
Al analizar el escenario actual, Sebastián sostiene que “hoy el desafío no es la importación, sino la comercialización de los productos”. En esta entrevista, comparte su mirada sobre la dinámica del comercio exterior, el liderazgo en contextos cambiantes y la importancia de una logística eficiente para sostener la competitividad.
¿Cómo describís la actualidad del sector de consumo masivo en Argentina?
Fue un año muy desafiante. El consumo estuvo golpeado por un poder adquisitivo más retraído, sobre todo en términos de ingreso disponible. El desafío fue sostener volúmenes históricos en un contexto complejo. Uno como empresa tiene que ser muy dinámico y estar permanentemente buscando nuevas alternativas para los consumidores, pero cuando el consumo no crece, presentar propuestas nuevas se vuelve más difícil.
En algunos momentos se dio un “down tiering” de marcas –el corrimiento del consumo desde marcas líderes o de mayor valor hacia otras de segundo precio–. Las empresas premium se vieron más afectadas porque, al comprimirse el ingreso disponible, el consumidor busca no reducir la cantidad consumida y opta por opciones más accesibles. Es algo que ya pasó otras veces y forma parte de los ciclos del consumo.
¿Cómo viste el flujo de importaciones en este contexto?
En los últimos años atravesamos distintas etapas. Hoy estamos en una buena etapa en términos de importación. Los procesos están más simplificados, son más previsibles y permiten planificar mejor. Actualmente el gran desafío no pasa por traer los productos, sino por lograr comercializarlos en un mercado con consumo más ajustado.
¿Cómo definirías tu estilo de liderazgo?
Intento utilizar un liderazgo adaptativo, que se ajusta a las personas y a los contextos. No hay un único estilo que funcione para todos. Por ejemplo, en Argentina el colaborador suele necesitar desafíos constantes; si se le dan instrucciones demasiado rígidas, se aburre. Prefiero desafiarlos, darles autonomía para tomar decisiones y hacerse responsables de los resultados. Eso acelera el crecimiento profesional.
¿Cómo lográs adaptarte a liderar equipos en distintos países?
Son estrategias distintas. La experiencia me enseñó que hay que entender qué necesita cada persona para dar su máximo. No existe un liderazgo universal. Hay que adaptarse al interlocutor, a su cultura y a su forma de trabajar.
El consumo masivo es un sector muy dinámico, y más aún en categorías como belleza o uso diario, donde la innovación es constante. A eso se suma la particularidad de Argentina, donde las reglas pueden cambiar rápidamente. Por eso intento que la empresa sea ágil, con decisiones rápidas y con el poder de decisión lo más abajo posible en la estructura, para no perder velocidad.
¿Qué expectativas tenés hacia adelante para el consumo masivo en Argentina?
Hoy tengo expectativas positivas. Argentina tiene una oferta de marcas muy limitada si se la compara con otros países de la región, en parte por las trabas que existieron para importar y por la inestabilidad macroeconómica. Eso desalentó a muchas compañías. En este contexto, veo muchas marcas interesadas en capitalizar la oportunidad del mercado argentino. Espero un sector con más dinamismo e innovación.
¿Qué rol cumple la logística en este escenario?
Es clave para el comercio exterior. Para que los productos importados sean competitivos frente a la producción local, hay que ser muy eficientes. Si se importa desde distintas partes del mundo, se busca minimizar tiempos y costos, aprovechando al máximo cada contenedor y cada operación logística.

¿Qué se valora a la hora de elegir un partner logístico?
Además de tarifas competitivas, se prioriza la confiabilidad. Se buscan relaciones de largo plazo con partners que hayan demostrado consistencia y capacidad de resolver problemas. En logística siempre hay desafíos, y lo importante es trabajar con socios que estén dispuestos a resolverlos en conjunto.
Como empresario, ¿qué temas son los que más te desvelan?
La estabilidad y la previsibilidad. Si existieran reglas claras durante un período prolongado, podríamos enfocarnos en ser más eficientes y en llevar productos a menor costo al consumidor. Las inestabilidades obligan muchas veces a ocuparse de temas que no son el core del negocio, y eso genera desgaste.
¿Cómo ves a Argentina posicionada en el comercio exterior del sector?
Argentina pasó por etapas donde no competía en igualdad de condiciones. Aún hay mucho por mejorar como mercado receptor de importaciones. Es un mercado atractivo en Latinoamérica, pero tenemos que generar confianza para que los partners externos estén dispuestos a invertir y apostar a largo plazo.
El sector de consumo masivo ofrece enormes oportunidades para el comercio exterior. Hay muchas marcas que quieren llegar al mercado argentino y no lo hicieron por falta de previsibilidad. Para que puedan hacerlo de manera competitiva, es fundamental que la cadena logística funcione de forma eficiente. Sin logística, esa oportunidad no se concreta.
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