Finalmente ganaron los mercados, y en particular, algunos economistas y analistas meticulosos que se enamoran de algunos números objetivos, como es el caso de la meta de inflación, y pierden perspectiva sobre cuál es el verdadero sendero del ritmo de alza de los precios y, por tanto de las expectativas de los agentes económicos, de las familias y de los sindicatos; porque la Jefatura de Gabinete no solo logró imponer su decisión anticipada a algunos medios de forzar un cambio en el sendero de alza de precios que había decidido mantener como meta el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, sino que, además, "lo invitó" a estar expuesto a la devaluación de su autonomía en una foto que será histórica.
Es cierto que el Banco Central ha mostrado en los primeros dos años de Gobierno que no estuvo acertado en la fijación de las metas de inflación, porque sufrió singulares desvíos, tanto en términos absolutos como relativos: el 25% tope en 2016 fue desbordado con un 40% en la tasa combinada del Indec e Inflación Indec; el 12-17% de 2017 se prevé que terminará en 24% o 25%, incluso dos o tres puntos por arriba de la estimación actual de la autoridad monetaria; y para 2018 se había fijado un objetivo del 8% al 12%, pero el mercado ya proyecta un rango del 16% al 17%, entre puntas.
Pero claramente, la estrategia de desinflación del BCRA no puede considerarse un fracaso, si se repara en que los valores reales del alza de los precios pasaron del 40% en 2016 al 25% en 2017, y ahora el mercado la proyecta a 16% o 17% para el año entrante.
Aun así, y a pesar de que todo el desarrollo de la inusual conferencia de prensa que convocó el Jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña, junto con los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, y de Finanzas, Luis Caputo, con la invitación del presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, se caracterizó por resaltar los avances de política económica y social del Gobierno, con sobrecumplimiento de la meta de baja del déficit fiscal; en un escenario de baja de la inflación, baja real del gasto público, baja de la presión tributaria y recuperación de la senda de crecimiento de la Argentina; y nada se dijo sobre el notable aumento de la posición de reservas en divisas, a valores récord, el Poder Ejecutivo no pudo dominar sus ansiedades, y como el gobierno anterior, decidió intervenir a la autoridad monetaria, aunque "manteniendo, cuidando y valorando la autonomía del Banco Central".
Es cierto que que el Banco Central asumió como propias las metas originales de mediano plazo que en 2016 había establecido el primer ministro de Economía de este Gobierno, al que se lo despidió por "haber hecho un buen trabajo", y se lo reemplazó por la dupla Dujovne, en Hacienda, y Caputo, en Finanzas. Pero, eso no quita que justo en un año en que se lograron objetivos cruciales, se decida cambiar una meta monetaria, que todos saben que constituye un objetivo importante, pero que los desvíos en el nivel, pero no en el sendero de desinflación, ha sido funcional al logro de los resultados alcanzados en actividad, mejora del salario real y, también, fiscales.
Además, la autoridad monetaria quedó expuesta a compartir los desaciertos de las metas del Ministerio de Hacienda para 2018, porque en la conferencia de prensa Nicolás Dujovne admitió un día después de que fuera votada la Ley de Presupuesto Nacional de que "en algún momento se deberá revisar el supuesto de inflación de 15,7% promedio para el año", cuando ahora se fijó como meta de 15% para diciembre, partiendo de 24% o 25% en enero.
En los últimos tiempos el mercado se ha posicionado en una meta varios puntos por arriba de la banda superior de la pauta de inflación. De ahí que la pregunta que surge es ¿si con una banda del 10%, más menos dos puntos porcentuales, ya proyectaba para el año próximo entre 16% y 17%; subirá su estimación proporcionalmente a la "calibración" que la Jefatura de Gabinete le exigió a la autoridad monetaria, esto es a 15%, a un rango de 22% o 24% anual, con lo que en un año no contaminado por el gasto electoral se corra el riesgo de interrumpir el sendero de la desinflación que férreamente venía defendiendo el Banco Central.
Estuvo latente y explícito en la conferencia de prensa de este 28 de diciembre que "la Argentina tiene una larga historia de altas tasas de inflación", pero en lugar de reforzar las políticas para asegurar el cumplimiento de una meta exigente, a través de mayor contención del gasto público, para incentivar en mayor medida la inversión privada, se opta por una permanente tentación del poder político de optar por "un poco más de inflación, será mejor para el conjunto de los argentinos"; pese a los riesgos que eso implica.
Basta recordar el camino a la hiperinflación que comenzó a gestarse cuando el poder político se asustó de la rápida desinflación en 1985 con el Plan Austral, porque sostenerlo implicaba esfuerzos fiscales que no se estaba dispuesto a enfrentar. Curiosamente, Federico Sturzenegger aceptó corregir la meta inflacionaria, pero Hacienda no dio una señal similar en revisar a la baja el sendero del déficit fiscal que se mantiene en 5,3% del PBI para el año próximo.
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