Quince organizaciones opositoras nicaragüenses han puesto sobre la mesa una hoja de ruta para conducir al país desde la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo hacia un nuevo sistema democrático. La propuesta, denominada “Nicaragua: Transición Ordenada desde la Dictadura hacia la Democracia”, plantea un proceso pacífico que permita desmontar las estructuras autoritarias, restablecer las libertades y derechos fundamentales y crear las condiciones para celebrar elecciones libres.
El plan contempla la creación de una Junta o equipo técnico de Transición Nacional, integrada por un máximo de siete personas, que asumiría temporalmente funciones ejecutivas y legislativas limitadas. Entre sus primeras tareas estarían liberar a los presos políticos, restablecer derechos y libertades, reorganizar las instituciones electorales y judiciales, desmontar las estructuras represivas y reestructurar los altos mandos del Ejército y la Policía.
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La hoja de ruta establece además la elección, a los 180 días de iniciada la transición, de una Asamblea Nacional Constituyente de 60 miembros que redactaría una nueva Constitución. Esta sería sometida posteriormente a referéndum. Las elecciones generales están previstas para el mes 22 y la entrega del poder a las nuevas autoridades para el mes 24, plazo máximo e improrrogable de la transición.
Juan Sebastián Chamorro, coordinador en el exilio de Ciudadanos por la Libertad y uno de los promotores de la iniciativa, sostiene que, aunque todavía no se haya producido el quiebre del régimen, la transición nicaragüense ya está en marcha. En esta entrevista con Infobae explica por qué cree que es necesario prepararla desde ahora, qué papel podrían desempeñar sectores actualmente vinculados al régimen y cuáles son los escenarios que podrían abrir el camino hacia un cambio político.
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—¿De qué oposición estamos hablando cuando se presenta esta propuesta de transición para Nicaragua?
-Esta es una propuesta de plan de transición que empezamos a trabajar en Ciudadanos por la Libertad, junto con otros juristas, hace más de un año. La propuesta fue rodando hacia otras organizaciones, donde se fueron incorporando elementos de otros planes de transición. Este no es el único plan de transición, pero yo creo que es el más completo, en el sentido de que contempla un calendario y una lista de leyes a ser reformadas y de acciones a ser tomadas.
—Pero todavía no me ha dicho de qué oposición estamos hablando.
-Ahí está Ciudadanos por la Libertad, Ruta del Cambio, Liberales por Nicaragua, el Movimiento Campesino, Avanza, que es un movimiento juvenil. Son en total 15 organizaciones. Principalmente esas son las más importantes.
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—¿Oposición de qué perfil?
-Centro derecha. Pero nuestro interés es alcanzar a todas las organizaciones que quieran adherirse. Queremos hacer una oferta que sea accesible para todo el mundo.
—¿No es muy temprano para estar hablando de transición cuando todavía tenemos una dictadura que, por lo menos, se ve lejos de caer?
-El argumento en contra ha sido ese. Nosotros decimos que no hay que confundir los tiempos cronológicos. Ciertamente no estamos en un proceso de transición maduro ni que esté ocurriendo en este momento, pero eso no significa que el momento para hacer una propuesta y para hablar de una propuesta no sea el adecuado. Nosotros creemos que es el adecuado, en un momento donde el hemisferio se está centrando en Nicaragua.
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Y la acotación que quería hacer: yo sí creo que ya la transición ha iniciado. Obviamente, las transiciones se conocen principalmente por el Día D: la muerte de Franco, o la de Ortega, o el golpe de Estado, o la caída de la junta militar argentina, o el plebiscito chileno. Esos momentos marcan un día, pero hay un montón de acciones que no se ven, que no se conocen, que no se saben y que luego se reconstruyen históricamente, que hacen suponer que una transición comienza años antes de ese día.
Entonces, yo soy un creyente de que el proceso de transición ya inició y a las pruebas me remito. La dictadura está mandando señales inequívocas de que está poniendo en marcha un plan de sucesión, con poner a los chigüines (hijos) en los cargos públicos, etcétera. Entonces, mal haríamos nosotros en no hacer lo mismo, solo que para nosotros la transición democrática es la alternativa.
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—Si hay un plan de transición, tiene que producirse primero un cambio de régimen. ¿Qué puede pasar para que eso que ustedes plantean se vuelva realidad? ¿Una lucha armada, una intervención militar, otra salida?
-Bueno, no hay que descartar nada. Hemos hablado de distintas opciones. Tal vez la armada es la que hemos descartado más de plano.
Hemos analizado mucho la circunstancia Delcy Rodríguez, por ejemplo, y dijimos: bueno, eso es una posibilidad. Pero si queremos una transición en la que participen distintos sectores de Nicaragua, incluyendo el régimen saliente, optamos por una opción más colegiada, entre tres, cinco o siete miembros. No soy muy amigo del número siete para un equipo de transición.
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La opción armada internacional no está contemplada, no está dicha. Pero que no esté no significa que estamos en contra. Simplemente no hacemos referencia porque una extracción, por ejemplo, sería una decisión del país que haga la extracción, Estados Unidos en este caso.
El plan de transición tiene, además, un mensaje político claro a los agentes, funcionarios públicos y gente que está actualmente en el régimen: pueden tener un papel en esa transición. Entonces esto ya no es solamente un plan. Lo que estamos queriendo con esto es decirle a un importante sector de los que los apoyan que tienen una posibilidad de vida en la transición. Con esto también estás mandando un mensaje político.
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Porque una crítica válida que se ha hecho a la oposición es que cualquier tipo de acercamiento a cualquier elemento que todavía está con el régimen es considerado una traición. Nosotros estamos diciendo: espérate, hay que ver que hay elementos que pueden servir en una transición. Ese cambio ha sido bien difícil de tomar frente a las críticas y todo, pero curiosamente, después de ocho años, no vemos ya una reacción tan virulenta a eso que ponemos en la transición.
—¿Un escenario posible es una negociación con la propia dictadura para acordar un cambio?
-Eso tenía más fuerza antes del 19 de julio. Algunas personas decían que eso era una posibilidad. Yo creo que Ortega la cerró.
La lectura que hacemos de decir ‘aquí no van a haber elecciones’ para que estos traidores, etcétera, no vuelvan al poder, era una reacción a algunas presiones que sabemos que se han dado de parte de algunos gobiernos para buscar algún tipo de negociación. Entonces Ortega zanjó esa posibilidad. Eso vino a reforzar la idea de algunos de nosotros que decíamos que no era posible una negociación con Ortega y Murillo.
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—¿Y anunciar que ya no habrá más elecciones no es una señal negociadora de Ortega? ¿Avanzar al extremo para después conceder en una mesa?
-Sí, pero las concesiones van a ser liberación de presos políticos. La concesión va a ser, si es con Estados Unidos, darle alguna seguridad jurídica a inversionistas que sean importantes, bajarle trámites burocráticos a la importación de productos norteamericanos.
No veo, francamente, un cambio político como devolución de nacionalidades, regreso de personalidades jurídicas a los partidos, regreso de liderazgos opositores. Todos los días hablan con un odio que no te hace ver que por ahí va la cosa.

—¿Ve algunas señales de cambio en Nicaragua? Si cree que sí, ¿cuáles serían esas señales?
-Bueno, primero el deterioro físico de Ortega. Es bastante evidente. Por ejemplo, hacemos el anuncio y Rosario Murillo empieza a atacar a los firmantes de la propuesta. O sea, es un tema que a ellos les tiene preocupados. Y con esos ataques confirma que el tema de la transición para ellos es importante.
Sale el general (Julio César) Avilés pidiéndole juramentación de lealtad a los militares para estar acuerpados frente a ‘vendepatrias’. Todo eso es un elemento interesante también. Siempre lo hacen, pero ¿por qué en este contexto?
Para muchos de nosotros, la acción del 19 de julio fue un acto de debilidad más que de fuerza. Este es un tema que los tiene preocupados: cómo va a ser la transición. Y nosotros nos montamos en esa misma lógica y decimos: hagamos eso que precisamente les está preocupando.
—¿El Ejército sería un factor en esta ecuación de cambio?
-Sí, definitivamente. Así lo vemos. Es un factor. Para nosotros, militares que no han estado involucrados en la comisión de delitos, de violaciones de derechos humanos, comisión de delitos de lesa humanidad, pueden jugar un factor importante. Igual fuerzas policiales.
Hay algo que preocupa mucho, no solamente a Estados Unidos y a los países americanos, sino también a Nicaragua misma, y es la estabilidad. Hay transiciones, y ha habido transiciones, que han salido mal. Y los países han caído en un vórtice de violencia, narcotráfico, tierra de nadie. El Ejército puede ser un factor de estabilidad.
—¿Es la oposición una alternativa de poder en Nicaragua?
-Definitivamente que lo es. Creo que las expresiones de algunos colegas que no lo creen habría que matizarlas. Creo que la inmensa mayoría ve una oposición que ha hecho con las uñas grandes cosas. Nosotros no tenemos un Ministerio de Relaciones Exteriores con presupuesto como el régimen de Ortega. Y estamos haciendo todo este trabajo con propuestas, con acciones. Hay un montón de colegas que tienen una capacidad y experiencia en función pública que es encomiable.
—Vemos una oposición atomizada, pequeños grupos. ¿Quién va a asumir cuando se produzca un proceso de transición como el que están planteando?
-Lo estamos diciendo en ese plan. Las riendas del poder, una vez llenado ese vacío de poder que dejaría la dictadura —cómo llegar a ese vacío de poder ya es otro capítulo—, en el plan está establecido que se busque gente que ayude a tomar las riendas ejecutivas del país de manera limitada para convocar a elecciones. Y que sea el pueblo el que decida, mediante elecciones libres y transparentes, quién va a tener, por la legitimidad del voto, ese poder político.
Los distintos grupos que existen están atomizados por muchas razones: por la dispersión geográfica, por los problemas económicos de muchos opositores que han tenido que buscar en su trabajo cómo darle sustento a su familia, por seguridad. Es trabajar con las uñas, realmente.
—¿Lo que está sucediendo en Venezuela y Cuba definiría mucho el rumbo de Nicaragua? ¿Ustedes están pendientes de lo que pasa allá para las acciones que se tomen en Nicaragua?
-Por supuesto. Yo siento que Estados Unidos, con las últimas declaraciones, se está moviendo, se está alejando de una opción armada en Cuba y está siguiendo la ruta un poco más de la estrangulación total del régimen, y que lo está tirando hacia el final de la administración Trump.
Esta es la información que se ha hecho pública, no es una interpretación. Entonces eso nos hace pensar que va a haber una solución en Cuba, pero va a tomar más tiempo. Eso nos preocupa porque nosotros siempre queremos que las dos dictaduras caigan, si no simultáneamente, muy cerquita entre sí.
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