
“El Comercio exterior conecta oferta y demanda de países y culturas distintas, y eso lo hace único”, afirma Diego. En esta entrevista, analiza el impacto de la simplificación normativa, la centralidad de la clasificación arancelaria y el horizonte tecnológico que plantea la inteligencia artificial.
¿Cuál es el rol actual del despachante de aduana?
El rol del despachante, como primera medida, es el de facilitar y gestionar importaciones y exportaciones. Ahora, con la vorágine que tiene el comercio exterior y lo rápido que va cambiando, no alcanza con quedarse solo en eso. Hoy hay que diversificarse. Muchas veces el trabajo no empieza en la aduana: arranca cuando un importador quiere traer determinada máquina y no sabe a quién comprarle ni cómo hacerlo. Ahí entramos nosotros, ayudando en el desarrollo del producto y en la búsqueda de proveedores. Lo mismo sucede al revés, cuando alguien quiere exportar y necesita colocar su mercadería en otro mercado.
El despacho en sí, con la clasificación arancelaria como núcleo, sigue siendo la base. Esa tarea determina el régimen legal de una operación, pero hoy es solo una parte. En la práctica, el despachante se ocupa de mucho más: desde asesorar en todo el proceso hasta coordinar la logística. En el caso de las pymes, termina siendo directamente su departamento de comercio exterior.
¿Por qué resulta tan relevante para las pymes?
Las grandes compañías, sobre todo las multinacionales, suelen tener su propio departamento de comercio exterior. En cambio, en las pymes más chicas esa figura no existe. Muchas veces la gestión la lleva adelante un administrativo que no está capacitado en comex, y ahí el despachante pasa a cumplir un rol mucho más integral. No solo hace trámites, también guía, asesora y acompaña en toda la operatoria.
¿Cómo llegan las empresas a un despachante de aduana?
Generalmente, por recomendación. Siempre digo que el despacho de aduana es como un médico: si estás conforme, no lo cambiás. Lo mismo pasa con los importadores o exportadores que están conformes con su despachante. Por eso conseguir clientes nuevos no es sencillo.
El mercado tiene muchos despachantes y todos cobran más o menos lo mismo, así que el precio no es lo que define. La diferencia está en el servicio. Si una empresa se siente respaldada, difícilmente cambie. Por eso el boca en boca sigue siendo el principal canal, sobre todo en los estudios más chicos.
¿Qué cambios recientes marcaron la operatoria de comercio exterior?
El más importante fue la simplificación normativa. Durante años hubo dobles controles: certificaciones que otorgaba la Secretaría de Industria y que además verificaba la Aduana al momento de la importación. Eso hoy quedó concentrado en la Secretaría de Comercio, que es la que controla lo que efectivamente se va a comercializar en el mercado interno.
Esa modificación agilizó mucho. Hubo trámites que antes demoraban meses y que ahora ya no existen o se resuelven en semanas. También se redujo la cantidad de productos que requieren intervención, lo que alivianó la carga burocrática.
De todos modos, persisten restricciones que complican a las pymes, como el cepo cambiario. Una empresa chica todavía no puede girar anticipos salvo que tenga dólares propios. En el caso de bienes de capital y maquinaria, sí hubo más facilidades porque se entiende que son inversiones necesarias para la producción.
¿En qué industrias ves más movimiento?
Principalmente en lo que son bienes de capital, maquinaria e insumos. Argentina es un país más importador que exportador en este rubro, pero también existen exportaciones: cosechadoras, camiones de basura y equipos que se colocan en mercados regionales. Sin embargo, la mayor parte de la operatoria sigue estando en la importación.
¿Qué importancia tiene la clasificación arancelaria?
Es fundamental. La clasificación arancelaria define tanto el arancel a pagar como el régimen legal aplicable a la mercadería. Si se clasifica mal, el error cuesta: multas, trabas y, lo más grave, demoras. Un error de clasificación significa que la pyme no recibe su mercadería a tiempo, y eso impacta en la producción.
Los errores pueden venir de distintos lados: del despachante, del importador que entregó mal la información o incluso del proveedor en el exterior que envió algo distinto. Son más comunes de lo que se cree. La ventaja es que hoy los trámites administrativos son más ágiles: antes un error podía significar meses de demora; ahora, si solo implica una diferencia de tributos, se paga y la mercadería se libera rápido.

¿Cómo está impactando la inteligencia artificial en el sector?
La inteligencia artificial ya se está aplicando, aunque todavía de manera incipiente. Hoy podés usar una aplicación de IA, pedirle la clasificación de un producto y obtener una posición que muchas veces es correcta. Todavía comete errores, pero es cuestión de tiempo para que se perfeccione.
Por ahora no hay empresas que hayan reemplazado clasificadores humanos por sistemas de IA. Hoy es más una novedad, algo curioso que se prueba. Pero en poco tiempo habrá herramientas desarrolladas específicamente y ahí sí se va a transformar en un hábito dentro del comercio exterior.
¿Qué diferencia marca un buen despachante en este contexto?
La fidelización del cliente. Como decía antes, si una empresa está conforme, no cambia de despachante. La diferencia está en la calidad del servicio: precisión técnica, capacidad de adaptarse a los cambios normativos, asesoramiento integral y acompañamiento cercano. No se trata solo de hacer trámites: es anticiparse a los problemas y ofrecer soluciones.
¿Qué mensaje darías a quienes evalúan trabajar en comercio exterior?
Que es una actividad muy dinámica y que cambia todos los días. Siempre hay algo nuevo: una normativa, un trámite, una herramienta tecnológica. Eso exige estar actualizado y dispuesto a aprender todo el tiempo. Puede ser desafiante y traer dolores de cabeza, pero también es apasionante.
Lo más interesante es ver cómo lo que uno hace impacta directamente en la producción, en la logística y en los mercados internacionales. Comercio exterior conecta oferta y demanda de países y culturas distintas, y eso lo hace único. Para quienes disfrutan de esa dinámica, es una profesión con mucho futuro.
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