
Para Arian, “la logística sin tiempo no existe: hay que entender en qué horario, en qué plazo y con qué recursos”. Con más de diez años en el rubro, repasa la importancia de prever cada detalle, los cuidados en el traslado de lubricantes y las tendencias de innovación que están transformando la cadena logística.
¿Cómo se comercializa el lubricante y cómo impacta ese formato en el traslado y el almacenaje dentro de la cadena logística?
Todo lo que es el packaging del lubricante tiene un impacto directo en la logística. Lo encontramos en distintas presentaciones, desde bidones de medio litro hasta tambores de mil litros. Eso depende mucho del mercado de cada país. No en todas partes se consume el mismo formato, y eso complica la consolidación de carga, que es lo que más interesa en logística para abaratar costos. Remontar mercadería y hacer trayectos largos no es sencillo, pero se puede lograr con planificación.
¿La elección del formato se hace según la complejidad del traslado?
En realidad, depende del rubro y del consumidor final. Para un cambio de aceite en un auto se consumen entre medio litro y cuatro litros. Pero cuando hablamos de industria, como fábricas automotrices, metalúrgicas, agro o aviación, el consumo se eleva mucho más. Ahí es donde los envases grandes tienen sentido.
¿Qué diferencia hay entre trasladar bidones a un punto de venta y tambores a un sitio minero?
En el comercio general es más sencillo, casi como transportar cualquier otro producto. Se arma por pallet cerrado o mixto, en cajas, y se traslada en camiones convencionales. En cambio, en minería necesitás otro tipo de transporte: un semi o un balancín con pala. No se puede manipular un pallet de casi mil kilos sin maquinaria adecuada. Ahí es clave que el lugar de destino tenga dársena, autoelevador o zorra para la descarga.
¿Cuánto de la operación depende de esa planificación previa?
Es fundamental. Antes de cualquier venta o entrega hay que confirmar cómo será la recepción: qué equipamiento tienen, qué camión necesitan, si requieren pala o no. Todo eso se define antes, porque si no, es imposible mover esos volúmenes.
¿Qué estrategia de stock y distribución se emplea con clientes industriales que operan 24/7?
Siempre hay que tener un stock de seguridad. Cuanto más grande es la planta, más conviene estar cerca para cubrir urgencias. La producción puede cambiar de un día para otro, y por eso se proyecta en base al consumo del último año o dos. Se trabaja en conjunto con los planificadores de cada planta para evitar cualquier punto de quiebre que afecte la continuidad.
¿Qué tendencias de innovación ves crecer en logística?
Una que creció mucho es la carga a granel. Antes no era tan común por cuestiones económicas o de volumen, pero hoy se usa más y aporta velocidad. En lugar de transportar en cubas de mil litros, se puede abastecer con una cisterna exclusiva semanal. Eso implica menos manipulación, menos contaminación y más eficiencia.
¿Y en cuanto a innovación tecnológica?
Creo que la codificación total con QR es el camino. Permite tener visibilidad de stocks y movimientos en tiempo real, integrando sistemas del cliente y del proveedor. Eso asegura una cadena más transparente y ordenada.
¿Qué cuidados hay que tener en el traslado de lubricantes?
Son productos que requieren cumplir con muchas regulaciones. No es simplemente un aceite: puede ser contaminante y no se puede mezclar con todo. Por ejemplo, no puede ir junto a baterías, porque el ácido es incompatible. También influyen la distancia, la temperatura y las condiciones de cada viaje. Todo esto obliga a tomar precauciones desde el pallet hasta la descarga.
¿Creés que en los últimos años se hizo más visible el impacto de la logística?
Sin dudas. Trabajo en esto hace más de diez años y al principio la logística estaba poco vista, como algo secundario. La pandemia demostró que sin logística no hay nada. Sin alguien que mueva productos, no podés fabricar ni abastecerte. Eso le dio visibilidad profesional a la actividad. Hoy se la reconoce como carrera y no solo se la asocia con un camión o un depósito.

¿Cuáles son las claves para una planificación eficiente?
Primero hay que saber quién es tu público, qué servicio querés dar, cuánto vas a vender y cómo lo vas a mover. La logística sin tiempo no existe: hay que entender en qué horario, en qué plazo y con qué recursos. Siempre hay que tener un plan B, porque lo importante no es tanto qué se transporta, sino cómo, cuándo y dónde llega.
¿Cómo definís tu manera de ver la logística?
Para mí es algo personal. Lo que hacés del lado logístico, alguien del otro lado lo está esperando. Puede ser un lubricante, una prenda o un medicamento para un trasplante. No importa qué sea, sino que llegue a tiempo y de la forma correcta. Esa es la responsabilidad central de este rubro.
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