
“El comercio exterior impacta en tu heladera”, afirma Lucas al reflexionar sobre cómo la logística y la gestión internacional influyen directamente en los precios que paga el consumidor final. En esta entrevista, repasa los desafíos de importar tecnología, el rol de los seguros y la importancia de las certificaciones en la cadena de suministro.
¿Desde tu rol, trabajás con productos terminados, componentes, insumos o con ambos?
Hoy me toca trabajar con productos armados, conocidos como CBU en la jerga del comercio internacional, y también con partes y piezas, lo que se conoce como SKD o CKD. Esos insumos están destinados a procesos de producción, fabricación o ensamble en líneas de producción.
Me he desempeñado en diferentes industrias que se dedican al ensamble de estos productos, con destino final en puntos de venta que llegan al consumidor final.
¿Qué particularidades hay que tener en cuenta al trabajar con cada uno de estos tipos de productos?
En lo que respecta a productos armados que vienen de Oriente, América Latina o Europa, es muy importante considerar el costo de la logística. Como yo siempre digo, el costo logístico o el impacto del comercio internacional va directo a precio. Si hay una mala gestión en el tránsito logístico, eso va a impactar directamente en el precio, en donde el consumidor final no lo va a poder tolerar.
También hay que tener en cuenta las reglas aduaneras. Por ejemplo, cuando traés partes y piezas para ensamblar en Argentina, hay una regla que se llama “2.A”. Si esas partes y piezas que conforman un producto están todas juntas en zona primaria, la Aduana entiende que el producto ya está armado, aunque venga separado en distintas cajas. Eso hace que tribute como un producto CBU, es decir, armado y ensamblado en el exterior.
Por eso, hay que ensamblar localmente y traer las piezas por separado, en distintos momentos o medios de transporte, para que no se considere un producto terminado.
¿Qué fue lo que más te llamó la atención al comenzar a trabajar en tecnología?
Desde mis inicios siempre quise estar en un rubro que perdure. Nunca iría, por ejemplo, a una tabacalera, porque creo que ese negocio va a desaparecer con el tiempo. En cambio, la tecnología tiene una proyección muy fuerte.
Lo que más me llamó la atención es cómo el negocio tecnológico que llega a América Latina viene con un retraso de casi un año por el impacto logístico. Lo que hoy se lanza en China, en Estados Unidos o en Europa, a Argentina llega seis meses después.
Entre colocar la orden de compra, que el fabricante la acepte, la producción, el tránsito marítimo (que puede tardar 30 a 60 días) y la llegada al punto de venta, todo el proceso lleva como mínimo seis meses. Por ejemplo, si hablamos del Día del Niño en agosto, esa compra ya está en depósito o en línea de producción desde hace meses.
¿Qué rol cumplen los seguros en todo este proceso logístico internacional?
Es fundamental. El despachante de aduana es clave porque maneja toda la parte documental, pero también es muy importante tener una compañía aseguradora con una póliza global. Esa póliza tiene un costo, se paga en cuotas y se renueva anualmente.
Si vos estás por terminar la vigencia de la póliza y sabés que vas a operar con montos mayores, tenés que avisar. Me ha pasado, con los conflictos que hubo en el país, que se abran cargas tanto en líneas marítimas como aéreas. Ahí es donde entra en juego el seguro.
Cuando hay un siniestro, participan cuatro actores: el cliente, la aseguradora, el despachante de aduana y la línea aérea o marítima. Todos tienen que estar presentes para una inspección visual. Se genera un acta, se analizan causas y consecuencias y se determina quién acciona. Pero si no tenés una póliza bien estipulada y calculada, aunque hagas la inspección, nadie te va a reconocer el reclamo.

¿Cómo ves el crecimiento de la industria tecnológica en Argentina?
Hoy la industria tecnológica en Argentina está atravesando un desafío. Las marcas del exterior que ingresan productos CBU generan una competencia fuerte en costos. Argentina tiene una desventaja estructural por la extensión de su territorio. Transportar piezas o productos en distancias tan largas tiene un costo alto.
Pero también hay oportunidades. Podemos ser eficientes usando rutas marítimas dentro del continente y negociando precios con grandes fabricantes de partes y piezas. Eso permitiría competir en tiempo y forma con los productos del exterior.
¿Qué rol tiene una certificación en productos tecnológicos?
Cuando fabricás un producto tecnológico, sea para el hogar o la oficina, es fundamental que pase por certificaciones, ya sea ISO o de otras entidades privadas. Por ejemplo, un lavarropas tiene dos certificaciones básicas: eficiencia energética y seguridad eléctrica. La primera valida que el equipo puede lavar lo que dice que lava con el consumo informado. Y la segunda asegura que ese producto no tenga fallas eléctricas al llegar a la casa del consumidor.
Hoy es casi imposible producir sin certificaciones. Además, hay que adelantarse, vienen nuevas certificaciones de medio ambiente, de logística verde y hay que estar preparado para eso.
¿Cómo crees que impacta el comercio exterior en la vida cotidiana de las personas?
El comercio exterior está en todos lados. Hace 50 años, por ejemplo, había una sola fábrica de zapatos en Argentina y todos usaban el mismo. Hoy el comercio es global, los países se especializan, se desarrollan, y eso genera ventajas competitivas. El comercio traspasó las fronteras.
Pero esa globalización también tiene impacto en tiempo y distancia. Un producto puede ser más barato o mejor en origen, pero si el tránsito logístico es caro o mal gestionado, termina encareciendo todo.
Como siempre digo: el comercio exterior impacta en tu heladera. No solo por el precio del producto, sino por todo lo que implica moverlo desde origen hasta que lo tenés en tu casa.
En base a los distintos rubros donde trabajé —agro, salud, farmacéutico, consumo masivo, tecnología, gobierno— puedo decir que el comercio internacional abarca toda la organización. No solo desde lo financiero, por la necesidad de fondos para importar, sino también desde lo comercial, para garantizar que haya venta real de lo que se produce.
El comercio exterior atraviesa todo: desde el inicio hasta la facturación del producto final.
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