
A los 14 años, Adela Najarro viajó a Nicaragua por única vez. Pasó un mes en el país donde nacieron sus padres y al que regresó, desde entonces, mediante la memoria de su familia, la poesía y una novela que ahora escribe sobre Bluefields.
La escritora estadounidense nació en San Francisco en 1962, pero creció entre relatos de Managua, comidas nicaragüenses y las costumbres que sus abuelas llevaron a California. Esos recuerdos familiares son la base de la Nicaragua que aparece en su obra.
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Najarro escribe poesía en inglés y español. Predomina el inglés, aunque sus libros incluyen numerosas palabras en español, una elección que provoca reparos tanto entre lectores angloparlantes como entre algunos hispanohablantes.
Para la autora, esa combinación refleja la vida de las personas multiculturales. Según Diario La Prensa, Najarro considera que también pudo haber nacido en Nicaragua, porque su madre y su padre procedían de Managua.
La poeta se reconoce en una frase usada por otros latinos que viven en Estados Unidos: “No soy de aquí ni de allá”. En Nicaragua, sus parientes le decían “americana”; en Estados Unidos, algunas personas le preguntan de dónde es por un acento que no consideran nativo.
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Las historias de dos abuelas conectaron a Adela Najarro con Managua
Las abuelas de Najarro llegaron desde Managua a Estados Unidos durante la década de 1940. La paterna se llamaba Aminta Rodríguez y la materna, Adela Zúñiga.

Ambas emigraron por separado en busca de mejores oportunidades para ellas y para sus hijos, que habían quedado en Nicaragua. Adela Zúñiga llevó más tarde a sus ocho hijos, uno por uno, al país norteamericano.
En una oportunidad, Zúñiga envió un boleto a Tere, una de sus hijas mayores. Ella estaba enamorada del hombre con quien después se casaría y cedió el pasaje a Juana, quien se convertiría en la madre de la poeta.
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Juana Ouellette llegó a California con más de 20 años. De acuerdo con Diario La Prensa, Najarro supo por las conversaciones con su madre que en Nicaragua ella veía pocas opciones para su futuro, más allá del matrimonio y las tareas del hogar.
“Mi mamá era una mujer con mucha ambición y muy inteligente”, contó Adela Najarro al diario. Según relató, Juana estudió belleza, abrió negocios y luego trabajó en la Junta Estatal de Cosmetología de California, donde participaba en los exámenes para quienes buscaban ejercer en ese oficio.
La comunidad nicaragüense de San Francisco fue el lugar donde Juana conoció a Salvador Najarro, quien había llegado antes a Estados Unidos, cuando tenía 12 años. Unos cinco años después de la llegada de Juana, ambos formaron una familia.
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La pareja tuvo dos hijos: Salvador y Adela. Tras la separación de sus padres, la futura escritora alternó períodos en el sur de California, junto a su madre, y en el norte del estado, donde vivía su padre.
Ese recorrido le permitió mantener el contacto con las dos ramas de su familia. La abuela Adela conservó durante décadas las costumbres nicaragüenses y preparaba comida de su país, pese a haber emigrado en los años 40.

La mujer murió a los 99 años. Sus historias tuvieron un peso especial en la forma en que Najarro conoció el lugar de origen de sus padres.
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Un mes en Nicaragua dejó recuerdos de León, Poneloya y el mercado
El único viaje de Najarro a Nicaragua ocurrió en 1976. Según Diario La Prensa, tenía 14 años y permaneció durante un mes en el país.
Sus familiares no la llevaron a ver las ruinas que el terremoto de Managua de 1972 había dejado en la capital. La adolescente recorrió zonas reconstruidas o que no habían sufrido daños, y conservó la impresión de haber visto barrios de clase media.
Durante ese viaje fue al mercado, visitó familiares en León y conoció Poneloya. El último lugar ya formaba parte de las historias de Juana, quien solía contar que nadaba allí.
“A mí me encantó el país, era lindo”, recordó la escritora ante el medio. Najarro dijo que le gustaría regresar, aunque no ha podido hacerlo.
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Después de 1979, no quedó ningún integrante de las dos familias más cercanas de Najarro en Nicaragua. La autora cree que aún tiene parientes en el país, pero no sabe quiénes son.
El viaje también expuso una diferencia entre cómo ella se veía y cómo la nombraban los demás. Cuando le decían “americana”, pensaba que pudo haber nacido en Managua, la ciudad de sus padres.
Los volcanes de Nicaragua aparecen en Variations in Blue
La historia de Najarro con la poesía comenzó en la infancia. Primero encontró un libro de Federico García Lorca que pertenecía a su madre y, más adelante, escuchó a un tío recitar poemas en una reunión familiar que terminó entre aplausos.
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La autora estudió literatura y obtuvo un doctorado. Su tesis estuvo escrita en inglés, aunque desde el departamento de español de la universidad le señalaron que tenía una estructura propia del español, pese a respetar la gramática inglesa.

Najarro atribuye esa particularidad a su aprendizaje temprano del español. El inglés llegó después, cuando comenzó la escuela.
Tras salir de la universidad, trabajó como maestra durante 13 años. Luego de un primer matrimonio que describió como traumático, decidió cambiar de vida y se dedicó a la poesía.
También trabajó como catedrática universitaria para mantenerse cerca del mundo literario. Ahora renunció a sus empleos y se concentra por completo en escribir.
Su quinto poemario se titula Variations in Blue. Cerca de una tercera parte de los poemas habla de volcanes, una imagen ligada a las historias que escuchó desde niña sobre Nicaragua.
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El nombre del libro fue elegido en alusión a Rubén Darío. Najarro ha leído ampliamente al poeta nicaragüense y considera Eco como su poema favorito por la forma en que las palabras parecen responderse dentro del texto.
La autora también destacó Eco y yo, donde Darío rima al final de los versos y crea una sensación de repetición. Le sorprendió, además, enterarse de que existe una ciudad nicaragüense llamada Rubén Darío, porque no conoce una ciudad estadounidense que lleve el nombre de un poeta.
El libro le valió el American Book Award, un reconocimiento de la Before Columbus Foundation. La información disponible indica septiembre de 2026 al presentar el premio y menciona octubre próximo al referirse a la entrega.

Najarro también leyó un libro de poemas escritos por campesinos nicaragüenses. Al descubrir que los textos provenían de talleres de poesía impulsados por Ernesto Cardenal durante la década de 1980, cuando era ministro de Cultura, dijo que la iniciativa le pareció “bonita”.
Bluefields aparece en una novela construida con relatos familiares
La nueva novela de Najarro transcurre en Bluefields en 1900. La historia tiene como protagonista a Gigi, una mujer que es dueña de un hotel.
La escritora explicó que Gigi recibe ayuda para sostener el establecimiento de tres divinidades: la Virgen de Guadalupe, la diosa azteca Tonantzin y la maya Ixchel.
Najarro no conoce Nicaragua más allá de aquella visita adolescente. Por eso, imagina el país a partir de los relatos que escuchó durante años de sus familiares.
La novela lleva esa herencia al terreno de la ficción. Bluefields, el hotel y Gigi nacen de una escritora que creció lejos de Managua, pero que conservó, en dos idiomas, las voces de su familia nicaragüense.
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