
“Si vamos a subirnos a un camión, que sea para disfrutarlo”. Desde la infancia al lado de su padre hasta la actualidad como creador de contenido con miles de seguidores, Gastón combina oficio, pasión y compromiso en un rubro que exige actitud, constancia y adaptación.
¿Cómo nació tu pasión por los camiones?
Desde chico viajaba con mi papá, recorríamos todo el país con el mismo camión con el que trabajo hoy. Él no quería que fuera camionero, pero sin darse cuenta me lo inculcó. Cuando cumplí 18, terminé la escuela y empecé a estudiar diseño gráfico, trabajé en eso, pero a los 21 saqué el registro y me subí a un camión.
¿Cómo se dio tu vínculo con las redes sociales?
Arrancó hace unos cuatro años. Siempre fui sacando fotos, filmando. Al principio no hablaba, solo mostraba el día a día. Todo cambió cuando se me rompió el motor en San Juan y estuve 30 días varado en una especie de desierto. Estaba yo, el camión y el teléfono.
Ahí empecé a hablar a cámara, a contar, y la gente se enganchó. Les gusta ver la realidad del camionero. No fue algo que planeé, simplemente se fue dando. Hoy lo veo como una oportunidad para influenciar positivamente: mostrar cómo se trabaja, promover el respeto por las normas de tránsito, una vida sana, el vínculo con la familia. Eso es lo que la gente valora.
¿Sentís que inspirás a otros?
Sí, todo el tiempo recibo mensajes. Muchos chicos me dicen que quieren ser como yo cuando crezcan. Incluso los padres me cuentan que sus hijos están enloquecidos con mis videos. También me siguen madres, abuelos, gente de todas las edades. Y valoro mucho que, a través de lo que comparto, empiecen a ver el trabajo del camionero con otros ojos, que le encuentren sentido, que hasta lo disfruten.
¿Hoy disfrutás de ser camionero?
Muchísimo. Al principio era más por necesidad, pero ahora lo hago con pasión. Salgo a trabajar y ya no estoy pensando en cuándo vuelvo. Me encanta recorrer el país, los paisajes, el día a día. Aunque hay presión, sentís libertad. Es algo único.
¿Qué tipo de viajes hacés?
Mi trabajo es más bien local, en el Gran Buenos Aires y hasta unos 200 kilómetros. Pero una vez al mes me doy el gusto de hacer viajes más largos a Mendoza, Córdoba, San Luis o Corrientes. Además de generar contenido, aprovecho para ver paisajes, conectar con la gente y seguir disfrutando del oficio.
¿Qué rol creés que tiene el camión en la logística argentina?
Clave. Mucha gente dice que hay que volver al tren, pero un tren no te lleva el pedido al kiosco de la esquina. Los camiones llegan a todos lados. En pandemia quedó clarísimo: éramos los únicos en la calle, con miedo a contagiarnos, sin ver a nuestras familias. Algunos pueblos no te dejaban ni entrar a descansar, pero otros te esperaban con comida. Ahí se entendió el valor del camionero.
¿Cómo es el vínculo con el resto de la cadena logística?
En 19 años conocí todos los mundos: contenedores del puerto, cargas sueltas, semilla, electrodomésticos, cargas nacionales e internacionales. Hago viajes desde aeropuertos hasta depósitos fiscales. Y en ese proceso te encontrás con todo tipo de agentes. Hay de todo y eso te da una mirada completa de la logística en Argentina.

¿Qué opinás del panorama actual del transporte?
Está complicado. Hay muchas empresas grandes y muchas chicas. No hay un valor de flete regulado, entonces las grandes se imponen porque tienen más camiones y pueden cobrar menos. Eso hace que el transporte chico quede relegado o termine tercerizando para las grandes, cobrando menos. Yo creo que debería haber una tarifa base regulada, con sanciones si no se cumple.
¿Qué mensaje buscás transmitir con tus contenidos?
Quiero que el que piensa en subirse a un camión lo haga entendiendo que esto es un estilo de vida. Que lo valore, que cuide la imagen del camionero. Hoy tenemos una herramienta enorme en las redes para mostrar lo que hacemos y cómo lo hacemos. Si vamos a subirnos a un camión, que sea para disfrutarlo, para vivirlo con responsabilidad y orgullo.
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