(Julieta Ferrario)
(Julieta Ferrario)

Muchas son las cuestiones que pueden argumentarse a favor o en contra del aborto y diferentes disciplinas abordan este tema que resulta controversial en muchos aspectos. Las leyes son ficciones jurídicas y cambian con el correr de los tiempos; así como en un momento fue la ley del divorcio el centro del debate, actualmente la controversia se traslada a la ley del aborto. Todo ello da cuenta de que son las leyes quienes escoltan a los lazos y no la inversa.

En nuestro país, entre el 2010 y el 2012 se promulgó una serie de leyes como el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género -que permite a un niño desde pequeño cambiar su identidad de acuerdo con la autopercepción de su cuerpo-, con su consecuente cambio a nivel de la forma tradicional y patriarcal de la familia. Resulta curioso o al menos merece un análisis por qué no pudo promulgarse la ley del aborto.

Los argumentos de la Iglesia alegan su rechazo en función de considerar la práctica del aborto como atentado al ordenamiento divino; solo Dios tiene el don de dar la vida. Así como en otro momento la resistencia eclesiástica se oponía a la ley del divorcio esgrimiendo que no se puede desunir lo que Dios unió, pero los tiempos han cambiado y hoy la gente se casa y se divorcia, la gente no se casa ni se separa porque la ley lo permita. Tampoco la gente va a hacer uso del aborto porque se lo despenalice, pero seguramente cambie los hechos frente a su práctica clandestina, con consecuencias menos perniciosas.

Por otro lado, están los argumentos jurídicos en relación con el aborto. Aquí también entran en juego no solo la cuestión de los derechos en conflicto, sino también qué es lo que se entiende por vida y, con base en ello, si es considerado o no un homicidio. En la ley argentina el aborto se considera delito y es punible tanto para la madre que interrumpe su embarazo como también para el profesional que lo practica. Solo se contempla la despenalización en casos de violaciones o situaciones en las que la continuación del embarazo atente contra la vida de la madre. Es decir, no se contempla la posibilidad de que en una mujer habite un deseo de negarse a ser madre, aun amando a su marido y sin haber sido violada, ni tampoco porque esté en riesgo su vida.

Entre las controversias a nivel jurídico se argumenta una disputa entre derechos, como siempre ocurre, pero aquí es interesante ver quiénes son los agentes de dicha disputa. No se trata de los derechos de la mujer versus los del hombre, sino los de la mujer frente al niño por nacer. Podríamos decir que los términos de los derechos en pugna se centran alrededor del derecho a la vida de uno (el feto) versus la autodeterminación sobre su cuerpo del otro (la madre). Lo que es considerado como un delito para algunos es exigido como un derecho para otros. Las proclamas: "Yo tengo derecho sobre mi cuerpo", "Mi cuerpo me pertenece" son consecuentes con la ideología del individualismo contemporáneo que pregona la autonomía liberal del cuerpo, parece que esa autonomía para la autodeterminación del sexo no trajo tantas controversias como el aborto.

¿Qué puede aportar el psicoanálisis a este debate?  Es claro que es un tema controvertido y que desde los preceptos analíticos nada autoriza a estar ni a favor ni en contra del aborto, pero quizás sí a hacer un aporte desde el saber referencial del psicoanálisis para pensar este debate. La primera cuestión es situar qué significa un niño para una madre.

Sigmund Freud y Jacques Lacan no han tenido la misma posición respecto de la consideración de lo femenino y, además, han vivido en diferentes épocas. Freud perteneció a un reino patriarcal. La maternidad para Freud era el destino compensatorio de lo que dio en llamar la envidia fálica. De ese modo, el niño viene a ocupar el lugar de compensar esa falta en la madre y queda ubicado como "su majestad, el bebé". Pero también sabemos que el niño pude ser odiado y rechazado por la madre, y allí, lejos de ser una majestad, ocupa el lugar de un resto.

La clínica de la posición femenina nos enseña también que un niño puede ser el tapón que obtura la feminidad en la madre. Y la femineidad siempre fue y es enigmática, eso más allá de las épocas, es un clásico. Lacan tuvo una posición diferente a la de Freud para abordar lo femenino, porque ubicó la posición femenina más allá de la norma macho, lo que sitúa un goce que no está delimitado por el falo. Ello convierte a la mujer no toda en relación con el falo. De este modo, podemos decir que Lacan separa a la madre de la mujer, y esto es fundamental.

La separación entre la posición de madre y la posición de mujer suma así una controversia más. Además de las religiosas, jurídicas, médicas, etcétera, podríamos decir que hay, a su vez, una división intrínseca a la posición femenina entre la madre y la mujer. Si el niño es tomado como un bien o un objeto de posesión, obtura la femineidad. En ese sentido, podemos decir que allí la maternidad connota un cierto repudio de su condición femenina. Si en la mujer no toda su satisfacción está puesta en el niño, dejará parte para satisfacerse en otras vías que no sean la maternidad.

Los feminismos han criticado mucho a Freud por su posición machista y se han mostrado más afines a las consideraciones de Lacan, porque separa a la mujer de la referencia fálica. Son los movimientos feministas quienes han emprendido una intensa actividad política por los derechos de la mujer y la liberación femenina. Lacan ha situado dos inexistencias: la de la relación sexual y también ha indicado que la mujer no existe.

¿Qué significa esto? Que la relación sexual no existe implica que no existe a nivel de los seres parlantes una fórmula en el nivel de lo escrito que diga cuándo y con quién aparearse. Esa fórmula sí existe en los animales, pero no en los seres parlantes; al animal, cuando se le desencadena la maduración genital, sabe adónde dirigirse, esa orientación no existe en el ser humano, cada quien lo debe inventar. Si hay algo que el matrimonio igualitario pone de relieve como verdad es que la relación sexual no existe, que no está escrito el apareamiento xy a nivel de los lazos.

Lacan ha dicho que la mujer no existe. Este enunciado escandaloso implica que no hay universal para la mujer, existen una por una, no hay una que pueda elevarse al estatuto de armar un conjunto cerrado, un todo. Existen mujeres pero ellas no se vuelven locas por el todo.

¿Será que el aborto pone de relieve el atentado que se hace a la figura de la santa madre? ¿Podríamos decir entonces que, a falta de hacer existir a la mujer, se quiera hacer existir a la santa madre con su majestad, el bebé? Las leyes del derecho también tienen su reverso y si el psicoanálisis puede efectuar una lectura de estas, es en tanto las verdades que se enuncian a sabiendas de que el psicoanálisis se ubica no desde el universal, sino que del mismo modo que las mujeres siempre serán una por una. Una mujer puede ser atea y negarse a hacerse un aborto o puede ser creyente y decidir hacerlo. Lo que como psicoanalistas podemos hacer es escuchar uno por uno y que cada sujeto tome su propia decisión. Lo que sí es claro es que todas estas nuevas legalidades dan cuenta de que las leyes no obedecen al real biológico, que esa naturaleza que fue tomada como divina hoy tiene otras lecturas.

La autora es psicoanalista. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Directora de la carrera de Especialización en Psicología Jurídica con orientación psicoanalítica del Colegio de Psicólogos de La Plata.