
Cuando pensamos en cómo nace un producto —ya sea un celular, una remera, una lámpara, una bicicleta o un caño de agua— solemos imaginar que todo sucede dentro de una fábrica o una oficina de diseño. Sin embargo, hay un actor poco visible pero muy importante que influye en muchas decisiones antes de que ese producto llegue a nuestras manos: el área de comercio exterior, también conocida como “comex”.
Tradicionalmente, se pensaba que el Comex solo se encargaba de enviar productos al extranjero o de traerlos desde otros países. Pero hoy en día, este sector tiene un papel mucho más amplio. De hecho, puede ser clave en el desarrollo de un nuevo producto, es decir, desde que se piensa la idea hasta que se pone a la venta.
Más allá de ocuparse de todo lo relacionado con la compra y venta de productos en el extranjero, el comex ayuda a tomar decisiones importantes desde el principio del desarrollo de un producto. ¿Por qué? Porque muchas veces esas decisiones dependen de factores internacionales que no siempre se ven a simple vista.
Comercio exterior desde el comienzo
Imaginemos que una empresa quiere fabricar termos de acero. En Argentina tal vez no se consigue el tipo de acero ideal, o tal vez es más caro. El comex puede buscar opciones en otros países —como China, India o Brasil— y comparar precios, calidad y tiempos de entrega.
Si este análisis se hace desde el inicio, se pueden evitar errores como diseñar un producto con un material que después resulta muy caro o difícil de conseguir. Además, se puede ahorrar dinero y tiempo.
En este sentido, un análisis correcto del costo integral de lo que se piensa importar es otro factor clave. Muchas veces se piensa que importar un componente es tan simple como sumar el precio que cobra el proveedor. Pero en realidad, hay muchos otros costos: transporte, seguros, impuestos, gastos de aduana, entre otros. Si no se calculan bien desde el inicio, el producto puede terminar costando mucho más de lo que se pensaba, y hasta puede dejar de ser rentable.
El comex tiene las herramientas para hacer este análisis completo, ayudando a definir si vale la pena o no seguir adelante con el desarrollo de un producto en base a sus costos reales.
Por otro lado, si una empresa quiere exportar, no alcanza con tener un buen producto. Hay que cumplir con ciertas reglas: etiquetas en otro idioma, normas de seguridad específicas, envases reciclables, colores o tamaños que prefieren los consumidores de otro país, etc. El comex conoce estas reglas y puede advertir a tiempo si el producto necesita adaptarse. Por ejemplo, si se quiere vender en Europa, tal vez haya que poner una etiqueta en varios idiomas o cumplir con normas más exigentes que las locales.
Entender las reglas del juego internacional puede ayudar a hacer mejores productos, incluso para el mercado local.
Abordaje integral y flexibilidad operativa
Para que un producto funcione bien, todas las áreas de una empresa tienen que trabajar en conjunto: diseño, producción, ventas, marketing… y también comex.
Si el equipo de comercio exterior participa desde el comienzo del proyecto, puede dar información muy valiosa: qué materiales convienen, qué trabas podrían surgir, qué mercados tienen más potencial, qué regulaciones hay que cumplir. Esa mirada ayuda a tomar mejores decisiones desde el primer momento.

Contar con capacidad de reacción ante imprevistos también es un elemento que debe considerarse. En los últimos años vimos cómo el mundo puede cambiar de un día para el otro: pandemias, guerras, problemas en los puertos, inflación, cambios en las leyes. Todo esto puede afectar el comercio entre países. Si una empresa depende de insumos del exterior y no los puede traer a tiempo, su producción se detiene.
El comex también trabaja para anticiparse a estos problemas, proponiendo planes de respaldo, buscando proveedores alternativos o ajustando tiempos de entrega. Esto ayuda a que el producto llegue al mercado sin sorpresas ni demoras.
Un eslabón vital
El comercio exterior es mucho más que un conjunto de trámites o un área que se activa cuando ya está todo listo. Hoy es un socio estratégico en el desarrollo de productos. Ayuda a elegir mejores materiales, calcular costos reales, cumplir con normas, evitar riesgos y pensar en mercados globales.
Ignorar al comex es como diseñar una casa sin tener en cuenta si se consiguen los ladrillos. En cambio, incluirlo desde el principio es una forma inteligente de construir productos más competitivos, más sostenibles y con mayor proyección.
En un mundo cada vez más conectado, quien entiende el comercio internacional tiene una ventaja enorme. Y eso empieza mucho antes de que un producto se venda: empieza en cómo se lo piensa y se lo crea.
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