
Demoraron el mismo tiempo en encontrarla que el que llevaba viviendo: 16 años. Cuando Elisa Claps desapareció estaba en una iglesia. Su ausencia de 5844 días terminó en un non sancto sepulcro. No estaba lejos de nadie, estaba a un par de metros por sobre las cabezas de todos.
Elisa era la tercera hija de Antonio y Filomena. Había nacido después de Gildo y Luciano. La más chica y mimada, la única hija mujer. La familia Claps era religiosa practicante, de misa dominical y vivía en Potenza, Italia.
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El domingo 12 de septiembre de 1993 Elisa (16) le avisó a su hermano Gildo (24) que se iba a misa con su amiga Eliana De Cillis (17) a la Iglesia de la Santísima Trinidad, en pleno casco histórico de la ciudad a 350 metros de su casa. Volvería a la hora de almuerzo.
La iglesia daba misa a las 11 y a las 12.30. Parte de lo que dijo Elisa era cierto. Pero no todo.
Eliana llegó a la Via Mazzini 69, donde vivían los Claps, a las 10.30. Elisa salió con ella y caminaron juntas esas pocas cuadras. Antes de llegar a la iglesia ubicada en la Via Pretoria 123, Elisa le dijo que la esperara.
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Elisa le había contado a Eliana algo que le había ocultado a su hermano mayor: había quedado en verse detrás del altar con Danilo Restivo, un chico de 21 años. La noche anterior, Danilo la había llamado y había insistido en verla. Le dijo que quería darle un regalo por haber aprobado los exámenes.
Eliana la ve irse hacia la entrada de la parroquia y ella aprovecha para ir hacia unas cabinas telefónicas para realizar un llamado. Tiene que esperarla un rato. Unos minutos le había dicho. Al rato, como ve que no vuelve decide buscarla, pero no la ve por ningún lado. A las 12.45 decide irse. Va directo a la casa de Elisa y le cuenta a Gildo lo que está pasando y que se iba a encontrar con su amigo Restivo. Gildo consigue el teléfono de los Restivo y llama a la casa. Le pasan con Danilo. El joven dice que estuvo con Elisa detrás del altar en la iglesia, que hablaron unos diez minutos pero luego ella se fue y él se quedó rezando.
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Gildo no está convencido con su respuesta. Se dirigen con su padre Antonio hasta la iglesia, pero la Santísima Trinidad está cerrada a cal y canto. El cura a cargo ya se ha ido. Luciano, el otro hermano de Elisa, va a tocar el timbre de los Restivo. Les dice que está buscando a su hermana. No saben nada.
La familia Claps recorre Potenza frenéticamente y pasadas las 16 horas realizan la denuncia por su desaparición. Los noticieros de la noche ya hablan del caso.
La investigación no arranca nada bien. Los agentes suponen un alejamiento voluntario de la adolescente. Quizá una fuga por amor. Van a la casa de la familia de Restivo, pero resulta que el joven había salido el domingo por la tarde hacia Nápoles (ciudad ubicada a 150 km) porque, según dijo, a la mañana siguiente tenía un examen en la facultad de Odontología. Lo ubican y Danilo vuelve a Potenza para dar su versión de los hechos. Reconoce a los detectives haber estado con Elisa unos minutos y les asegura que ella le había mencionado que estaba asustada porque alguien la había molestado al entrar a la iglesia. Al rato, según su relato, ella se fue y repitió lo que había dicho antes: él se quedó orando.
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Surgieron, sin embargo, detalles no menores: el domingo, antes de irse a Nápoles, Danilo había pasado por una guardia médica del hospital San Carlo de Potenza a las 13.45 para que le vieran una herida cortante en su mano izquierda. Relató haberse caído en la obra de una escalera mecánica en construcción. El médico que lo atendió fue el doctor Michele Albano y contó que la herida era producto de algo muy “afilado”: un corte de un centímetro en el dorso de la mano izquierda, entre el pulgar y el índice que requirió un punto de sutura. El agente, Donato Pace, fue hasta el lugar donde Danilo dijo haberse accidentado y descubrió que en la obra no había nada filoso con lo que pudiera haberse lastimado.
Las versiones contradictorias lo vuelven un testigo no creíble, sospechoso. ¿Estará ocultando algo? El 10 de septiembre de 1994 fue detenido por declaraciones falsas al fiscal del caso. Sería juzgado y condenado por ello.
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Quién es el sospechoso
Danilo Restivo había nacido el 3 de abril de 1972 en Erice, un pueblo de la zona de Trapani, Sicilia. Su familia se mudó a Cagliari, Cerdeña, durante su infancia y, luego, terminó por instalarse en Potenza. Por 1993 él decía querer estudiar para técnico dental.
Pocos sabían que un año antes Danilo había sido condenado por acosar a cuatro chicas que compartían un departamento frente a la casa de sus padres. Él las espiaba por la ventana. A Elisa la conoció en julio de 1993 a través de Luciano Claps, el hermano del medio de la víctima. Danilo enseguida le declaró su amor, pero ella lo rechazó: le dijo que tenía un novio en la ciudad de Palermo.
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Danilo habría quedado molesto y habría insistido. Verbo en potencial. No se tiene certeza.
En el juicio por falso testimonio se ventilaron pormenores extraños: su afición por cortar, con una tijera pequeña, mechones de pelo a chicas desconocidas mientras viajaban en colectivo y otras conductas perturbadoras como haber atado a unos chicos menores.
Elisa seguía sin aparecer ni viva ni muerta.
La sentencia por falso testimonio fue a nueve meses de prisión. Sus abogados apelaron y el 28 de enero de 1998, la Corte de Apelaciones de Potenza elevó la pena a dos años y ocho meses.
Mientras, fueron sucediendo otras cosas que dispersaron la atención de la investigación. Hubo varias personas que aseguraron haber visto a Elisa en distintos lugares como Albania o Brasil. En 1999 hubo algo que llegó a las primeras planas de todos los diarios italianos: era un supuesto mensaje de Elisa enviado desde Sudamérica. Esto fue descartado cuando se comprobó que quien lo envió estaba en Potenza. También hubo algunas versiones de que en el diario de Elisa faltaba una página en la que había palabras escritas en albanés. Un conocido de la joven sostuvo que había sido secuestrada por criminales en un Fiat Uno blanco e incluso señaló a un albanés llamado Eris Gega. También se recibieron cartas y mensajes anónimos que introducían nuevas hipótesis de lo que podría haber sucedido con ella.
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Demasiadas versiones, cero evidencia.
Sin cuerpo, la causa por la desaparición de Elisa terminó estancada.

La vecina que no pudo escapar a su destino
En ese tiempo que siguió, Gildo Claps, el hermano de Elisa, se casó con su novia de siempre, Irene, con quien tuvo dos hijos. La pareja siguió muy activa con el caso. Decidieron armar una fundación, a la que llamaron Penélope, para ayudar a las familias de personas desaparecidas. Habían visto la devastación en la familia y lo golpeados que quedaron Antonio y Filomena. De esta manera lograron que el caso Elisa Claps se volviera una causa pública, una que trascendiera las fronteras familiares para interesar a todos
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En mayo de 2002, ya fuera de la cárcel, Danilo Restivo dejó su país. Se marchó en avión rumbo al Reino Unido donde tenía una novia que había conocido online. Se instaló con ella, Fiamma Marsango, en Charminster, un pueblito cerca de Bournemouth en la costa de Dorset. Supuesta vida nueva lejos de las acusaciones.
El 12 de noviembre de 2002, una vecina de la pareja, la modista Heather Barnett (48), aparece asesinada dentro de su propia casa. La encuentran sus hijos Terry (14) y Caitlin (11), al volver del colegio. La primera en entrar al baño fue Caitlin que grita histérica. Se asoma Terry y se da cuenta de que eso no es un accidente. La escena que ven es terrorífica y salen corriendo de la casa para buscar ayuda. El primero con el que se cruzan es su vecino de enfrente, Danilo Restivo. Él los consuela, los lleva a su casa y esperan allí a la policía.
Los forenses hacen su trabajo y dictaminan que el atacante la golpeó diez veces en la cabeza con algo contundente que podría ser un martillo y, luego, le rebanó el cuello de lado a lado. El cadáver presentaba lesiones defensivas en sus manos. No hay dudas de que la mujer le vio la cara a quien la asesinaba. Una vez vencida la resistencia y presumiblemente muerta, el homicida pasó a la mutilación. Cortó los senos y los colocó al lado de la cabeza. El cuerpo parcialmente desnudo en una singular disposición y su corpiño roto por delante. Eso parecía indicar un ritual. La mano derecha de la víctima tenía un mechón de pelo que no le pertenecía; en la izquierda, otro mechón de cabello propio. Eso era como una firma, piensan los expertos.
El asesino, según los detectives, había entrado a la casa esa mañana cuando ella volvió de dejar a sus hijos en el colegio. La puerta no estaba forzada. ¿Quién podía ser? Desde el principio Danilo Restivo, el vecino de enfrente, integró la lista de sospechosos.
Con las primeras declaraciones supieron que Danilo Restivo había estado el 6 de noviembre en el departamento, ubicado en la planta baja, de su vecina modista para encargarle la confección de unas cortinas que deseaba su mujer Fiamma. Los policías supieron que ese día, después de la visita, Heather notó que le faltaba un juego de llaves de su casa. Le hizo saber a su hermana lo que había pasado, le reveló que desconfiaba de su vecino, que le temía, y cambió las cerraduras. No solo eso: le dejó a Fiamma una nota donde le decía que su pareja se había llevado sus llaves seguramente por equivocación.
Su sexto sentido le funcionó, pero no hubo mucho que pudiera hacer para impedir su destino. Porque aunque su vecino no tuviese la llave nueva, si le tocaba la puerta, ella abriría.
La policía británica detuvo con rapidez a Danilo para interrogarlo. Fiamma hizo de intérprete porque él no hablaba bien inglés. Dijo que esa mañana él había tomado un colectivo para ir a un curso de informática que estaba tomando en NACRO (una organización que ayuda a la reinserción de personas que han tenido algún contacto con el sistema penal y que cuenta con programas de empleo). Mostró el ticket que marcaba las 8.44. Cinco días después revisaron su casa donde hallaron unas zapatillas Nike sumergidas en la bañadera con lavandina. Se las llevaron y, tiempo después, los peritos hallaron pequeñas trazas de sangre en ellas pero el ADN no pudo extraerse por el efecto del químico. Por otro lado, la computadora que él había utilizado supuestamente en el curso no había registrado actividad de usuario entre las 9.09 y las 10.10. Justo el período en que la policía creía que había asesinado a Heather.
Había mucho para hilvanar, pero no lo suficiente como para enviarlo a la cárcel. Había que buscar más pistas.

Monitoreando a un perturbado
En 2004 Danilo se casó con Fiamma y en marzo de ese mismo año fue puesto bajo vigilancia estricta sin que él lo supiera: los detectives de homicidios lo monitoreaban. Escuchaban sus conversaciones y seguían sus movimientos. Descubrieron que Danilo hablaba con su mujer y con sus padres como si fuese un niño pequeño. Era un sujeto de lo más extraño.
El 12 de mayo de 2004 el equipo que lo supervisa se alarma con su conducta. Lo están siguiendo por el parque Throop Mill. Lo ven llegar y estacionar su auto Austin Metro blanco. Hace calor, pero Restivo va con pantalones de lluvia, con la cabeza tapada con capucha y con guantes. Le salen al paso con la excusa de que están controlando el robo de automóviles. Le piden registrar su vehículo. Dentro del Austin encuentran otro equipo de ropa igual al que ese sujeto lleva puesto, un cuchillo especial para filetear, dos pares de tijeras, un pasamontañas, bolsas de plástico y más guantes. Parece el kit perfecto de un asesino.
Algo más de lo que tomaron nota un rato después. Ese día era 12 de mayo, Elisa había desaparecido un 12 de septiembre y Heather Barnett había sido asesinada un 12 de noviembre. No era una simple coincidencia. Estaban seguros de que él estaba por atacar ese día nuevamente. Quizá lo habían impedido.
La vigilancia continuó más estrecha que nunca. Al mes siguiente, una adolescente lo identificó como el hombre que le había cortado un mechón de pelo en el colectivo sin su consentimiento. Bingo. Tenían cómo arrestarlo. El 22 de junio lo detuvieron y quedó tras las rejas durante tres días. Una vez más no pudieron retenerlo. Faltaban pruebas. Volvió a quedar en libertad.
En noviembre de 2006 consiguieron un nuevo permiso para revisar su casa. Encontraron más mechones de pelo. Sin poder presentar cargos una vez más volvió a su casa donde siguió viviendo muy tranquilo cuatro años más.
La policía continuó intentando conseguir algo que lo comprometiera lo suficiente para dejarlo preso. En 2008, con análisis disponibles más modernos, los expertos lograron extraer ADN de una toalla verde manchada con sangre que había sido encontrada en la escena del crimen de Heather Barnett. El ADN coincidió parcialmente con el de Danilo Restivo. La probabilidad de que correspondiera a otra persona era de 1 en 57.000. Antes el sospechoso había negado que fuera suya, pero cuando se le comunicó el resultado recordó que era suya y que la había llevado como muestra de color para las cortinas. Los detectives estaban convencidos de que la había usado para limpiarse y se la había olvidado.
Increíble, pero esto tampoco fue suficiente para llevarlo a juicio por homicidio.

El milagro de los huesos
En Italia las cosas también discurrían muy lentamente.
La familia Claps hundida en la angustia conservaba una pequeña esperanza de que la joven siguiera con vida. Esa llama se apagó el 17 de marzo de 2010 cuando unos obreros que trabajaban en el techo de la Iglesia de la Santísima Trinidad en busca del origen de humedades, encontraron un esqueleto escondido en un sitio entre el cielorraso y el techo. Junto a los huesos había pertenencias: un reloj, unos anteojos, aros, una cadena, sandalias y un corpiño desgarrado por el frente. El que recibió la llamada con la noticia fue Gildo. Han encontrado restos humanos en la iglesia donde desapareció Elisa y precisan que reconozcan las pertenencias. Quieren que reconozcan. Son las mismas cosas que Elisa llevaba puestas aquel día.
Los peritos, bajo el mando del forense Francesco Introna, concluyen que los restos pertenecen a Elisa Claps y detallan lo que han hallado. Elisa recibió doce puñaladas con una hoja pequeña y afilada, de entre cinco y nueve centímetros de largo y una herida más que fue hecha con un instrumento sin filo. Quizá unas tijeras. De las cuchilladas, nueve fueron por la espalda. Remarcan que también le cortaron mechones de pelo.
Cerca del cuerpo apareció un botón rojo, de esos propios de los atavíos clericales. ¿Buscaba el homicida distraer la atención o podría haber sido un sacerdote el responsable? La prensa dio la noticia y se generó mucha controversia.
El párroco de la iglesia donde desapareció Elisa, Domenico Sabia, siempre había negado su relación con Restivo. Murió en 2008, pero en el 2010 apareció una foto suya en el cumpleaños número 18 de Danilo Restivo. ¿Quién va de invitado al cumpleaños de alguien a quien no conoce? Convengamos que ir a un cumpleaños no te hace cómplice de un crimen, pero negarlo, al menos, indica que se teme demasiado ser vinculado a algo tan espinoso.
Para la ciencia existió un ataque sexual: pantalón bajo con cierre abierto, corpiño roto por delante (de igual forma que el hallado en el caso de Gran Bretaña), golpes en la cara interna de los muslos y en el pecho. La agresión mortal habría ocurrido mientras él intentaba violarla y ella se resistía. Pero lo concreto es que la violación no pudo probarse debido al estado de los restos. Sí se comprobó que el cuerpo fue arrastrado por los pies hacia un rincón inaccesible donde, con el paso del tiempo, se pudrió. En el techo hallaron varios orificios, realizados con un taladro o un destornillador, seguramente con el objetivo de ventilar el espacio. El asesino sabía lo que hacía: quería evitar que el olor de un cuerpo en descomposición llamara la atención.
La policía compartió esta nueva información con sus pares ingleses. Lo más llamativo era el patrón de los mechones de pelo cortados. Parecía la rúbrica de un asesino.
Dos meses después, el 19 de mayo de 2010, por fin, detienen a Danilo Restivo en Gran Bretaña y lo envían a juicio.

¿Ocultación? ¿Mafia? ¿Un teléfono comprometedor?
En algún momento la familia Claps consideró que el descubrimiento real del cuerpo de su hija había sido bastante antes y que la escena podría haber sido montada. Creía que el antiguo párroco de la iglesia, ya fallecido, podría haber sabido más de lo que decía. ¿Por qué nunca les había permitido inspeccionar determinadas zonas de la iglesia? Según los mismos trascendidos, dos mujeres encargadas de limpieza habían hecho declaraciones contradictorias sobre la fecha en la que se habían enterado de la existencia de los restos de Elisa. Además, Gildo Claps sostuvo que, en 1996, se habían realizado trabajos en el ático por los daños de un terremoto. Durante esas obras de reparación se instalaron estructuras en la zona donde posteriormente apareció el cuerpo. Sonaba difícil de explicar que nadie hubiese visto nada.
Los medios publicaban todo lo que se decía acerca del caso. La primera investigación llevada a cabo por la fiscal Felicia Genovese fue criticada porque se consideró que había obstaculizado la investigación. El punto fue que habían hallado una agenda en la habitación de Danilo Restivo donde figuraba un número de teléfono al lado de un nombre: “Licia Genovese”. A esto se sumaron declaraciones de un mafioso que adjudicaba vínculos entre el padre de Danilo Restivo y el marido de la fiscal Genovese. Una maraña donde Genovese terminó absuelta de todas las acusaciones.
Hallar el cuerpo de su hija en la iglesia enfrentó a los Claps con su fe en la institución. Gildo no dudó: cuestionó fuertemente a la iglesia y pidió explicaciones a las autoridades. La iglesia terminó siendo cerrada ese mismo año.
Un festival de semen
En junio de 2011 Danilo fue a juicio por el crimen de su vecina en el Reino Unido y fue condenado a cadena perpetua. En el proceso el juez mencionó que el acusado también había asesinado en Italia a la adolescente Elisa Claps. Por el modo en que lo había hecho, para los expertos, entraba en la categoría de “asesino serial”.
El eco fue mayúsculo. Al punto de que los abogados de un hombre preso por un crimen dijeron que su cliente era inocente y sugirieron que el culpable podía ser Danilo Restivo. Jong Ok-Shin era una estudiante coreana de 26 años que volvía caminando a su casa cuando fue apuñalada tres veces. Antes de morir la joven llegó a decir: el hombre que la atacó llevaba una máscara.
¿Lugar del ataque? A pocas cuadras de la casa de Restivo. Además, se hallaron cerca mechones de pelo que podrían haber tenido que ver con el caso. Pero el dato más llamativo fue el día de la agresión mortal: 12 de julio de 2002. Un 12, como los otros dos casos y el día que lo pararon en el parque. El hombre preso, Benguit, enfrentó tres juicios y hubo serias dudas de los testimonios utilizados contra él. Al final, no se pudo demostrar que Restivo tuviese que ver, pero eso no quiere decir que fuera desacertada la suposición.
En Italia avanzaba la pesquisa: hallaron restos biológicos en un colchón plegable en el altillo y en un estropajo rayado, cerca de donde había estado oculta Elisa. Era semen correspondiente a dos perfiles genéticos distintos. Además, en otro paño que había sido incautado en el centro cultural Newman, en la misma casa parroquial, se halló más semen que resultó compatible con uno de los del ático.
La magistratura ordenó un superpericia con expertos con toda la prueba reunida. En 2011 cerebros forenses de Parma y de Roma volvieron a analizar todo lo encontrado y lo compararon con el ADN de Danilo Restivo. Dio positivo para la camiseta que llevaba puesta Elisa. Negativo o inconcluso en el del colchón y los trapos. ¿Cuánta gente había en la iglesia sembrando semen? Daba mucho que pensar. Si era tan frecuente que acudieran allí para esto, ¿cómo fue posible que nadie viera a Elisa ni sintiera algo de olor?

Juicios y el hombre de la bicicleta
El 8 de noviembre de 2011 comenzó en Salerno el juicio italiano contra Danilo Restivo. Los ingleses ya lo habían condenado y no permitieron su traslado temporal a Italia.
La fiscalía italiana solicitó 30 años de prisión, además de otras sanciones. El 11 de noviembre fue condenado, en un juicio abreviado. La jueza Elisabetta Boccassini lo declaró culpable y lo condenó a tres décadas de cárcel, no podían pedir perpetua porque los agravantes estaban prescritos. Estableció, además, una indemnización de 700.000 euros para la familia Claps. No hay datos si Restivo pagó algo de ese dinero, porque no parece que tuviera semejante suma.
En 2012 una corte de apelaciones de Gran Bretaña le redujo la pena de perpetua a 40 años. Los Claps no podían creerlo.
En abril de 2013 la Corte de Apelación confirmó los 30 años. En 2014 muere Antonio Claps sin ver la sentencia firme contra el asesino de su hija. El 23 de octubre de 2014 la Corte de Casación dejó firme la condena, pero eliminó el agravante de la crueldad.
En noviembre de 2023 la iglesia de la Santísima Trinidad reabrió sus puertas con respaldo del Vaticano y de la mano del arzobispo Salvatore Ligorio. El Papa Francisco lo había autorizado bajo la expresa condición de que se conservara la memoria de Elisa y que se evitara convertir la parroquia en un sitio de celebraciones festivas. En adelante, solo deberá ser un espacio de oración silenciosa y de reflexión.
Cuando se realizó la primera misa, la familia Claps hizo una protesta en la puerta.
Filomena Iema, su madre, que hoy tiene 89 años y vive en la misma casa de Potenza, pudo ver el final de la historia. En 2025 apareció públicamente en Salerno junto a su hijo Gildo para hablar sobre este tipo de casos con la fundación Penélope.
Danilo Restivo sigue preso en el correccional de máxima seguridad de HMP Full Sutton, Yorkshire. No figura en ningún medio que su mujer lo haya dejado. Solo se supo que lo visitó en prisión y que al comienzo sostenía su inocencia.
Este año en Potenza ocurrió algo significativo: la investigación sobre el caso volvió a abrirse. Quieren investigar si hay personas todavía no identificadas que supieran más de Elisa Claps o de todo lo que pasaba en el ático.
No es todo. En Reino Unido, este mismo mes de septiembre, el caso de la mujer coreana también fue reabierto. Una investigación de la BBC Panorama reveló que trece testigos del caso dijeron que la policía los había presionado para inventar declaraciones contra el hombre que fue condenado y para modificar sus relatos. La unidad que revisa casos dudosos, Criminal Cases Review Commission, puso la lupa sobre este crimen y aparecieron nuevas imágenes de cámaras callejeras. En ellas se ve de lejos, diez minutos antes del crimen, a un hombre en bicicleta parecido a Danilo Restivo. No solo vivía cerca, parece haber pasado por la zona del crimen y, por supuesto, Restivo tenía una bicicleta similar. Además, rescataron el testimonio de una mujer que dijo haber oído a Danilo Restivo hablar con detalles, que no habían salido a la luz, sobre ese crimen.
La verdad pugna por salir a la luz y, por suerte, siempre hay gente dispuesta a seguir hurgando. El pasado habla, solo habrá que leerlo con cuidado.
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