Procesiones prohibidas y sacerdotes vigilados: Nicaragua vive una nueva Semana Santa bajo un fuerte asedio de la dictadura

La abogada Martha Patricia Molina expuso en un informe que no solo se mantiene la prohibición de actividades religiosas en las calles, sino que las que se realizan en las iglesias son controladas por la Policía

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Semana Santa Nicaragua
Procesiones multitudinarias y públicas como la de la imagen de archivo en Managua están prohibidas ahora en Nicaragua (Foto archivo)

Esta vez no habrá palmas agitándose ni cantos abriéndole paso a Jesús en su burrito. No habrá cirineos, esos feligreses que, para pagar promesas, cargan cruces como lo hizo Simón de Cirene hace casi dos mil años. Ni nazarenos avanzando en silencio. No habrá viacrucis ni Santo Entierro atravesando pueblos y ciudades entre rezos y miradas bajas. Todo eso, que durante generaciones fue la respiración misma de la Semana Santa, está prohibido en Nicaragua.

La última vez que alguien lo intentó terminó en fuga. Fue en Nindirí, en la Semana Santa de 2023. Un grupo de jóvenes, como cada año, se vistió de cirineos y salió a cumplir sus promesas, desafiando las advertencias del régimen.

Lo que siguió quedó registrado en videos: muchachos corriendo por las calles, perseguidos por la Policía, en una escena que parecía arrancada de otro tiempo, como si las mismas huestes romanas persiguieran de nuevo a los cristianos. En la huida, fueron dejando atrás las túnicas y soltando las cruces de sus personajes que los identificaban como “delincuentes” a la vista del régimen.

La iglesia está amordazada en este país. Celebraciones religiosas puede haber, pero dentro de los muros de las iglesias. No hubo decreto ni comunicado oficial solo intimidación policial que los sacerdotes se han encargado de revelar bajo reserva de sus nombres, por seguridad.

Prohíben procesiones en Nicaragua

Las prohibiciones de Semana Santa son apenas una parte muy pequeña de la persecución sostenida por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo desde 2018 contra la iglesia católica en Nicaragua.

La abogada nicaragüense Martha Patricia Molina se ha dado a la tarea de monitorear la represión religiosa en Nicaragua y la expone en unos informes periódicos que ha titulado: Nicaragua: Una iglesia Perseguida.

Molina afirma que para esta Semana Santa el asedio contra la iglesia ha empeorado. No solo se mantiene la prohibición de actividades religiosas en las calles como tradicionalmente se celebraban, sino que las que se realizan dentro de las iglesias son vigiladas y controladas por la Policía.

“La Semana Santa de este 2026 se va a vivir con las mismas condiciones en que se han celebrado las anteriores: bajo amenaza, bajo asedio y bajo vigilancia completa en cada una de las actividades religiosas. Pero, además, en estos últimos días, la Policía se ha puesto más incisiva con los sacerdotes. Les pide más información”, dice.

“Por ejemplo, les pregunta cuántas personas asisten a una procesión. El cura, obviamente, en ese momento no está con el tiempo ni con la posibilidad de ponerse a contar uno por uno a los fieles. Entonces tiene que dar una cifra al tanteo”, relata la abogada. “También le exigen que diga cuál es el objetivo de la actividad religiosa que están desarrollando, cuántas horas va a durar, qué temas se van a abordar y por qué la están haciendo”.

Semana Santa Nicaragua
El periodista Víctor Ticay fue apresado y posteriormente desterrado del país por cubrir una actividad en Semana Santa (Foto archivo)

Molina señala que ese nivel de detalle no era igual en las semanas santas previas. “Sí llegaba la Policía, sí asediaba, sí tomaba fotos, sí grababa videos, como también lo hace ahora. Pero no pedía de forma tan exhaustiva ese tipo de información. Ahora sí”.

El informe más reciente de Martha Patricia Molina sostiene que, entre 2019 y julio de 2025, la Policía Nacional prohibió 16.564 procesiones y actividades religiosas, y que desde 2023 las prohibiciones pasaron de ser selectivas a masivas, obligando a la Iglesia a recluir su vida litúrgica “a lo interno de cada templo”. Aquel fue el año en que el régimen decidió asfixiar de forma abierta la Semana Santa.

La Policía no solo persiguió a los promesantes, como en el caso de los cirineos de Nindirí, sino que también apresó a una veintena de personas y castigó a los periodistas que divulgaron las manifestaciones religiosas que espontáneamente se realizaron. El periodista Víctor Ticay fue encarcelado el 6 de abril de ese año después de que informara sobre una celebración religiosa en Nandaime.

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Los jóvenes que representaban al cirineo abandonaron sus túnicas y cruces para evadir a la Policía que los persiguió en la Semana Santa de 2023. (Foto archivo)

El Departamento de Estado de Estados Unidos denunció en su informe de derechos humanos de 2023 el arresto del periodista tras cubrir una actividad católica de Semana Santa. La Comisión de Estados Unidos sobre Libertad Religiosa Internacional (USCIRF) también lo registró como un preso de conciencia por motivos vinculados a la cobertura de asuntos religiosos. Ticay fue condenado a ocho años de prisión, y luego excarcelado y desterrado, en septiembre de 2024.

Los sucesos de la Semana Santa de 2023 no fueron hechos aislados. El último informe de Molina indica que hasta julio de 2025 se habían registrado 1.010 ataques contra la Iglesia católica. De ellos, 362 correspondían a represiones directas contra religiosos; 244 a ataques, asedios e impedimentos contra templos y edificios; 103 a robos y profanaciones; 98 a represiones contra laicos; 92 a pintas (grafitis) y mensajes de odio; 75 a cierres arbitrarios de obras, medios y proyectos; y 36 a confiscaciones.

Según esa séptima entrega de “Nicaragua: Una Iglesia Perseguida”, 302 religiosos y religiosas ya no ejercen misión pastoral en Nicaragua por causa de la represión. Entre ellos hay un nuncio, cuatro obispos, 149 sacerdotes, tres diáconos, 13 seminaristas y 132 religiosas.

“Todas las procesiones están prohibidas”, señala la investigadora. “Únicamente están autorizadas las que se realizan dentro de los templos”. Y pone un ejemplo: “Una diócesis como León, que antes hacía procesiones magnas y multitudinarias, ya no las va a hacer en la calle. Las van a desarrollar dentro de los templos. Esa es la realidad”.

Semana Santa Nicaragua
Las actividades religiosas solo están permitidas dentro de las iglesias en Nicaragua. (Foto archivo)

Los sacerdotes viven al filo de la cárcel o la expulsión del país. Bajo constante vigilancia policial y obligados a reportar cada día las actividades cotidianas. La mayoría de los sacerdotes de Nicaragua tienen asignado un oficial de contacto personal en la Policía que se encarga de monitorear sus actividades y al que deben reportarse por un canal de WhatsApp.

Infobae conversó, en condición de anonimato, con un par de sacerdotes que aun ejercen en Nicaragua, y tuvo acceso a decenas de audios y capturas de pantalla de oficiales de Policía exigiendo información a sacerdotes: adónde va, qué hará, cuánto tiempo estará, qué actividad realizará.

“Padre, ¿dónde está? Voy a mandar los muchachos a la casa cural”, dice uno de los audios de alguien que el sacerdote solo identifica como “el teniente”.

“El sacerdote común, desde que se levanta, tiene que dar orientación, o, mejor dicho, información, de todo lo que va a hacer durante el día. Tiene que reportar si va al supermercado, si va a visitar a alguien, si va a salir, a dónde va a ir, cuánto tiempo se va a quedar. Todo eso se lo comunica a la Policía. Lo hace por medio de un chat”, explica el religioso consultado.

“Además, cuando vamos a dar las homilías, también tenemos que informar de qué se trata la homilía. Incluso, a veces, debemos enviar el reporte completo de lo que vamos a decir”, añade.

La dictadura de Rosario Murillo y Daniel Ortega mantiene una ofensiva desde 2018 contra la iglesia católica de Nicaragua. (Foto EFE/Archivo)
La dictadura de Rosario Murillo y Daniel Ortega mantiene una ofensiva desde 2018 contra la iglesia católica de Nicaragua. (Foto EFE/Archivo)

Un feligrés, cuyo nombre también se omite por seguridad, relató a Infobae un episodio ocurrido durante una misa en una ciudad del occidente del país. Según ese testimonio, la Policía entró al templo e interrumpió la celebración de la misa. Luego, llamó al sacerdote para reclamarle que no había informado de esa actividad ni del contenido de su homilía.

“La misa es el momento más solemne. Un sacerdote jamás puede dejar el altar cuando está celebrando la eucaristía. Pero, parece que al sacerdote se le olvidó entregar el reporte donde debía decir qué iba a comentar en la homilía”, dice la fuente que, según explica, se logró escuchar cuando el policía advertía al religioso: “Primera y última vez que usted hace eso. Ya sabe que la próxima vez va preso”.

Un episodio similar ocurrió también en una ciudad del sur de Nicaragua, cuando policías y paramilitares llegaron a fotografiar y filmar a los jóvenes que participaban en un retiro espiritual. Luego entregaron al sacerdote una hoja de papel y ordenaron que todos se anotaran con nombre completo y número de cédula. Cuando algunos, por temor, intentaron retirarse, se les impidió la salida. Después, los agentes arrebataron el micrófono y comenzaron una charla sobre violencia intrafamiliar y relaciones sexuales para ridiculizar la actividad.

“A algunos sacerdotes los obligan a firmar cartas ya prediseñadas, sellarlas y poner que, gracias a la colaboración de la Policía, todas las actividades se realizan correctamente; que muchas gracias por la buena gestión, por el orden que mantienen”, denuncia Molina. “Además, casi semanalmente, los policías llegan a tomarse fotos con los curas. Siempre les dicen que sonrían, que aparenten una conversación amena, que están contentos, que se rían”.

“Yo creo que están creando como un portafolio para mostrar al Vaticano cartas firmadas, sellos parroquiales y fotografías sonrientes para fingir que no hay persecución”, considera.

La ofensiva contra la Iglesia empezó de forma clara en abril de 2018, cuando templos abrieron sus puertas a heridos, perseguidos y manifestantes, y cuando obispos y sacerdotes denunciaron la represión. El informe de Molina ubica ahí el inicio manifiesto de la persecución actual y explica que, desde entonces, los religiosos se convirtieron en uno de los principales enemigos del régimen de Ortega y Murillo.

El Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua, de Naciones Unidas, concluyó que las violaciones contra miembros de la Iglesia católica y otras confesiones cristianas forman parte de una política para suprimir toda forma de disenso.

Martha Patricia Molina: "Ahora la Policía exige más información a los sacerdotes"

El informe de derechos humanos del Departamento de Estado sobre 2023 consignó que la dictadura acosó y vigiló a clérigos y laicos católicos, impidió a sacerdotes salir de propiedades eclesiales durante días y mantuvo la prohibición de las celebraciones públicas de Semana Santa. El informe de libertad religiosa de 2023 añadió que Ortega llamó a la jerarquía católica “obispos de Satanás” y justificó la prohibición de procesiones.

En 2024, la USCIRF señaló que el régimen envió aproximadamente 4,000 policías a iglesias católicas en todo el país para impedir nuevamente las procesiones públicas de Semana Santa. En su informe anual de 2025 volvió a documentar que Nicaragua prohibió procesiones de Semana Santa y Pascua en distintas zonas del país. Además, ha pedido que Nicaragua permanezca entre los países de especial preocupación por violaciones graves a la libertad religiosa.

“Yo sigo creyendo que el objetivo es eliminar por completo la religión católica (en Nicaragua). Porque hasta hoy no han logrado tener una Iglesia arrodillada al poder dictatorial. Como no han conseguido ese objetivo, entonces quieren eliminarla por completo”, valora Molina.

El clero de Nicaragua ha sido particularmente golpeado por la represión del régimen. Hasta julio de 2025, 149 sacerdotes, 4 obispos y un nuncio habían sido expulsados o se habían exiliado (AP Foto/Inti Ocon)
El clero de Nicaragua ha sido particularmente golpeado por la represión del régimen. Hasta julio de 2025, 149 sacerdotes, 4 obispos y un nuncio habían sido expulsados o se habían exiliado (AP Foto/Inti Ocon)

Aunque la iglesia católica sigue viva y resistiendo en Nicaragua, los golpes son evidentes.

Hasta 2018 había 611 sacerdotes activos en Nicaragua, según la página oficial de la Conferencia Episcopal. De acuerdo con el último informe de Molina, desde abril de ese año y hasta julio de 2025 han sido expulsados por el régimen cuatro obispos y 149 sacerdotes.

“La cifra real de sacerdotes en Nicaragua no la conocemos porque los datos fueron retirados de la web. Muchos han sido expulsados, otros murieron con el Covid, otros han pasado a retiro y el relevo se vuelve difícil porque en algunas diócesis la dictadura ha prohibido la ordenación y reemplazo de sacerdotes”, señala la abogada.

Los feligreses también sienten temor. La Policía exige los nombres de los participantes en las actividades religiosas, y los sacerdotes se debaten entre cumplir esa exigencia que toman como una “delación” a sus fieles o sufrir las consecuencias de su negativa que los pueden llevar al destierro o a la cárcel.

Con todo y la represión, sacerdotes y fieles mantienen su fe, y en la medida de lo posible cumplen sus ritos tradicionales, tal como se verá esta Semana Santa de 2026. Esas celebraciones sobreviven vigiladas, reducidas y encerradas. Ya no avanzan por avenidas ni barrios. No toman la plaza. No doblan la esquina. No cruzan el pueblo. Perviven dentro del templo, bajo cámaras, sospechas y reportes.

No habrá cirineos, otra vez. Ni viacrucis en las calles. Ni palmas alegres recibiendo a Jesucristo. Pero dentro de los templos de Nicaragua se oirá como todos los años aquel cántico de dolor propio de estos días: “Perdona a tu pueblo, Señor…”.

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