
“Podés dar un buen servicio, pero si no sos eficiente, no sos rentable”, afirma Carlos. En esta entrevista, reflexiona sobre los desafíos de la logística en la construcción, desde la complejidad de los traslados y la coordinación entre actores, hasta la necesidad de sistemas modernos y equipos capacitados.
¿Cuáles son las particularidades de la logística de productos para la construcción?
En este rubro manejamos productos muy pesados. Un par de pallets de cerámicos ya completa un camión grande, como un chasis o un balancín. Por eso, las entregas suelen implicar vehículos de gran porte, aunque sean para pocos clientes.
¿Cómo es el flujo de trabajo diario y qué dificultades suelen aparecer?
La logística en construcción es particular. A diferencia de otros sectores, acá no hay vencimientos ni controles sanitarios, pero sí desafíos propios: muchas veces llevás mercadería a un lugar que todavía no está construido. Eso implica que no podés usar un autoelevador y necesitás camiones con descarga propia, como grúas.
Además, factores como la lluvia complican que, si el suelo está blando, haya que reprogramar para días después. También pasa que en algunos barrios privados no se permite el acceso inmediato, y tenés que reorganizar. Esa dinámica no la vi en otros ambientes.
¿Qué diferencias y similitudes encontrás con otros rubros donde trabajaste, como alimentos o industria?
Cada sector tiene su dinámica, pero todos comparten un mismo análisis logístico: lograr eficacia y al mismo tiempo eficiencia. Podés dar un buen servicio, pero si no sos eficiente, no sos rentable. En ese sentido, construcción, alimentos o medicamentos requieren el mismo equilibrio.
¿Cómo funciona la coordinación entre los distintos actores de la cadena de suministro en construcción?
En construcción se da algo particular: la gente del rubro se conoce mucho entre sí, pero la logística todavía está en vías de desarrollo. En otras industrias ya está todo estandarizado: los turnos, la información previa, el respeto a los horarios. Acá todavía se está aprendiendo a administrar turnos y compartir datos antes de las entregas. Es un proceso que se está construyendo desde cero.
¿Qué oportunidades de mejora ves en el sector?
Un punto clave son los sistemas. El WMS está afianzado en muchos sectores, pero en construcción recién empieza a implementarse. Lo mismo pasa con TMS o con procesos de última milla. Son herramientas fundamentales para ser productivos, pero todavía están en desarrollo.
¿Qué papel juegan los equipos humanos en este contexto?
Fundamental. Los recursos humanos son quienes gestionan turnos y sistemas. El problema es que están muy ambientados a la construcción, conocen los productos, pero no siempre tienen formación logística. Entonces hay que capacitarlos y concientizar sobre los beneficios de las herramientas logísticas para que se sientan motivados a usarlas.
¿Cómo funciona la logística inversa en este rubro?
Es muy habitual. En construcción hay mucha informalidad en los productos: falta de código de barras, embalajes inadecuados, pallets mal armados. Eso genera devoluciones frecuentes. Por eso la logística inversa está presente y se gestiona tanto desde fabricantes como desde revendedores.

El sector de la construcción no viene mostrando el mismo nivel de actividad que en otros años. ¿Cuál es tu mirada?
La construcción tuvo una caída muy fuerte en el último año y medio. Ahora está estabilizada, pero en un piso bajo. Todavía no repuntó. Desde lo logístico, se espera que evolucione, pero no hay un escenario claro aún.
¿Qué habilidades son esenciales para un desempeño óptimo en logística?
Lo primero es el conocimiento logístico. El sector está lleno de especialistas en construcción, pero faltan perfiles logísticos. Cuantos más logísticos haya, mejor será la coordinación entre quienes envían y reciben. Después está la tecnología: saber implementar y aprovechar sistemas como un WMS hace la diferencia.
¿Qué reflexión final compartirías?
En logística hay que animarse a innovar. Se pueden tener sistemas, recursos y herramientas, pero lo que marca la diferencia es el análisis y la capacidad de probar cosas nuevas.
En construcción, por ejemplo, se sigue trabajando con equipos a combustión, cuando ya existen alternativas a litio que reducen costos de combustible y mantenimiento. Pero cambiar cuesta porque las empresas son personas, y las personas tienen resistencia al cambio. Romper esa inercia es lo que puede dar ventajas competitivas.
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