Del ensamblado local a la importación: el nuevo escenario de las renovables

José Salgado, director de una empresa fabricante de componentes para generadores eléctricos solares, analiza el giro del sector hacia la importación de equipos terminados, los desafíos logísticos y las claves de competitividad

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José Salgado es director de
José Salgado es director de una empresa fabricante de componentes para generadores eléctricos solares (Foto: Movant Connection)

El sector de las energías renovables atraviesa una etapa de expansión sostenida, impulsada por cambios en costos, regulación y demanda. “El aumento de los precios de la electricidad ayudó a que se mueva mucho más el mercado”, señala José, al describir un escenario donde importaciones, logística y financiamiento pasan a ser variables estratégicas para las pymes del sector.

¿Cómo ves la evolución de la energía solar en Argentina?

Viene creciendo un montón. Nosotros arrancamos en este rubro en 1982 y no había absolutamente nadie. Fue creciendo muchísimo desde el lado industrial y, en los últimos diez o quince años, con la ley de conectado a red, se sumó muchísima más gente también del lado del usuario final.

Además, los precios de los paneles y los insumos vienen bajando con el tiempo, eso facilita el acceso. Y en los últimos años el aumento de los precios de electricidad, que dejaron de estar subsidiados, también ayudó a que se mueva mucho más el mercado. Año a año crece, y año a año se importan cada vez más paneles.

¿Qué sectores están implementando más fuertemente la energía solar?

Históricamente se desarrolló primero en lugares donde no tenían acceso a la red. Cuando no tenés red, tu opción es un grupo electrógeno, solar o eólica, y la solar suele ser la de menor mantenimiento.

Entonces gas, minería, el campo y telecomunicaciones, que tienen sitios alejados y donde llevar redes es carísimo, fueron los primeros. Ahí se hacen las mayores inversiones y, como requieren baterías, son sistemas más complejos y más caros.

Después viene creciendo mucho en el usuario final: casas, oficinas. Ese mercado está creciendo, pero tiene que desarrollarse muchísimo más. Falta gente capacitada. No es “solo un electricista”: tenés techos, tableros, cables, filtraciones. Tenés que saber de electricidad y también de techos.

¿Cómo es tu vínculo con el comercio exterior dentro de esta actividad?

Nosotros importamos. Hasta hace poco importábamos insumos para fabricar, porque fabricábamos paneles acá. Ahora estamos dejando de fabricarlos e importamos paneles terminados y componentes de los sistemas solares.

También exportábamos a mercados de nicho: Francia, Reino Unido, Brasil. Estamos en operatoria para los dos lados, con todas las complicaciones que eso trae para una pyme.

Las importaciones hoy son más sencillas porque no hay que pedir permiso para importar, pero sigue el problema de plazos: para pymes, tener que pagar recién a los 30 días después de nacionalizado te obliga a salir a pedir financiamiento al exterior, y eso no es sencillo.

"La diferencia de calidad entre
"La diferencia de calidad entre los principales fabricantes es finita, entonces se compite mucho por precio", precisa José en relación a la actualidad de los paneles solares (Foto: Shutterstock)

¿De qué orígenes vienen los principales insumos?

Traemos cosas de China, India, Estados Unidos, Polonia y también Taiwán.

China desarrolló el mercado y fabrica más del 80% de los paneles del mundo. Tienen los mejores precios y fábricas muy eficientes. De Taiwán traemos reguladores de carga, que tienen una lógica bastante complicada, y ellos son “la casa madre” de placas y electrónica.

En baterías, nuestro proveedor principal fabrica en Estados Unidos. También hay plantas en Polonia y en China.

¿Qué pasa con las baterías, se consiguen localmente?

Las que traemos nosotros no se fabrican en Argentina. Acá se hacen baterías abiertas, hasta donde yo sé. Pero nosotros usamos baterías selladas, sin mantenimiento, para lugares aislados. Las abiertas necesitan agua destilada cada cierto tiempo.

Si vos tenés una antena en el medio de la nada, no podés ir tres veces por semana a ponerle agua. No funciona. Y perdés justamente la ventaja de la energía solar, que es no depender de estar yendo todo el tiempo al sitio. Por eso todas nuestras baterías son selladas. Y la movida de baterías de litio también viene de afuera.

Desde tu experiencia, ¿qué hacía competitiva a Argentina en exportación, aunque fuera en nichos?

En muchos productos, incluyendo paneles, cada vez se parecen más a un commodity. La diferencia de calidad entre los principales fabricantes es finita, entonces se compite mucho por precio.

Las fábricas grandes necesitan estandarizar. Si alguien pide algo especial, les desarma la línea, entonces para aceptar ese esfuerzo te piden volúmenes gigantes. Nosotros, con una fábrica más chica y más manual, podíamos aceptar órdenes más chicas: 300 módulos y no 5000. Esa era la ventaja.

¿Qué limitaciones aparecen cuando se quiere exportar desde Argentina?

Muchas veces te encontrás con cuestiones que te consumen tiempo y equipo. Entra la plata, y después tenés que liquidar según la fecha, según normativa, según otra normativa. Terminás con gente abocada a eso, cuando lo lógico sería tenerlos concentrados en mejorar el proceso interno: producción, logística o ventas para potenciar exportaciones.

Argentina puede exportar lo que sea. No tenemos menos que otros países. Es cuestión de que se den condiciones y, sobre todo, que se mantengan a futuro. Nadie pone una fábrica por tres o seis meses.

Cerrar es relativamente rápido. Abrir es larguísimo: predio, obra, máquinas, capacitación, inversión hundida mucho tiempo hasta que empieza a girar la rueda.

¿Cómo ves el marco normativo para importar estos productos?

Para paneles es relativamente sencillo. Tienen arancel cero. Reguladores de carga tienen poco arancel. Podrían tener cero porque casi no se fabrican acá.

Lo que sigue con mucho arancel son las baterías, tanto de plomo selladas como de litio, que tampoco se fabrican en el país. Y todo lo de estructura y soporte también tiene arancel y complicaciones. Igual, la industria metalúrgica local viene haciendo estructuras a un precio bastante competitivo, porque importar implica plata parada mucho tiempo: fabricación, barco, financiamiento. Con proveedor local es más flexible y podés controlar el proceso más fácil.

Desde lo logístico, ¿dónde está el mayor desafío?

Lo internacional está bastante estandarizado. Viene en barco, paletizado, no suele haber problemas. Incluso en China cada vez hacen más eficiente el pallet, dura un viaje y listo.

Lo más complejo es la logística desde Buenos Aires a los clientes. Porque no te piden un pallet completo: te piden uno o dos paneles. Y ahí el costo se dispara: el panel es grande, dos metros por uno y medio, y no es tan caro, entonces termina saliendo más el flete que el insumo.

Y además está el cuidado: a veces un movimiento brusco, un golpe y se estalla el vidrio. En envíos chicos, tenés que hacer packaging caro, hasta cajones de madera para un solo panel. Es una locura.

¿Y qué pasa en lugares de difícil acceso?

Ahí entra la ingeniería. El panel grande es el más económico por unidad de energía, pero si no lo podés llevar en una camioneta cruzando ríos o subiendo a 4000 metros, no te sirve.

Entonces diseñás con paneles más chicos, con más conexión en sitio, pero llegás. Hemos llevado material en helicóptero en proyectos. También tenés viento: en zonas con ráfagas fuertes es mejor manipular paneles chicos para no poner en riesgo a la gente.

¿Qué expectativas tenés para el mercado fotovoltaico?

Tiene que seguir avanzando. Falta muchísimo. Hay puntos normativos que no son claros, y temas estructurales: techo, memoria técnica, seguros, responsabilidades.

Si la economía se estabiliza y hay más financiamiento, los sistemas podrían financiarse a plazos largos, porque los paneles tienen garantía de 25 o 30 años. Eso aceleraría el acceso. Pero necesitás instaladores, logística, reglas claras. Si se acomodan esas cosas, le veo muy buenas perspectivas y la idea es seguir creciendo.