Como consecuencia de la crisis financiera internacional del 2008, varios países atravesaron momentos difíciles para enfrentar sus compromisos internacionales. Grecia afrontó quizás la renegociación más compleja; el endeudamiento pasó del 91% en 2003 al 250% del PBI en 2015. El déficit presupuestario una vez revisado por la UE era del 15% en 2010. La Unión Europea, el BCE y el FMI, conocidos como la troika, aportaron fondos públicos que fueron a pagar las deudas privadas a cambio de lo cual reclamaron medidas extremas de austeridad que hicieran sostenibles los compromisos.
El ministro Yanis Varoufakis tuvo a su cargo la negociación con la troika luego del triunfo del Partido Syriza en enero 2015. Varoufakis, académico marxista y dueño de una personalidad extrovertida, se convirtió en el líder de la resistencia contra la “avaricia” de los organismos financieros y en especial de los europeos. Los enfrentamientos de Varofaukis con Wolfang Schauble, Mario Draghi y Christine Lagarde fueron la temática principal. Varoufakis reclamaba que el BCE intercambiara la deuda por bonos perennes, facilitara fondos adicionales para evitar la quiebra del sistema bancario y no pidiera más ajuste. Los esfuerzos para seducir a Angela Merkel y Francois Hollande fueron en vanos. La administración Obama dijo que era un problema europeo mientras Rusia y China contemplaban con escepticismo las negociaciones. Los líderes mundiales pueden mostrar simpatía, pero no intervienen en las decisiones financieras.
Las negociaciones son siempre un juego de tira y afloje. Sobre Grecia pendía la amenaza de su expulsión de la zona del euro pero también podía optar unilateralmente por el Grexit, nacionalizar el sistema bancario y reinstaurar el dracma como moneda. El ministro Varoufakis elaboró el Plan B con asesores internacionales entre los cuales se destacó James Galbraith y otros economistas de la Universidad de Columbia. Varoufakis renunció el 6 de junio y comenzó una campaña de exabruptos contra la troika y Alexis Tsipras. Nada quedó de sus propuestas más allá de las llamativas fotos personales. En las elecciones europeas en 2019 Varoufakis obtuvo 3% y en las griegas 3,4%. Syriza con el “traidor Tsipras” consiguió 31,5%. Ahora está embarcado en una campaña para democratizar las instituciones europeas con su movimiento, Dem25.
Yanis Varofaukis tiene muchos admiradores en la Argentina. El Grexit hubiera satisfecho sus pretensiones pero no hubiera creado las condiciones de confianza y estabilidad para impulsar las inversiones y recomponer la economía. Nadie disputa cuáles eran las preferencias de la población entre el euro y el dracma. La deuda soberana de Grecia asciende hoy a 170% del PBI, los bonos tienen una calificación BB y el riesgo país es de 160 puntos. La figura de Yanis Varoufakis es atractiva; pertenece a esa cofradía que siempre desborda buenas intenciones para reclamar caridad y compasión.
Los embrollos, las provocaciones y las agresiones suman incertidumbre y atrasan las posibilidades de recuperar la confianza donde todavía se necesita resolver muchos problemas para comenzar a crecer. El resultado de las negociaciones definirá el escenario de inversiones para modernizar la estructura productiva en un contexto de rápidos cambios tecnológicos. Tampoco se puede ignorar que siempre existirán asesores con un Plan B al estilo Varoufakis.
La Argentina cuenta con numerosos expertos en negociaciones de deuda externa. La repetición de los problemas desde el 82 en adelante generó una plétora de ex funcionarios que se dedicaron a fundar consultoras para asesorar a fondos de inversión, organismos y entidades financieras. Son todos argentinos y tienen conocimiento de la economía argentina y los mercados. No hace falta contar con oráculos internacionales que desparramen ideas frente a cualquier micrófono. El ministro Guzmán proviene de la academia al igual que Varoufakis. Solo cabe esperar que tenga éxito y que esta pueda ser la última renegociación de deuda externa.
El autor es Licenciado en Economía Política (UBA), Master in Economics (University of Boston) y fue embajador argentino en Tailandia. Es Miembro Consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI)
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