda reelección en noviembre, recibió con honores al venezolano Juan Guaidó. Esta contundente señal de apoyo indicaría que los EEUU están dispuestos a endurecer la presión sobre el dictador Nicolás Maduro. Mientras tanto, Argentina retiró credenciales a la embajadora de Guaidó e insiste en la necesidad de dialogar con Maduro para resolver la situación, desde una suerte de ambigua “tercera posición”. ¿Apoyará Trump en estas condiciones a la renegada Argentina, en pleno año electoral?
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Expectativas sobredimensionadas sobre la supuesta “carta china”
En cuanto a China, la potencia asiática ya es nuestro primer socio comercial, además de una de las mayores fuentes de inversiones y financiamiento. Es esperable que la relación con China cobre especial relevancia para el gobierno de Fernández. Sin embargo, China está observando con muchísima cautela los primeros pasos de Fernández, en un contexto regional y mundial que perciben muy complejo e incierto. En el gobierno argentino hay mucho desconocimiento y expectativas sobredimensionadas sobre la posibilidad de jugar una “carta china” como alternativa.
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La prioridad de política exterior número uno de China es estabilizar la relación con los EEUU, con un acuerdo comercial “Fase 1” que implica aumentar significativamente las compras chinas de productos agropecuarios estadounidenses. Si dicho compromiso ya parecía de difícil cumplimiento al ser firmado, con la inesperada crisis del coronavirus lo es muchísimo más. Esta crisis sanitaria tendrá un costo económico aún incalculable, no sólo para China, sino para la totalidad del sistema económico mundial, tanto por efectos directos como indirectos. Por lo pronto, China seguramente se enfocará de lleno en la normalización y reactivación de su economía interna durante este año, ya de por sí ralentizada, tras superar la emergencia del coronavirus.
En este contexto, difícilmente se produzcan anuncios de grandes inversiones chinas en Argentina. Asimismo, hay que descartar de plano que China eventualmente se convierta en una suerte de reemplazo financiero del FMI, si fracasa la renegociación. China apoyará a la Argentina, pero dentro del FMI. Finalmente, tanto por el acuerdo comercial con los EEUU, como por el descomunal parate económico derivado de la epidemia de coronavirus, la demanda de productos agropecuarios de China hacia la Argentina podría verse sensiblemente afectada en el corto plazo. Sería el peor escenario para un país endeudado, cerrado al mundo y urgido como nunca de divisas.
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Panorama cada vez más complicado en la relación con Brasil
Por el lado de Brasil, nuestro mayor vecino y segundo socio comercial, el panorama de la relación no es para nada alentador. El presidente Jair Bolsonaro volvió a criticar en duros términos al “gobierno socialista de Fernández”. Sucede que la economía brasileña muestra signos de franca recuperación, con una receta diametralmente opuesta a la de Fernández. Esto envalentona a Bolsonaro y complica aún más la relación bilateral. Cabe recordar que Bolsonaro es un ferviente defensor del acuerdo Mercosur-UE y del libre comercio, además de haberse consolidado como el principal aliado de Trump en la región. Tal es así que EEUU apoyará su ingreso a la OCDE.
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Con este complejo telón de fondo, el canciller Felipe Solá se reunirá con su par brasileño, Ernesto Araújo, el próximo 12 de febrero. Solá buscará relanzar la relación bilateral y el Mercosur. Pero a Bolsonaro le generan cada vez más desinterés ambos temas. El ex capitán está enfocado en profundizar sus reformas económicas y en concretar posibles tratados de libre comercio con EEUU, China, Corea del Sur e Israel, entre otros países y bloques, con o sin el Mercosur.
Para concluir, está claro que luego de la calidez y cordialidad recibida por parte de los líderes europeos, a partir de ahora viene lo más difícil y lo decisivo en la agenda internacional de Alberto Fernández. Algo que definirá el futuro mismo de su gobierno.
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Politólogo y docente universitario (UCA y Universidad de Zhejiang). Mg. en Políticas Públicas (FLACSO). Doctorando en Estudios Internacionales (UTDT). Director de la consultora Diagnóstico Político y del Observatorio Sino-Argentino.
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