Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, ambos derrotados (Nicolas Stulberg)
Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, ambos derrotados (Nicolas Stulberg)

El resultado de las PASO es contundente, demoledor. No dejó el menor intersticio para filtrar una estrategia electoral que permita revertir la voluntad expresada por el electorado. Salvo que algún episodio disruptivo, absolutamente excepcional e inesperado se interponga en el camino, Alberto Fernández será a partir del 10 de diciembre el presidente de los argentinos.

Las primarias sellaron de manera precipitada y fatal el desenlace de la carrera hacia la presidencia. Concentraron en una única y anticipada fecha, ya no solo una virtual primera vuelta sino que clausuraron cualquier idea posible de balotaje.

Macri lo hizo. No vio venir el tsunami electoral que con una fuerza arrolladora se llevaría puesto su proyecto de cambiar el país. Las urnas le administraron el rigor del "voto castigo" con una potencia que no estaba en los cálculos de nadie.

No solo no dispuso de la sensibilidad personal necesaria para comprender la profundidad del sufrimiento que los errores de la política económica está propinando en la diaria de la mayoría de los argentinos, sino que ninguno de los suyos logró hacerle saber en tiempo y forma del creciente sentimiento anti-macri que se venía condensando en la castigada piel de las mayorías.

Alberto Fernández en la celebración de la victoria
Alberto Fernández en la celebración de la victoria

"No es mala la adversidad para Cambiemos porque nos quita la soberbia", dijo anoche Elisa Carrió cuando rompió el protocolo subiendo al escenario sola luego de que hablara el Presidente para reconocer la derrota. Los dichos de la diputada y paridora de la alianza que llevó a Macri al poder sonaron a un tardío e inconduscente reproche.

Mucho más temprano, cuando todos aún celebraban el bello y soleado domingo electoral Lilita minimizó la importancia de los datos de una primaria que en la práctica no auguraba más que una carísima pero precisa encuesta electoral. Una declaración que contradecía al mismísimo MM quien aseguró algo más temprano que las urnas estaban poniendo en juego los futuros treinta años de los argentinos.

En un hecho sin precedentes en la historia de las elecciones de la democracia, Macri salió a hablar antes de que se conociera número oficial alguno. Flanqueado por Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Miguel Angel Pichetto y Elisa Carrió, reconoció "haber tenido una mala elección" y, literalmente, nos mandó a dormir a todos. Un momento que quedará sellado en la historia de los papelones. Es evidente que, en la derrota, el Presidente no tiene quién le escriba.

Elisa Carrió habló después que el Presidente (Nicolás Stulberg)
Elisa Carrió habló después que el Presidente (Nicolás Stulberg)

La audaz decisión de incorporar a Miguel Ángel Pichetto en la fórmula presidencial permitió a muchos imaginar una apertura, un gobierno más abierto, más inclusivo, más dispuesto a ampliar la base de sustentación y de consenso. Pero esa idea que entusiasmó a los funcionarios y legisladores que integran el ala de impronta más política de Juntos por el Cambio cayó en el propio desencanto cuando a los pocos días en el cierre de las listas dejo afuera la chance de un gobierno menos puro, menos PRO.

El leve repunte de los datos de la imagen presidencial sumado a algunos datos de la macroeconomía volvieron a encerrar al núcleo duro en la burbuja de malsano optimismo a la que son tan afectos los cambiemitas.

Este lunes amanecemos con un nuevo país. Un tiempo lleno de riesgos y desafíos nos separa del 10 de diciembre. Primero hay que llegar a las generales de octubre. Lo que resta de campaña será un tiempo difícil y extraño que interpela al oficialismo y a la oposición.

Pichetto, Macri y Vidal (Télam)
Pichetto, Macri y Vidal (Télam)

Hará falta mucho temple en los hombres del gobierno para seguir al frente de sus responsabilidades cuando el país pide cambios de manera tan directa e indiscutible. También hará falta mucha madurez y grandeza por parte de quienes han sido pre elegidos para conducir el destino de todos en los últimos años.

Alberto Fernández, cuando hace algo menos de tres meses fue investido por Cristina Fernández de Kirchner para ocupar este lugar, pidió que le dieran "una nueva oportunidad". El deseo le ha sido concedido. Enfrenta ahora una inmensa responsabilidad: estar a la altura de las circunstancias.

Poco antes de la medianoche, perplejo por los datos que lo colocaban de manera virtual pero inexorable en la Casa Rosada, aseguró que "se terminó el concepto de venganza y de grieta". Reivindicó la posibilidad de liderar un gobierno con todos y para todos, en el que veinticuatro gobernadores acompañen a un Presidente. Es de esperar que además de querer, pueda. Por el bien de todos.